EL NIETO DE DON DIEGO SALE EN LA TELE.

Los que no seáis socuellaminos no le vais a conocer pero se trata de nuestro cliente y amigo Diego González, que ha sido requerido por los servicios informativos de Telecinco para dar su opinión sobre el tema de las licencias de apertura… podéis verlo aquí, tan «plantao» y tan serio como si nunca hubiera roto un plato.

http://mitele.telecinco.es/informativos/sociedad/54530.shtml

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Tercer mandamiento.

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3. Piensa siempre que el domingo está muy bien inventado, que tú no eres un animal de carga creado para sudar y morir. Impón a ese maldito exceso de trabajo que te acosa y te asedia algunas pausas de silencio para encontrarte con la soledad, con la música, con la Naturaleza, con tu propia alma, con Dios en definitiva. Ya sabes que en tu alma hay flores que sólo crecen con el trabajo. Pero sabes también que hay otras que sólo viven en el ocio fecundo.

MUÑOZ MOLINA RESPONDE A ALMUDENA GRANDES…

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Milicianos republicanos en la Guerra Civil, fusilando simbólicamente la imagen de Jesús en el Cerro de los Ángeles.

 

El académico Muñoz Molina, columnista de EL PAIS responde a la broma que  hacía en su columna, la también periodista de éste periódico Almudena Grandes… «En su artículo del 24 de noviembre, Almudena Grandes hace lo que tal vez intente ser una broma acerca de una monja en el Madrid del comienzo de la Guerra Civil: «¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una pandilla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos?». ¿Estamos ante la repetición del viejo y querido chiste español sobre el disfrute de las monjas violadas

El escandaloso texto de Grandes, tiene este martes su respuesta en el propio diario. En la sección de Cartas al Director, el escritor Muñoz Molina le responde:

No hace falta imaginar lo que sintieron, en los meses atroces del principio de la guerra, millares de personas al caer en manos de pandillas de milicianos, armados y casi siempre jóvenes, aunque tal vez no siempre sudorosos.

Basta consultar a historiadores fuera de toda sospecha o -ya que nos preocupa tanto la recuperación de la memoria- recuperar el testimonio de republicanos y socialistas sin tacha que vieron con horror los crímenes que se estaban cometiendo en Madrid al amparo del colapso de la legalidad provocado por el levantamiento militar.

Y concluye:

Ni a Manuel Azaña, ni a Indalecio Prieto, ni a Arturo Barea, ni a Julián Zugazagoitia les costó nada imaginar la tragedia de tantas personas asesinadas por esas pandillas no siempre incontroladas que preferían mostrar su coraje sembrando el terror en Madrid en vez de combatiendo al enemigo en la sierra. Casi todos ellos hicieron lo poco que podían por salvar a inocentes: a Juan Negrín no le fue nada fácil evitar que asesinaran a su propio hermano fraile. Y todos ellos sabían el daño que esos crímenes estaban haciendo internacionalmente a la justa causa de un régimen legítimo asaltado por una sublevación sanguinaria e inicua. Almudena Grandes habla de exiliarse a México: cuando leemos artículos como el suyo y como tantos otros que por un lado o por otro parecen empeñados en revivir las peores intransigencias de otros tiempos, algunas personas nos sentimos cada vez más extrañas en nuestro propio país.

Sobre la ducha…

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Cuando estudiaba Bellas Artes…* dicho de un modo más preciso, cuando iba a la Facultad de Artes en Cuenca, vivía en una residencia de estudiantes, y recuerdo que mucha gente se duchaba a todas horas, sin ton ni son, o mejor dicho: decían que lo hacían,… “¿quedamos para dar una vuelta por Cuenca?- Vale, me ducho y nos vamos – me ducho y bajo a comer, etc…” podría citar multitud de ejemplos así, seguramente las duchas eran mucho menos frecuentes de lo que manifestábamos verbalmente porque sino a muchos directamente se les habría disuelto la dermis o, como decimos en la Mancha, se habrían “empezao”. No creo que una piel normal aguante tres o cuatro remojones diarios, y además no se te secaría el pelo en todo el día. También estoy seguro de que todos nosotros en nuestros hogares de origen le dábamos bastante menos batalla a la alcachofa que en esta residencia, ya sea porque, en general, en aquella época las viviendas no solían estar tan caldeadas como la “resi”, de cuya factura de gasoil se ocupaba la Junta.

