Este mensaje ha movido algo en mi interior y sin pensarmelo dos veces lo comparto con vosotros…

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EL DILUVIO AUDIOVISUAL

Mi Papá, os amo, por eso me dirijo, como tantos otros seres espirituales, a los puestos de vanguardia de vuestra infelicidad. Estad totalmente convencidos de que sólo el amor es el Arca de la felicidad.

¿De qué felicidad y de qué amor, me dirás?

Sólo hay una felicidad, la que es eterna porque nace del amor. Es algo concreto que nace en la tierra para consumarse luego en los espacios infinitos preparados por Dios.

Vislumbrando esta felicidad final es como comprenderéis la que debéis crear durante vuestro caminar terrestre. No esperéis cosechar felicidad en el Cielo si no la habéis sembrado ya en la tierra.

¿De qué amor?

El amor del prójimo en todas sus formas. Ahora bien, en vuestro mundo, ese amor está hundido en el abismo por un diluvio de imágenes, de sonidos y de mensajes que os excitan continuamente y os corrompen.

En efecto, esas imágenes, esos sonidos y esos mensajes que aparecen en vuestras pantallas de cine y sobre todo de televisión y de ordenadores relacionados entre sí, corren sobre las ondas a través del mundo entero y su instantaneidad, con relación a vuestras capacidades receptoras ─¡limitadas!─ suprime el tiempo y el espacio. Como vosotros sois una caja cerrada, recibís haces de ondas más poderosas de las que esta caja puede contener. Los muros de vuestras casas, las carrocerías de vuestros automóviles, de vuestros trenes y de vuestros aviones son asaltados. Por todas partes sois acorralados por la imagen y el sonido destructores.

¿Y qué «Mensaje» os aportan? ¡Ninguno!

Lo único que buscan es sacar vuestro dinero para el que es socio del «crimen».

La corteza de vuestros sentidos es atravesada, pero el afectado es el corazón…

¿Qué hace la Iglesia terrestre, ella que debe ser el soporte del Arca?

¿Qué hacéis vosotros, vosotros que sois a la vez obreros y pasajeros del Arca?

¿Y qué hace un sacerdote mirando «Sebastián está loco» [3] mientras un alma llora a su puerta y que, cuando apague su televisor, estará ya muerta?

Como en otro tiempo se construyeron mensajes de piedra con las catedrales, la Iglesia terrestre debe inventar un nuevo arte, el arte televisivo, la televisión espiritual, la televisión de Dios. Este nuevo arte debe estar al margen de la publicidad, pero no de las informaciones ni de la cultura, de todas las culturas: artes, literaturas, etc.

La Iglesia tiene vocación universal y permanente hacia la cultura. No tiene otra elección, bastantes combates ha perdido, entre otros el de (¡y vosotros los sabéis, Mamina y Papaíto!) la enseñanza. Ella debe invertir en la comunicación inter-individuos, inter-grupos, inter-naciones y pediros que lo hagáis también.

Es necesario que la Palabra de Jesucristo llegue a todas partes: radio, películas de cine, pantallas de televisión, videocasetes, mensajes en pantallas, etc.; si no, las ondas que os rodean, os envuelven y os encierran, construirán el Infierno en la tierra porque a semejanza del Paraíso, el Infierno está hecho de ondas. Tenéis que responder con ondas divinas de amor. ¡Arrollad, echad abajo a esos Señores del Mal que son los actuales dueños de los medios de comunicación entre los hombres, si no queréis que este diluvio sea el último!

Queridos míos, amo vuestras ondas.

Arnaud.

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