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Adela Kamm era una joven suiza. Su deporte favorito: el esquí. Enfermó a los 20 años. Tenía su habitación siempre llena de flores, como si se tratara de un altar; supo ofrecer, a cuantos acudían a verla, el perfume de sus virtudes, aunque sufriera grandes dolores; fue un testimonio vivo de aquella alegría reservada a quienes creen y esperan la resurrección que Cristo nos prometió, aunque estén clavados en el lecho del dolor; tenía una frase que bien podría esculpirse en el frontispicio de cualquier casa o en la mente o en el corazón de cualquier persona. Decía: «Es necesario saber florecer… allí donde Dios nos ha plantado». Adela Kamm- supo florecer con su alegría, con su sonrisa, con su optimismo -nacidas de su fe y de su amor- los nueve años que duró su enfermedad: pulmón, cabeza, co­razón, ojos, sucesivamente heridos; miles de inyec­ciones; diez operaciones quirúrgicas y la muerte a los 29 años. Es evidente que la fe, la esperanza y el amor dan calidad de vida. «Es necesario saber florecer allí donde Dios nos ha plantado». LA RAZÓN 25/11/08 – J. Mª ALIMBAU

 

Este artículo me hace reflexionar… cuando la gente se dice a sí misma -si yo hubiera nacido en Marruecos sería musulmán, todo es relativo, etc…- yo les respondería con el lema de esta joven: “Es necesario saber florecer allí donde Dios nos ha plantado” Si estoy aquí, es porque Dios me quiere aquí, y aquí, en mi mundo, en mi ahora, con los que me rodean es desde donde debo responderle… sin más excusas, ni aplazamientos. Realmente es más fácil de lo que pueda parecer, no hace falta irte a un país lejano, ni dar ningún campanazo, solo hacer el máximo bien en el momento que estés con las personas que estés… Aceptando con naturalidad tus defectos y limitaciones como una circunstancia más que tienes que soportar… Dios sabe de sobra a donde podemos llegar con nuestras escasas fuerzas, nunca nos va a pedir más de lo que podamos aguantar y si te envía un trabajo, te manda a la vez la herramienta y las fuerzas para llevarlo a cabo. Es necesario que no tengamos miedo y que no vivamos constantemente atemorizados por el futuro, tenemos un Padre que constantemente nos observa y no nos aleja de su mano a menos que nos queramos separar de Él con rebeldía…

 

 

 

 

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