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Mi amigo viene exultante y con un envoltorio relativamente grande. Le quiere  escribir a Zapatero. Como sabe que a nuestro Presidente le cae bien Obama, piensa que el tema está resuelto.

Cuando le pregunto qué quiere decir “el tema” vuelve a repetir lo que me dijo hace unos días: “la disbauxa”. O sea, el  follón que hay en España, lo que él califica de “tonto manirrotismo”.

Resulta que Obama ha nombrado a un tal Peter Orszag, que, por el apellido, ya se ve que no es de San Quirico, para que “identifique las partidas presupuestarias que deben ser recortadas”. Obama dice que será “el hombre de la tijera”.

Y mi amigo se lanza: “¿Cuánto nos cobraría este señor por venir aquí una vez cada dos semanas y hacer lo mismo?” Mientras habla, va desenvolviendo el paquete y salen unas  tijeras de podar enormes, que, según mi amigo, “le servirían a ese señor de nombre raro para atacar sin piedad toda esta locura que nos invade en España”.

Y detalla: “Por locura entiendo tirar el dinero en bobadas, bajo distintos pretextos:

De prestigio (falso)

De  educación

Sanitarios

Sociales (apartado en el que se mete todo, venga o no venga a  cuento)

De vanidad

De creer que tenemos influencia en el mundo (“¡y no la tenemos!”, grita mi amigo)

De mal gusto (y aquí dice que la lista sería inmensa)

De protección a industrias que no hay por qué proteger, porque, si  les va mal,  allá ellas, que se  espabilen, como nos espabilamos los demás

De protección a los jóvenes, para que puedan vivir cómodamente, sin pegar ni sello

De protección a los vagos, para  que nos voten cuando lleguen las  elecciones

De más  protección a más vagos, para que se vayan preparando para  votarnos cuando lleguen las elecciones (lo que mi vecino llama “preparación preventiva”)

De protección para  los que se  cargan viejecitos, porque sin viejecitos, viviremos más  cómodos. Y además, sólo sirven para molestar.

De protección para los que se  cargan niños, porque así les ahorramos a los pobres (niños) sufrimientos en el  futuro  y nosotros (los mayores) podemos vivir mejor, sin tener que educarles, que es muy cansado.”

Intento pararle a  mi amigo de San Quirico, pero hoy no le para nadie. Y, además, con esas  tijeras que ha traído, prefiero ser prudente.

Mi amigo dice que él podría trabajar a las órdenes de ese señor y que, mientras ese señor estuviera fuera, él se dedicaría a podar ramas inútiles y perniciosas. Dice lo de perniciosas con tal énfasis que lo subrayo.

Dice que esto es de sentido común, pero que como parece que la gente que nos gobierna y la gente que se opone a los que nos gobiernan (grita: “¡¡TODOS, SIN DEJAR NI UNO!!”) han perdido el sentido común (y añade: “¡O NO LO HAN TENIDO NUNCA!”), hace falta que alguien, con autoridad, agarre la tijera y empiece a cortar, no a recortar, que suena más blando.

Y mi amigo dice que va a hacer una hipótesis, cosa que, en su caso, creo que no ha hecho nunca. La hipótesis consiste en decir que, con una buena podadera, se arreglaban muchos (él dice TODOS) los problemas de España. Dice que hay tal incompetencia, tal imprudencia, tanto egoísmo y tanta tontería metida en los Presupuestos Generales del Estado y en los de todas y cada una de las Comunidades Autónomas (y menos mal que le paro ahí,  porque quiere seguir con los Ayuntamientos y tengo que frenarle antes de que llegue al de San Quirico, cuyo Alcalde me cae muy bien) que, al Sr. Orszag le podríamos hacer un regalo caro e, incluso, llevárnoslo a cenar a Via Veneto, a Zalacaín o a Horcher, como ejemplos de restaurantes que te hacen quedar bien.

Pero mi amigo va más  allá. Dice que ha leído que hay tres poderes: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Y que los tres son independientes. Dice que también ha leído que no acaban de ser independientes y que a un tal Montesquieu le pasó algo malo, pero pone cara  resignada y dice que nadie es perfecto.

