El sueldo de un obispo es tres veces inferior al del director de una ONG y el presupuesto del Vaticano es siete veces menor al de Harvard.

Esta noticia va dedicada especialmente a los “petardos” que no dejan de machacarnos con las supuestamente inmensas riquezas de la Iglesia. Personalmente he conocido muchos casos de curas que se han secularizado o seminaristas que han acabado su formación y no han llegado a sacerdotes y os puedo asegurar que han encontrado puestos de trabajo muy bien remunerados, lo que contrasta con el pequeño salario de un sacerdote.

procesion de curas

El sueldo de un obispo español es de aproximadamente mil euros mensuales, dos o tres veces inferior al salario del director de una ONG, y 20 ó 30 veces menos de lo que gana el director general de una empresa del IBEX 35.

Según el estudio ‘La revolución silenciosa’ elaborado por la revista ‘Compromiso Empresarial’, la responsabilidad de un obispo no es menor a la del consejero delegado de una gran firma, ni cuenta con una formación menos exigente: la mayoría de los obispos son licenciados y doctores; y antes de acceder al cargo, han tenido una experiencia pastoral y de gobierno de entre 20 y 25 años.

El estudio menciona la manida frase de que el Vaticano posee ‘inmensas riquezas’, pero recuerda que su presupuesto anual es de 293 millones de euros, 7,5 veces inferior al de la Universidad de Harvard (2.200 millones de euros). Y señala que los fondos de inversión del Vaticano en acciones, bonos y valores mobiliarios apenas llegan a los 734 millones de euros. Muy lejos de los 19.848 millones de euros en que se calcula la fortuna de Amancio Ortega, repartida entre sus participaciones bursátiles, la sociedad patrimonial Ponte Gadea y las sociedades de inversión Keblar, Alazán y Gramela.

Respecto al patrimonio artístico que se conserva en el Vaticano, el informe recuerda -citando al conocido vaticanista John L. Allen- que están valorados contablemente en un euro. En realidad, no tienen valor de mercado, pues no pueden ser vendidos ni ser objeto de garantía.

El análisis señala también que los ingresos de la Iglesia en España durante 2008 fueron 600 millones de euros. Cifra irrisoria comparada con los 57.946 millones de euros que ingresó Telefónica, o los 21.728 millones de euros que facturó Endesa

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San Juan María Vianney , El Santo Cura de Ars.

San Juan Maria Vianney el Santo Cura de Ars

Comparto con vosotros la vida de un santo que siempre me ha llamado la atención. Una historia edificante.

San Juan María Bautista Vianney
El Cura de Ars
(1786-1859)
Fiesta: 4 de Agosto

Patrón de los sacerdotes.
Ejemplo de virtud, confesor, promotor de la Eucaristía y de la devoción Mariana.


INTRODUCCION

En el siglo pasado, Ars, una pequeña villa francesa fue por muchos años el hogar de la vida religiosa de todo el país. Entre el año de 1818 y el 1859, su nombre estuvo en los labios de miles de personas, y tan grande era la afluencia de peregrinos, que la compañía de trenes que servía el distrito, tuvo que abrir una oficina especial en la ciudad de Lyons, para poder lidiar con el tráfico entre esta gran ciudad y el pequeño pueblo de Ars.  ¿El causante de todo esto?, un sencillo y sin embargo incomparable sacerdote, de quien hablaremos brevemente en esta historia: San Juan Bautista Vianney.

Nació cerca de Lyon el año 1786. Tuvo que superar muchas dificultades para llegar por fin a ordenarse sacerdote. Se le confió la parroquia de Ars, en la diócesis de Belley, y el santo, con una activa predicación, con la mortificación, la oración y la caridad, la gobernó, y promovió de un modo admirable su adelanto espiritual. Estaba dotado de unas cualidades extraordinarias como confesor, lo cual hacía que los fieles acudiesen a él de todas partes, para escuchar sus santos consejos. Murió el año 1859.


INFANCIA

San Juan Bautista Vianney nació el 8 de Mayo de 1786 y fue Bautizado el mismo día. Era el cuarto de ocho hermanos. Como muchos otros santos, nuestro santo disfrutó de la preciosa ventaja de haber nacido de padres verdaderamente cristianos.

Su padre era el dueño de una finca y su madre era nativa del pueblo de Ecully, el cual como Dardilly, el lugar donde nació el santo, estaban cerca de la ciudad de Lyons.

