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Asistimos entre la estupefacción y cierta rabia al espectáculo lamentable que ha ofrecido y sigue ofreciendo la justicia en torno al caso de la madre supuestamente maltratadora de su hijo por haberle propinado un cachete en la nuca“. Carlos Herrera analiza magistralmente este caso, que le costó a la madre 45 días de cárcel y un año de alejamiento de su hijo.

El juzgado de lo Penal número tres de Jaén ha condenado a una madre a 45 días de prisión y le ha prohibido acercarse a su hijo durante más de un año por un delito malos tratos. La madre dio un bofetón al menor, de diez años, y le agarró del cuello tras una pelea que se inició cuando ella le reprendió por no haber hecho los deberes del colegio.

La sentencia considera probado que María del Saliente A.M. estaba en su domicilio de Pozo Alcón (Jaén) cuando recriminó a su hijo de diez años de edad porque no había hecho los deberes del colegio, a lo que éste le respondió tirándole una zapatilla y corriendo a encerrarse en el cuarto de baño.

Según escribe Herrera en ABC:

Sabido es que la progenitora B, sordomuda para más señas, de un chaval de unos diez años, ha sido juzgada y condenada a la pena de cuarenta y cinco días de cárcel y un año de alejamiento del menor por haberle soltado un manotazo que lamentablemente hizo que se diera con el borde del lavabo y sangrara por la nariz o por la boca. Previamente el menor le había tirado a la madre una zapatilla cuando había sido reprendido -supongo que no a gritos- por no haber cumplido con su deber escolar de cada tarde.

Un episodio de «violencia» con sangre casual de por medio como hay tantos en la vida cotidiana, suficiente como para que se de a entender que los golpes no son la solución, pero difícilmente para poco más si se aplica medianamente el sentido común. ¡Quién ha dicho que ese era el intento de la juez! A la cárcel con ella y a la calle después, ya que no podrá acercarse a su hijo a menos de quinientos metros durante un año.

Dónde irá a vivir durante ese tiempo y con qué medios no es cosa de la magistrada. Qué explicación se le dará al hijo, tampoco. Cómo se recompondrá esa familia después de acabar condena tan estúpida, aún menos. Caben varias posibilidades: que la tutela del hijo «maltratado» sea asumida por las autoridades autonómicas correspondientes, dado en acogida a una familia neutral y devuelto posteriormente a su madre cuando se haya cumplido la pena o que el padre, que también existe y está aún más perplejo que la madre, inicie un proceso de separación de semejante fiera corrupia.

La juez asegura que esa es la legislación y que no ha tenido más remedio que aplicarla, cosa que no convence a quienes saben que la leyes son perfectamente interpretables y considerandos como los que concurren en este caso son suficientes como para tomar decisiones muy otras.

Pero lo relatado no ha sido suficiente. Tras la lectura de la sentencia, ¡dos años después de los hechos!, el fiscal del caso, que menudo pájaro debe ser, no se ha sentido satisfecho y ha recurrido la sentencia por considerar que ésta no tuvo en cuenta que la «agresión» se produjo en el domicilio familiar y que eso es un agravante muy serio. En virtud de ello ha solicitado un aumento de la pena de cuarenta y cinco días a sesenta y siete. Ponga usted a trabajar a funcionarios, gaste tiempo, papel, tinta y mensajería para aumentar la pena de cuarenta y cinco días a sesenta y siete. No tenemos bastante con humillar al más elemental y común de los sentidos sino que vamos a hacer que te enteres, sorda, de lo que dice la ley, que para eso he estudiado una carrera y he aprobado unas oposiciones.

Todo lo que rodea el caso es un relato descarnado del abuso. A nadie se le pasa por la cabeza que la madre pretendiera romperle dos dientes a su hijo -cosa que, por cierto, no ocurrió-; la mujer reaccionó de forma tal vez desmedida pero no con el ánimo de maltratar y vejar a un pobre niño desamparado. Maltrato criminal es lo que la madre y su macarra infrigieron a la pobre Alba, la niña catalana que aún sufre secuelas -tal vez irrecuperables- tras una paliza cruel. Maltrato no es perder los nervios ante un niño travieso. Los miembros de mi generación nos habríamos criado sin padres si ese criterio se hubiera aplicado en el tiempo en que éramos educados: estarían todos en la cárcel.

El signo de los tiempos conlleva desposeer de autoridad a los padres de la misma forma que antes se les ha desposeído a los profesores: pegar a un hijo no es aconsejable, pero aún menos lo es que éste le dé un zapatillazo a la madre y que un juez la castigue con cárcel. Con esta estupidez penal se le hace mucho más daño al niño que con el castigo físico que recibió.

Esperemos por el bien de esa familia -y del resto de familias españolas- que esta barbaridad sea mesurada en diferentes recursos. Aunque conociendo la legislación española y a sus intérpretes, no debemos hacernos muchas ilusiones.

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