Dice además que hay un cuarto  poder, que son los medios de comunicación (menos mal que  no ha dicho los mass media, porque me hubiera dado algo.)

Pues él quiere crear el quinto poder: el de las tijeras, que debería cortar y, además, vigilar, para  que en el  futuro no tuviera que cortar.

Ya tiene preparado lo que tendría que hacer este poder (la “job description”, que decimos los que hemos estado en Harvard):

Lo de la tijera, o sea, el corte  puro y duro.

Lo de vigilar,

Para que nadie que hable en público mienta. Y añade: “Y si es un político o un banquero, menos que los demás”

Para ver cómo se cumple lo del Presupuesto. Le digo que eso se llama Control Presupuestario, pero no le importa nada

Para ver cómo se cumplen las medidas que aparecen todos los días en los  periódicos y que  mi amigo dice que no sabe si siempre son las mismas, si hay que sumarlas, si hay que restarlas o qué demonios hay que hacer.

Para ver cómo se cumplen las promesas que los partidos hacen en tiempo electoral, sobre todo si esos partidos ganan las elecciones.

Lo de vigilar cómo se cumplen las otras  cosas que dicen, por ejemplo:

                                          i.    No le ha llegado todavía la bombilla que le prometió el Ministro Sebastián

                                         ii.    No sabe cómo va el  Plan E

                                        iii.    No sabe qué va a  hacer Zapatero para que no se quede ni un parado en la cuneta

Mientras mi amigo habla, yo voy desayunando, para ganar tiempo,  porque ya sabéis que soy muy lento masticando.

Ahora empieza  a desayunar él, y me atrevo a decir: “Lo que pasa  es que, para hacer eso, este señor necesitaría una oficina con bastante gente. No muchos, pero sí muy trabajadores. Y, sobre todo, independientes. Animado,  le grito: ´¿Me oyes? ¡¡Independientes!!´”

Y él me dice: “Zapatero  tiene 77 asesores. Todos ellos podrían pasar a la Oficina del quinto”. (Me vuelve a desconcertar, hasta que me doy cuenta de que se refiere al quinto poder, no al quinto piso.)

Pero, inmediatamente, rectifica y dice que no, que no serviría ninguno de ellos, por varias razones:

Porque no le avisaron a tiempo al Presidente de la que iba a  caer, cuando en el mundo lo sabía (mos) bastantes (quiero decir, MUCHOS)

Porque, si se lo avisaron y no les hizo caso, deberían haber dimitido “ostentóreamente”,  por dignidad profesional.

Porque, aunque ya sabe que son muy honrados, no acaba de estar seguro de que fueran imparciales e igual no le ayudaban al señor Orszag del todo. Me dice: “Ya  sabes,  el  corazón manda mucho, y si el corazón es zapateril, aun siendo muy honrado puedes ser un poco parcial y no recortar nada de lo que al Presidente o a su partido les haga ilusión”.

Por tanto, por lo que parece, los 77 no sirven para la Oficina del 5º. Pues habrá que buscarlos. Me dice mi amigo que él empezaría poniendo media docena para las cosas del Estado y uno para  las de cada  Comunidad Autónoma. Total, 23 sueldos y medio, porque el Sr. Orszag trabajaría a tiempo parcial. Mi amigo dice que él, como Adjunto, trabajaría gratis.

Y animado, hace una segunda hipótesis: “Se  ganarían el sueldo en 3 meses”.

Y cuando dice esto, estalla una ovación en nuestro bar. Como, cuando se exaspera, habla en voz muy alta, los parroquianos han seguido su discurso.

Mi amigo les mira sonriente. Sospecho que estaba esperando el aplauso.

Me dice que se va, porque tiene que hacer unas  llamadas.  Yo creo que  éste, en cuanto llegue a su despacho, le llama al Sr. Orszag y le dice que venga pronto, que su intervención se ha decidido en referéndum.

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