Sería un error contemplar a la familia Vianney como ignorantes . Sin duda alguna ambos padres y los niños pasaban días arduos en los campos y viñedos, pero la conciencia de que por varios siglos esta tierra había pertenecido a los Vianneys , inspiraba a la familia con un legítimo orgullo y disfrutaban de la estima de todos aquellos que les conocían.

La amabilidad hacia los pobres y necesitados era una virtud familiar; ningún mendigo fue nunca arrojado de sus puertas. Así fue como un día fueron privilegiados de dar hospitalidad a San Benito Labre, cuando el patrono de los mendigos pasó por el pueblo de Dardilly en uno de sus peregrinajes a Roma.

Desde muy niño sus padres lo llevaban a los campos, donde aprendió a ser pastor y, cuando era mayorcito se iba a cuidar los rebaños. El campo era su lugar preferido, las flores, los árboles, toda la naturaleza le hablaba de Dios, en quien encontraba el descanso de su corazón.

Con frecuencia se iba bajo la sombra de un árbol grande y allí, hacía como un pequeño altar donde ponía la imagen de la Virgen Santísima, que siempre llevaba y llevaría toda su vida junto a él; y a los pies de la Madre, descargaba su corazón con la confianza de un niño pequeño.

En otras ocasiones llamaría a sus otros compañeros pastores y les compartiría las cosas del Señor que aprendía de su mamá, siendo éstas sus primeras clases de catecismo que luego, diariamente compartiría con los habitantes de Ars, siendo este uno de sus mas grandes ministerios como sacerdote. Tenía la costumbre de hacer la señal de la cruz, cada vez que sonaba el reloj.

Francia en esta época de 1790, estaba pasando una gran crisis -La Revolución Francesa- que con el pretexto de implantar «Libertad, igualdad y fraternidad» desató una masiva persecución que llevó a la guillotina a muchos hombres y mujeres, incluyendo a muchos sacerdotes y religiosas.

Los sacerdotes tenían que disfrazarse, cambiando constantemente de domicilio, para poder ministrar al pueblo de Dios, que permanecía fiel. Entre estos sacerdotes se encuentran dos que serán muy importantes en la vocación de San Juan: el Padre Balley y el Padre Groboz, quienes trabajaban ambos en Ecculy. Uno hacía de panadero y el otro de cocinero.

Es en este tiempo en el que Juan Bautista hace su Primera Comunión en Ecculy, en la casa de su mamá. Buscando no llamar la atención de las autoridades, trajeron carros de heno y los pusieron frente a las ventanas y comenzaron a descargarlos durante la ceremonia para evitar conflicto. Juan Bautista tenía 13 años, y aún siendo tan mayorsito lágrimas corrieron por sus mejillas al recibir al Señor, y durante toda su vida hablará siempre de este día y atesoraría el rosario que su madre le regaló en esta ocasión.

ESTUDIANTE

Al subir al poder Napoleón Bonaparte, gradualmente, la Iglesia obtuvo cierta libertad.

Por corto tiempo Juan Bautista asistió a una escuela de su pueblo, pero ahora que estaba creciendo, cada vez más los campos exigían de su trabajo. Fue en estas largas horas de faena en las que su convicción de ser sacerdote creció en su mente. Se decía: «Si soy sacerdote podría ganar muchas almas para Dios», y este pensamiento lo compartía con su madre, en quien encontraba apoyo, pero su padre le dio gran lucha. Tuvieron que pasar dos años para que el padre aceptase las aspiraciones de su hijo de ser sacerdote.

El Arzobispo de Lyons, quien era tío de Napoleón, sabía que su primer deber era buscar candidatos para el sacerdocio y así cada parroquia fue instruida para que se iniciase una campaña para promover las vocaciones al sacerdocio. El Padre Balley, párroco de Ecculy, abrió en la rectoría una pequeña escuela para formar aquellos jóvenes que sintiesen la vocación. Era la oportunidad para Juan Bautista; podía ir a la escuela del Padre Balley y quedarse en la casa de su tía. Hasta su padre vio las ventajas de esta oportunidad y le dio el permiso para irse. Juan Bautista tenía 20 años.

Muchos dicen que era torpe, para no decir estúpido. Sin embargo no puede haber algo mas lejos de la realidad. Su juicio nunca estuvo errado, pero su memoria era pobre. El mismo decía : «Que no podía guardar nada en su mala cabeza».

