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Que sí, que todo está muy mal. Ya lo sé. Que aumenta el paro, que el dinero no nos llega, que hemos estirado el brazo más que la manga. Que quién lo iba a decir. Que el Gobierno, que la oposición, que Obama, que esto es un desastre mundial, por no decir cósmico.

 

El otro día leí una cosa que me gustó. Se refería a Itzhak Perlman, un violinista que yo no sabía ni que existía. Si vosotros lo sabíais, perdón por mi ignorancia.

 

Este señor tuvo polio. Al cabo de los años, en un concierto en Nueva York, se le rompió una cuerda del violín. Silencio absoluto. Consternación general. La sustitución del violín por otro era una tarea un poco pesada. Andaba mal, tenía que salir dificultosamente, afinar el nuevo violín, volver a entrar.

 

Perlman estuvo con los ojos cerrados unos momentos, sonrió y, ante el asombro de todos, le indicó al director de la orquesta que podían seguir. Tocó maravillosamente. Al acabar, el público, el director y el resto de los músicos, puestos en pie, le dieron una enorme ovación. Él levantó el arco del violín para pedir silencio, y dijo: “¿Saben?, a veces el deber del artista es descubrir cuánta música puede hacer con lo que le ha quedado”.

 

Nos está quedando menos de lo que teníamos. Es muy posible que nos quede todavía menos. Pero hay que descubrir cuánta música podemos hacer CADA UNO con lo que quede. No cuánta música puede hacer el Gobierno para que toquemos el violín. Porque nosotros somos el violín.

 

Tengo amigos empresarios que lo están pasando mal. Me encontré al último en un tren yendo a Valencia la semana pasada. Me habló de sus dificultades, pero también me habló de sus planes.

 

Tengo amigos que han sido despedidos en estos arrebatos que de vez en cuando se producen en las empresas. Arrebatos justificados a veces, injustificados otras. Estos están más preocupados. Pero mi vecino de San Quirico me decía que estos llevan puesto encima su propio Activo y que de un Activo, joven (aunque sea mayor), competente, con ganas de trabajar y con flexibilidad (mi amigo dice “con cintura”) se pueden esperar muchas cosas.

 

Y me acuerdo de Ricardo, que se quedó en el paro a los cincuenta y tantos años y que, a esa edad, montó una empresa que hoy es líder mundial.

 

Y de Fernando, que a los casi 60 años, decidió triunfar en México. Y triunfó. (No es que decidiera triunfar. Decidió irse allá a trabajar, a ver qué pasaba.)

 

Y de Antonio, que después de una carrera brillante como directivo de una multinacional decidió jugarse el tipo y montar una empresa, que le está yendo muy bien y donde están trabajando muchas personas.

 

Y de…y de…y de…

 

De tanta gente que ha seguido los consejos de Julio Iglesias, cuando, en una de sus canciones, habla “de tantos fracasos, de tantos intentos”.

 

Porque lo importante es intentar, una y otra vez, sin reblar.

 

¿Os imagináis a 46 millones de habitantes siendo empresarios de sus propias vidas, intentando, intentando, intentando, sin hablar de la crisis, sin esperar a que el Gobierno nos saque las castañas  del fuego, probando ideas, echando horas y horas al trabajo, horas y horas a la familia, horas y horas a sus amigos?

 

Hablo con frecuencia de la “revolución civil”. Es eso, nada más.

 

Bueno, algo más, sí. Porque si estoy convencido, como lo estoy, de que lo que pasa ahora es una crisis de decencia, a todo lo que he puesto arriba hay que añadir que hay que hacerlo con decencia.

 

¡Menuda revolución! No sé si alguien se apuntará.

 

 

P.S.

 

  1. “Reblar” es una palabra castellana que se usa bastante en Aragón, y que significa seguir adelante, no echarse para atrás, no acobardarse, ser tozudo.

 

  1. No digo “tozudo en el buen sentido de la palabra”, porque ser tozudo es bueno. Lo que es malo es ser “terco”. Cuando mi madre me reñía porque yo era un cabezota, no me decía “¡no seas tozudo!” Me decía “¡no seas terco!”

 

  1. Lo de echar horas y horas al trabajo lo he puesto porque sin echar horas no se sacan adelante las cosas.

 

  1. Lo de echar horas y horas a la familia lo he puesto porque sin echar horas no se saca adelante una familia.

 

  1. Y con los amigos, lo mismo. Horas y horas.

 

  1. Ya sé que horas y horas + horas y horas + horas y horas son muchas horas y uno se cansa. Pues sí. Pero, como dicen en mi tierra, “no hay otra”.

 

  1. Lo de los 46 millones es una exageración, si hablamos de España, porque, a pesar de todo, todavía hay bastantes niños. Pero si a esos niños les enseñamos a trabajar duro, los incluyo también.

 

  1. Lo de apuntarse a la revolución civil es muy fácil. Basta con mirarse al espejo todos los días al salir de casa por la mañana y decir aquello de: “Qué, ¿a trabajar como siempre? ¡NO, a trabajar como nunca!”

 

  1. Y ya está.

 

Leopoldo Abadía

 

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