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Si este blog ( http://aquialla.wordpress.com ), cuya lectura os aconsejo encarecidamente, fuera un medicamento en el prospecto pondría: Sólo para personas en búsqueda espiritual, sin alergia a Dios, solo para sensibilidades especiales, solo para personas que no se extrañen de lo insólito. Absténganse infectados de materialismo hasta la médula. Especialmente indicado para mentes con un punto candoroso…

Se trata de una especie de foro de padres que han perdido a un hijo, y donde se pueden leer diversas comunicaciones desde el más allá* de estos hijos con sus padres, creo que más o menos es eso. La verdad es que suena como una locura, una ida de olla, pero si por un segundo somos capaces de aparcar nuestro escepticismo pudiera ocurrir que consiguiésemos esa cosa tan difícil que es rozar lo sublime. Incluso si no superamos la incredulidad y tomamos estos textos como invención no es nada desdeñable su lectura… (Especialmente os aconsejo “El cartero de Pierre” y “Hacia el sol de Dios”)

Caí por casualidad en este blog y me enamorado de muchas cosas que he leído en él. Estas palabras se deben leer como beben las gallinas, beben un poquito y suben la cabeza, poco a poco, interiorizando cada expresión. Todavía no he leído todo y pueda ser que encuentre cosas que no me gusten pero hasta hoy es para mí un agradable descubrimiento.

Al igual que un sumiller nos aconseja un vino de una añada especial yo os aconsejo esta lectura. Creo que eleva el espíritu, es mi humilde opinión…  Ya me comentaréis que os parece.

Os mando un sincero abrazo a todos.

*es exactamente lo que quiero decir.

Aquí os transcribo la presentación que en “Hacia el sol de Dios” nos hace el propio Arnaud…

Lector,

Muchas veces, me creas una tarea insuperable.

Hombre incrédulo y cerebral, has seguido siendo Adán, cuando Cristo ya ha venido.

Yo sólo soy un ser humano, convertido en pequeño mensajero por voluntad divina, y tú ni siquiera eres Nicodemo a quien Jesús respondió: «Cuando os hablo de cosas de la Tierra, no me creéis, ¿por qué ibais a creerme cuando os hablo de cosas del Cielo?»

Os aseguro que esta tarea es insuperable: Me preguntas: «¿Y cuál es ese viento misterioso que sopla donde quiere y del que no se sabe ni de dónde viene ni adónde va?»

Vuelve a leer: «El Viento de Dios.» No puedo responder de otra manera o mejor. He hecho mi trabajo, haz ahora el tuyo…

Créeme, yo sé donde estoy y adonde voy, y aunque conozco de donde vienes tú, no sé adonde vas, pero tal vez sea conmigo…

Arnaud

 

 

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