Al ver que le era tan difícil retener especialmente la gramática del Latín, en un momento de desesperación casi se regresa a su casa, pero felizmente el Padre Balley captó el peligro en el que se hallaba su estudiante, y le pidió hiciese un peregrinaje al Santuario de San Francisco Regis, en Louvesc. El peregrinaje logró un cambio en él , lo que hizo que su progreso fuese por lo menos lo suficiente para salvarlo del sentimiento de desaliento que casi logra apartarlo de sus estudios.

DESERTOR INVOLUNTARIO

El apetito de poder de Napoleón era insaciable. Se había lanzado a la conquista de Europa, lo que provocó que muchos muriesen en su ejército. La falta de soldados lo llevó a reclutar más aun y en el 1806 la clase de Juan Bautista fue llamada a enlistarse. Pasaron dos años, pero en el otoño de 1809, Juan Bautista, a pesar de estar exento por ser seminarista, fue llamado para el ejército. Parece que el nombre de nuestro santo no estaba escrito en las listas oficiales de los estudiantes de la Iglesia que las diócesis proveían a las autoridades. El joven Vianney fue mandado a los regimientos de España. Sus padres trataron de encontrar un substituto y por la suma de 3,000 francos un joven se voluntarizó para ir en su lugar pero se arrepintió al último minuto.

El 26 de Octubre Juan Bautista entró en las barracas de Lyons solo para enfermarse. De aquí lo enviaron al hospital de Roanne donde la enfermera encargada lo ayudó a volver a tener el aspecto de buena salud. Enero 6, 1810, Juan Bautista dejó el hospital, para encontrarse con la noticia de que su compañía se había marchado hacía mucho tiempo. Solo quedaba el tratar de alcanzarles.

El invierno era recio y una fiebre altísima lo atacó lo que provocó que muy pronto no pudiese seguir avanzando. Entrando, en un cobertizo que le dio cobijo, se sentó sobre su bolsa y comenzó a rezar el Rosario. Dijo tiempo después que «Quizás nunca lo recé con tanta confianza». De pronto un extraño se le presentó frente a él y le preguntó: «¿qué estás haciendo aquí?». Juan Bautista le contó lo que le había pasado y desde ese momento el extraño cargó su pesada bolsa y le dijo que le siguiese. Llegaron a la casa de un labrador y allí estuvo por varios días hasta que se le pasó la fiebre. Mientras estaba en cama por primera vez pasó por su mente la realidad de que sin haber sido culpa suya, el era ahora un desertor.

Conocía al Mayor Paul Fayot, quién se dedicaba a esconder desertores y acudió a el, pero no tenía lugar y le recomendó quedarse en la casa de su prima Caludine Fayot, una viuda con cuatro niños. Desde ese momento Vianney adoptó el nombre de Jerome Vincent. Bajo ese nombre llegó hasta abrir una escuela para los niños de la villa.

En el 1810 un decreto imperial concedió amnistía a todos los desertores de los años 1806 a 1810. Juan Bautista estaba cubierto por este decreto así que era libre de regresar a casa y terminar sus estudios. La Divina Providencia y la asistencia de la Virgen lo habían salvado.

Su madre murió poco después de esta feliz reunión. Ahora tenía 24 años y el tiempo apremiaba. El 28 de Mayo de 1811 recibió la tonsura. El Padre Balley, viendo esencial que fuese a tomar estudios regulares lo mandó al Seminario Menor de Verrieres. Aquí el joven Vianney sufrió y tuvo gran faena, pero nunca brilló como un filósofo.

DIFICULTAD CON LOS ESTUDIOS

En Octubre 1813, entró en el Seminario Mayor de Lyons. Su inadecuado conocimiento del latín le hizo imposible captar lo que los profesores decían o responder a las preguntas que le eran hechas. Al final de su primer término le pidieron que se marchara, y su dolor y desaliento eran inmensos. Por algún tiempo pensó en irse a una de tantas congregaciones de hermanos religiosos; sin embargo una vez más el Padre Balley vino en su rescate y sus estudios le fueron dados en privado en Ecculy. Pero no pasó el examen previo a la ordenación. Un examen privado en la rectoría de Ecculy probó ser más satisfactorio y fue tomado como suficiente, siendo juzgadas justamente sus cualidades morales que sobrepasaban cualquier falta académica.

