ninja

“Mira que soy mayor, pero no he conocido una crisis mayor que ésta. Íbamos navegando en dirección a las rocas y ya nos hemos estrellado”, confiesa Leopoldo Abadía, autor de La Crisis Ninja, una sencilla explicación de la actual situación económica que comenzó a circular en Internet, que ha fructificado y le ha convertido en un personaje popular. Abadía, conocido por los lectores de El Confidencial, donde colabora semanalmente Desde San Quirico, ha reconocido que “en España también hay mucho ninja”. Este jueves, día en que Abadía presentaba en Madrid su libro La crisis Ninja y otros misterios de la economía actual, este online le acompañó en su periplo y le fue entrevistando en el camino.

Ayer fue un día duro para este chaval de 75 años, 12 hijos y 36 nietos que rara vez pierde la sonrisa. En pocas horas tuvo que atender a una veintena de medios de comunicación.“¡Buenos días, Leopoldo! Soy un lector suyo”, le increpó improvisadamente un conductor nada más llegar a Atocha. Desde que comenzara a aparecer en televisión, la gente le saluda por la calle. “El otro día, un señor me dio la enhorabuena en medio de misa”-se sorprende- ¡Qué locura!”.

Al llegar a La Casa del Libro, donde le esperaban los medios de comunicación para cubrir su rueda de prensa, pasó por la sección de Economía y se topó con su propio libro, colocado en el estante junto a los de George Soros y Warren Buffett. “¡La crisis demuestra el fracaso de todos ellos!”, exclamó. Ya lo dijo en El Confi: “¡A ver si va a resultar que todos estos gurús económicos saben tanto como yo, o sea: nada!”. En una sola semana, su libro ya va por la tercera edición.

Son muchos los motivos por los que este ex profesor del IESE se ha ganado la popularidad y el cariño de la gente. Uno de los principales, la sencillez con la que explica los complicados conceptos económicos, “a lo Leopoldo”. La misma facilidad con la que enseñaba a sus alumnos lo que es el EBITDA. Con esa cercanía y una buena dosis de sentido del humor, le habla a la gente de cosas muy serias.

“La situación no mejorará hasta que el último ninja pague el último recibo”

En su libro, Abadía sitúa el origen de esta crisis cuando los bancos comenzaron a ofrecer créditos a personas Ninja, (no Income, no Job, no Assets). O sea, a personas sin ingresos fijos, sin empleo fijo y sin propiedades, quienes tenían que pagar intereses más altos por pedir hipotecas de alto riesgo. “La situación no mejorará hasta que el último ninja pague el dinero de su último recibo de su última hipoteca. Pero mientras, los ciudadanos tendrán que soportar la falta de concesión de créditos”, asegura. En su discurso, Leopoldo Abadía habla de cosas muy fáciles y muy complicadas al tiempo. De la vuelta al sentido común; de tomar consciencia del valor de las cosas; de la necesidad de seguir hacia adelante, pese a la crisis; de de decencia y de tolerancia.

Durante la presentación, los periodistas no sólo le preguntaron dudas, sino que dialogaron con él y le plantearon reflexiones en voz alta. “Es muy inusual”, comentaban los editores. Más inusual incluso fue que la presentación finalizara con un aplauso. Al tomar el ascensor, Leopoldo se pilló con la puerta. Y, ante la preocupación de los presentes, dijo: “¡Qué se deteriora el producto!”.

 “Lo que más me gusta del libro es el principio y el final”, se sincera. Son los capítulos que dedica a San Quirico y su calidez familiar. “La familia es muy importante en tiempos de crisis”, asevera. El último capítulo está dedicado a un petirrojo. Un pajarito real que entra en la casa de San Quirico y que simboliza muchas cosas. Él lo explica así: “Mentalidad de petirrojo puede sonar un poco extraño. Pero sí. Mucho de lo dicho en capítulos precedentes está relacionado con tener un modo de vivir la vida diferente del aburguesamiento. Que es una tentación muy humana. Saquemos la nariz. Hay casas que ver donde somos bienvenidos. Hay despensas que descubrir. Hay mundo. Y vida. A pesar de la crisis”.

Para Leopoldo, “nuestro petirrojo” es un modelo de mentalidad abierta, de actuar globalmente. “Da ejemplo (…). Y anima. A todos aquellos que le rodean (…) Y sabe que hay dificultades, que no desprecia (…). Y hay días que le duelen las alas. Ya no es un pajarito. Y le cuesta arrancar. Estaría más cómodo en su nido. Pero también sabe que cuando lleve un rato volando se olvidará del dolor. Y que ese dolor, por ahora, tiene que aguantárselo. Ya llegará el día en que no pueda levantar el vuelo. A todos les llega. Por eso tiene cierta prisa. Hasta urgencia, a veces. Porque sabe, como nosotros, que el tiempo no es infinito. Y es en esos momentos en los que tiene que ser muy optimista”.

(extraído de http://www.elconfidencial.com)

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