Es decir, todos intentábamos parecer mejores y más educados, y pensábamos que una mejor crianza era directamente proporcional al número de duchas que nos dábamos. Sin embargo, yo he hablado con mucha gente de mi generación y a casi todos, cuando éramos niños, nuestras madres nos bañaban una vez a la semana, casi siempre los sábados, eso sí, un buen rato sumergidos en una bañera de agua muy caliente o en una tina junto a la estufa de manera que nuestros dedos se quedaban arrugados como garbanzos.

Mi conclusión es que uno de los principales dioses o becerros de oro del Olimpo actual es el cuerpo. ¿Cómo le rendimos culto al dios cuerpo? Cuidándolo hasta el extremo, sólo hay que observar en una droguería cuantos productos existen específicamente para el aseo, y perfume diario, mucho más excesivo en el caso de las mujeres. Si siguiéramos a rajatabla un cuidado del cuerpo como nos aconsejan en los anuncios de la tele necesitaríamos 9 horas diarias, amén de la mitad de nuestro sueldo… Te lavas el pelo con un champú especial anti-caspa, te frotas las corvas con gel y una esponja natural especial, te enjuagas el pelo con suavizante, te secas y te embadurnas en “body milk” (en castellano suena un poco raro “leche corporal”), te hurgas los oídos con bastoncillos, te limas las durezas de los talones con su correspondiente producto, después otra crema específica, te cortas las uñas con unas tijeras especiales, si vas a cagar (si, así se dice) te limpias con una toallita especial, si eres hombre y te afeitas necesitas crema y “after shave”, no olvidemos maquinillas de las que anuncia Beckham. Si te duchas recién levantado te tienes que limpiar los dientes con un cepillo eléctrico cuyo sonido y aspecto recuerda a un juguete sexual de esos que anuncia la tele-tienda, con una pasta dental de las que te dejan la dentadura blanca, blanca… después te puedes enjuagar con licor de esos que si te dan en el “galillo” te hacen llorar los ojos. En el caso de las mujeres con sus peinados y tintes mejor no entrar. Arduo ¿verdad?… Creo que nos estamos “amariconando”**, los antiguos eran más prácticos, se limitaban a mantener la mugre a raya sin por ello dejar que el hombre oliera a “hombre” (a sudor, cerveza y zurrapas) y la mujer a “mujer” (a chotuno, meados y lejía), permitidme la hipérbole, sé que decir esto es una herejía. Pero ya no hay vuelta atrás, todo pierde su sustancia, su esencia y su jugo, todo se desvirtúa y se relativiza, nos hemos acostumbrado a los nuevos hábitos de higiene, que tienen muchas ventajas pero que a veces, por exagerados, nos llevan al hartazgo, y algunos días me gustaría decir como mi tío Tete… “Yo me ducho todos los meses, tenga falta o no tenga…”

Hasta otro día, amigos.

* debería decir… “Recuerdo cuando iba a la Facultad de Artes” sustituyendo el verbo “estudiaba”, que implica coger un libro e intentar su lectura y comprensión, por “iba” que supone solamente una presencia física más o menos frecuente en dicha facultad. Así mismo prescindiría del adjetivo “Bellas” que viene de belleza y significa: Propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual; término difícilmente aplicable a las actividades que se llevaban a cabo en dicha Facultad, comprenderíais a que me refiero si hubierais visitado, por poner un ejemplo, el aula de escultura y hubierais visto las “obras” que allí se perpetraban…

**(dicho sea con todos mis respectos al colectivo homosexual)

No usarás en vano las grandes palabras: Dios, Patria, Amor.

cielo

 

2. No usarás en vano las grandes palabras: Dios, Patria, Amor. Tocarás esas grandes realidades de año en año y con respeto, como la campana gorda de una catedral. No la uses jamás contra nadie, jamás para sacar jugo de ellas, jamás para tu propia conveniencia. Piensa que utilizarlas como escudo para defenderte o como jabalina para atacar es una de las formas más crueles de la blasfemia.