En Agosto 13, 1815, Juan Bautista Vianney fue elevado al sacerdocio, a esa inefable dignidad de la que tan frecuentemente hablaba diciendo: «El Sacerdote solo será entendido en el cielo»; tenía 29 años de edad.

Su primera Misa la dijo en la capilla de Seminario en Grenoble.

En su regreso a Ecculy la copa de felicidad rebosó cuando se enteró que sería ayudante de su santo amigo y maestro, el Padre Balley. Pero las autoridades diocesanas determinaron que por un tiempo, el que luego pasaría gran parte de su vida en un confesionario, no debía tener las facultades para confesar. Mas tarde, el Padre Balley habló con las autoridades eclesiásticas y el fue su primer penitente.

Su hermana Margarita decía: «él no predicaba muy bien todavía, pero la gente acudía en masa cuando le tocaba a él predicar».

En Diciembre 17, 1817, murió en sus brazos su querido amigo el Padre Balley, a quien lloró como si hubiese sido su padre. El, que era tan desprendido de las cosas materiales, hasta el fin de su vida tendría un pequeño espejo de mano que perteneció a su maestro y padre, porque él decía que «Había reflejado su rostro». Poco tiempo de la muerte del Padre Balley, M. Vianney fue asignado al pueblo de Ars, un pequeño y aislado pueblo donde se pensó que sus limitaciones intelectuales no podrían hacer mucho daño..

PÁRROCO DE ARS: 1818-1859

El pueblecito de Ars se encuentra en una planicie ondulada, que tiene en su centro una pequeña colina donde se encuentra la Iglesia, sirviéndole como de plataforma. En el 1815 consistía de unas 40 casas. Su iglesia estaba extremadamente dañada y de igual condición estaba la rectoría, que se encontraba a un lado del valle.

En los círculos clericales, Ars era mirado como un tipo de Siberia. El distrito era torpe, la desolación espiritual era aún mayor que la material. En los primeros días de Febrero de 1818, que el Abbe Vianney recibió la notificación oficial de su traslado a Ars. El Vicario General le dijo: «No hay mucho amor en esa parroquia, tu le infundirás un poco». El 9 de febrero, M. Vianney se dirigió hacia el lugar que sería por los siguientes 41 años el lugar de su sorprendente y sin precedente actividad. Caminó 38 Km. desde Ecculy hasta Ars. Le seguían en un carretón una cama de madera, un poco de ropa y los libros que le dejó el Padre Balley. Cuando pudo divisar la pequeña villa, hizo un comentario de su pequeñez y al mismo tiempo hizo una profecía: «La parroquia no será capaz de contener a las multitudes que vendrán hacia aquí».

Los habitantes del pueblo en su mayoría buscaban los placeres del mundo y no tenían mucha fe, aunque quedaba un pequeño núcleo de personas que permanecían fervorosas, entre las cuales estaba la señora de la casa más grande de Ars, Mlle. des Garets, quien dividía su tiempo entre la oración y las obras de caridad.

Al llegar, su primera preocupación era la de establecer contacto con su rebaño. Visitó cada casa de la parroquia. En estos primeros días todavía encontraba tiempo para caminar por las praderas, con su breviario (libro de oración) en las manos, y su sombrero de tres esquinas debajo de su brazo, ya que rara vez se lo ponía. Para ganar la amistad de los habitantes les hablaba del estado de las cosechas, del tiempo, de sus familias etc.

Sobre todo el oraba y añadía a la oración las más austeras penitencias. Hizo sus propios instrumentos de penitencia. Su cama era el piso ya que la cama que trajo de Ecculy la regaló.

Pasaría sin comer varios días. Hasta el 1827 no había nadie que hiciese las labores domésticas en la rectoría. Su plato principal eran papas y en ocasiones hervía un huevo. Hubo una ocasión en la que trató de vivir de hierba, pero luego confesó que tal dieta era imposible.

El decía: «El demonio no le teme tanto a la disciplina y a las camisas de pelo; lo que realmente teme es a la reducción de comida, bebida y sueño».

El Santo Cura gozaba de la belleza de las praderas y los árboles, pero amaba mucho más la belleza de la Casa de Dios y las solemnidades de la Iglesia. Empezó por comprar un altar nuevo, con sus propios ahorros, y el mismo pintó el trabajo de madera con el que las paredes estaban adornadas.

