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A veces nos olvidamos el significado del atributo “católica” que damos a la Iglesia, que no es otro que “universal”, es decir, de todo el universo, ni siquiera dice “mundial” o “terráquea”. Me resultó curiosísimo saber que Juan XXIII no descartaba la existencia de seres extraterrestres, decía algo así como que el Dios en el que él creía no podía ser tan mezquino como para haber sembrado vida solo en la Tierra. Pues bien, hablando de la universalidad… siempre que nos imaginamos un santo suele ser alguien de ascendencia europea u occidental, vestido de hábito, y así como antiguo. Nos sorprendería conocer a personas como Marcel Van, un vietnamita que, si no me equivoco, está en proceso de beatificación, de lo que he leído sobre Marcel me quedo con lo que le decía Jesús siendo niño…

“Una simple mirada confiada que se me dirija basta para arrancar a las almas pecadoras de las garras del demonio. Aunque un alma ya se encontrare a las puertas del Infierno, esperando su último suspiro para caer en él, si en este último suspiro hubiere un atisbo de confianza en mi amor infinito, bastaría para que mi amor infinito atraiga esta alma a los brazos de la Santísima Trinidad… ¡Tus debilidades, Van, lejos de disminuir tu valor, lo incrementan, pues son para ti motivo de una mayor confianza en mí, y de esta manera nuestra unión se hace más estrecha!… Pero, desgraciadamente, los hombres no confían en mi amor. ¡Ay, el pecado, el pecado! Nunca el pecado ofende a mi amor, no existe nada que ofenda a  mi amor, excepto la falta de confianza en mi amor…” L’Amour me connaît, Le Sarment Fayard, Paris.

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