Se hizo el propósito de restaurar y dar mayor esplendor a lo que el llamaba: «Los muebles de la Casa de Dios». Para el Señor compró lo mejor en encajes , telas, tejidos para hacer las vestimentas sacerdotales, que aun se pueden admirar en Ars.

TRABAJO PASTORAL

La secuela más desastrosa de la revolución era la ignorancia religiosa de las personas. El santo cura resolvió hacer todo lo posible para remediar el estado deplorable de los corazones.

Sin embargo sus sermones e instrucciones le costaban un dolor enorme: su memoria no le permitía retener, así que pasaba noches enteras en la pequeña sacristía, en la composición y memorización de sus sermones de Domingo; en muchas ocasiones trabajaba 7 horas corridas en sus sermones.

Un parroquiano le preguntó una vez, porqué cuando predicaba hablaba tan alto y cuando oraba tan bajo, y él le dijo: «Ah, cuando predico le hablo a personas que están aparentemente sordas o dormidas, pero en oración le hablo a Dios que no es sordo» .

Los niños le daban aún más lástima que los adultos y comenzó a agruparlos en la rectoría y luego en la iglesia, tan temprano como las 6 de la mañana, porque en el campo el trabajo se inicia al amanecer. Era bien disciplinado y les demandaba que se supiesen el catecismo palabra por palabra.

En esos días la profanación del Domingo era común y los hombres pasaban la mañana trabajando en el campo y las tardes y noches en los bailes o en las tabernas. San Juan luchó en contra de estos males con gran vehemencia.

«La taberna, declaró el santo en uno de sus sermones, es la tienda del demonio, el mercado donde las almas se pierden, donde se rompe la armonía familiar, donde comienzan las peleas y los asesinatos se cometen. En cuanto a los dueños de las tabernas, el demonio no les molesta tanto, sino que los desprecia y les escupe».

Tan grande fue la influencia del Cura de Ars, que llegó una época donde toda taberna de Ars tuvo que cerrar sus puertas por la falta de personas. En tiempos subsecuentes, modestos hoteles se abrieron para acomodar a los extraños, y a estos el Santo Cura no se opuso.

Con mucho más ahínco se propuso eliminar la costumbre de los bailes como distracción, porque bien sabía que eran fuente de caer en pecado grave. Para esto, revivió la costumbre de rezar las Vísperas del Domingo. Era tan estricto en contra de esto que hasta llegaba a negar la absolución a las personas que no desistían de tal costumbre.

Por esta razón se ganó muchos enemigos, que decían grandes calumnias en su contra sin embargo él las tomaba ligeramente y no ponía su corazón en esto.

TRIUNFO

Pasaron dos años cuando llegó la noticia de que M. Vianney sería el Cura de Salles, en Beaujolais. Todo el pueblo de Ars estaba consternado con la noticia. Una señora de Ars, en una carta, habló de estrangular al Vicario General.

Para asegurar su futuro, el pueblo pidió que su villa fuese erigida en parroquia regular y que su párroco fuese el Cura de Ars. El Padre Vianney fue puesto como párroco, ya que hasta ese momento solo había sido capellán (los capellanes son mas faciles de trasladar que los párrocos).

Ese mismo año el Santo Cura de Ars inició los trabajos en la Iglesia. Se construyó una torre, y varias capillas laterales, entre ellas una dedicada a la Santísima Virgen, donde por 40 años todos los sábados diría Misa el santo cura. La Iglesia fue además enriquecida con muchas estatuas y cuadros.

Quería tener buenas escuelas en el pueblo y para comenzar abrió una escuela gratis para niñas a la que llamó «Providencia». Desde 1827 recibió como internas solo a niñas destituidas. Para ellas tenía que encontrar comida y más de una vez intervino el Señor milagrosamente, multiplicando el grano o la harina. Durante 20 años iba todos los días a cenar a esta casa.

Después de 2 años y medio, el Domingo se respetaba como el día del Señor. Todo el pueblo iba a Vísperas. El Cura de Ars amaba las ceremonias de la Iglesia. Personalmente entrenaba a sus servidores del altar. Su fiesta favorita era Corpus Christi. En este día dejaba un poco el confesionario e iba por el pueblo admirando las decoraciones; él mismo llevaba el Santísimo.

El último día de esta fiesta que celebró fue 40 días antes de su muerte y sin el saberlo el mayor del pueblo contrató una banda de música. Al primer sonido de la música se estremeció nuestro santo de alegría, y cuando todo hubo terminado no encontraba palabras suficientes para agradecer este regalo para el Señor.

Su tierno amor por la Virgen Santísima lo movió a consagrar su Parroquia a la Reina del Cielo. Sobre la entrada de la pequeña Iglesia puso una estatua de la Virgen que aún se encuentra en el mismo lugar.

Cuando el Papa Pío IX definió el Dogma de la Inmaculada Concepción, nuestro santo pidió a los habitantes del pueblo que iluminasen sus casas de noche, y las campanas de la iglesia resonaron por horas de horas. Al ver esta luminosidad desde los pueblos cercanos, pensaron que el pueblo estaba en llamas, y acudieron a apagar el supuesto fuego. Hasta el día de hoy existe un sombrero de plata cerca de la estatua de la Virgen donde están escritos los nombres de todos los parroquianos de Ars.

ATACADO POR LAS FUERZAS DEL INFIERNO

Era de esperarse que un triunfo tan grande de la religión así como la santidad del instrumento que Dios usó con este fin, trajese la furia del infierno. Por un periodo de 35 años el santo Cura de Ars fue asaltado y molestado, de una manera física y tangible, por el demonio.

La ocupación ordinaria del demonio, permitida por Dios hacia nosotros, es la tentación. El demonio también puede asechar las almas de diversas maneras.

a) Asedio: acción extraordinaria del demonio, cuando busca aterrorizar por medio de apariciones horribles o por medio de ruidos.

b) La Obsesión: va más allá. Puede ser externa cuando el demonio actúa en los sentidos externos del cuerpo o interna cuando influencia la imaginación o la memoria.

c) Posesión: cuando el demonio toma control de todo el organismo.

El Cura de Ars sufrió de la primera, asedio. Los ataques del demonio comenzaron en el invierno de 1824. Ruidos horribles y gritos estrepitosos se oían fuera de la puerta del presbíterio, viniendo aparentemente del pequeño jardín de enfrente. Al principio el Padre Vianney pensó que eran salteadores que venían a robar, y a la siguiente noche le pidió a un señor que se quedase con él. Después de medianoche se comenzó a escuchar grandes ruidos y golpes contra la puerta de enfrente, parecía como si varios carros pesados estaban siendo llevados por los cuartos. El señor André buscó su pistola, miró por la ventana, pero no vio nada, solo la luz de la luna. Decía: «por 15 minutos la casa retembló y mis piernas también», nunca más quiso quedarse en la casa.

Esto ocurría casi todas las noches. Aún ocurría cuando el santo cura no estaba en el pueblo. Una mañana el demonio incendió su cama. El santo se disponía a revestirse para la Santa Misa cuando se oyó el grito de «fuego, fuego». El solo le dio las llaves del cuarto a aquellos que iban a apagar el fuego. Sabía que el demonio quería parar la Santa Misa y no se lo permitió.

Lo único que dijo fue «El villano, al no poder atrapar al pájaro le prende fuego a su jaula». Hasta el día de hoy los peregrinos pueden ver, sobre la cabecera de la cama, un cuadro con su cristal con las marcas de las llamas de fuego.

El demonio por espacio de horas haría ruidos como de cristal, o silbidos o ruidos de caballo y hasta gritaba debajo de la ventana del santo: «Vianney, Vianney, come papas».

El propósito de todo esto era el de no dejar dormir al Santo Cura para que se cansara y no pudiese estar horas en el confesionario, donde le arrancaba muchas almas de sus garras. Pero para el 1845 estos ataques cesaron casi por completo. La constancia de nuestro santo ante estas pruebas fue recompensada por el Señor con un poder extraordinario que le concedió de expulsar demonios de las personas poseídas.

El santo sacerdote se puede decir que pasó su vida en una continua batalla con el pecado a través de su trabajo en el confesionario. El gran milagro de Ars era el confesionario.

Miles de personas acudían al pueblo de Ars para ver al Santo Cura, pero especialmente para confesarse con él.

PEREGRINACIONES A ARS

La afluencia de peregrinos se inició en el año 1827. A partir del 1828 el Santo Cura no podía irse ni siquiera por un día.

Sin embargo, no fue exento de críticas y su práctica y amor por los pobres se le atribuyó a avaricia. Algunos críticos decían que podían ver en él rasgos de hipocresía o un deseo secreto de sobresalir. Su mansedumbre y humildad terminaron por vencer sobre sus críticos.

En una ocasión cuando su competencia profesional fue puesta en duda por algunos de sus hermanos sacerdotes, el obispo de la diócesis mandó a su Vicario General para que averiguase y diese un reporte sobre el asunto. El reporte recibido por el obispo fue más que favorable. Aquello sirvió para que quedase constancia de su vida. Se puede decir que el confesionario era su morada habitual, pasaba de 11 a 12 horas en el confesionario.

El cúlmen de los peregrinajes se alcanzó en 1845, llegaban de 300 a 400 visitantes todos los días. En el último año de la vida del Santo Cura el número de peregrinos alcanzó el asombroso número de 100 a 120 mil personas.

Ningún ministerio sacerdotal es tan agotador para la carne y el espíritu como el estar sentado en el confesionario.

Solo Dios sabe los milagros de gracia ocurridos en ese confesionario, que hasta hoy se mantiene en pie, en el mismo lugar dónde el lo puso, en la capilla de Santa Catalina, o en la sacristía donde usualmente escuchaba las confesiones. En su manera de lidiar con las almas era infinitamente gentil y al mismo tiempo decía la verdad que el alma necesitaba escuchar para su bien. Sus exhortaciones eran breves y dirigidas al punto necesario.

El cura de Ars tenía también el don de profecía. En mayo 14 de 1854, el Obispo de Ullathorne llamó a nuestro santo y le pidió que orase por Inglaterra. El Obispo de Birmingham cuenta que el hombre de Dios dijo, con convicción extraordinaria: «Monseigneur, creo que la Iglesia en Inglaterra será restaurada a su esplendor».

También tenía una gran devoción a Santa Filomena. La llamaba «mi agente con Dios». Le construyó una capilla en su honor y también un santuario. (Vea su conección con las apariciones de La Salette>>>)

En una ocasión cayó tan enfermo, que parecía ser su final y prometió a la santa ofrecer 100 misas en su honor en su santuario. Cuando la primera Misa estaba siendo ofrecida, entró en éxtasis, durante el cual se le escuchaba murmurar: «Filomena», repetidas veces. Cuando salió de su éxtasis exclamó: «estoy sanado» , y le atribuyó su sanación a Santa Filomena.

HUIDA DE ARS

Una tentación le persiguió casi por toda su vida en Ars, y esta era el deseo de la soledad. Con toda sinceridad, M. Vianney se sentía incapaz para su oficio en Ars. El año anterior a su muerte le dijo a un misionero: «Tú no sabes lo que es pasar del cura de almas al tribunal de Dios». En el 1851 le rogó a su obispo que lo dejase renunciar. En tres ocasiones llegó hasta irse del pueblo, pero siempre regresó.

CONSUMACIÓN

Pasaron 41 años desde el primer día en el que el Cura llegó a Ars, fueron años de actividad indescriptible. Después de 1858 decía con frecuencia: «Ya nos vamos; debemos morir; y muy pronto». No cabe duda de que él sabía que su fin estaba cerca. En Julio de 1859, una señora muy devota de San Etienne vino para confesarse. Cuando se despedía de él le dijo: «Nos veremos de nuevo en tres semanas», ambos murieron en ese tiempo, y se encontraron en un mundo mucho más feliz.

El mes de Julio de 1859 fue extremadamente caluroso, los peregrinos se desmayaban en grandes cantidades, pero el santo permanecía en el confesionario. El viernes 29 de Julio, fue el último en el que apareció en la iglesia. Esa mañana entró en el confesionario como a la 1:00 a.m. Pero después de haberse desmayado en varias ocasiones, le pidieron que descansara. A la 11:00 dio catecismo por última vez. Esa noche con mucha dificultad pudo arrastrarse hasta su cuarto. Uno de los Hermanos Cristianos le ayudó a subirse a su cama, pero el santo le pidió que le dejase solo.

Una hora después de medianoche, aproximadamente, pidió ayuda: «Es mi pobre fin, llamen a mi confesor». La enfermedad progresó rápidamente. En la tarde del 2 de Agosto recibió los últimos sacramentos: «Qué bueno es Dios; cuando ya nosotros no podemos ir más hacia El, El viene a nosotros» .

Veinte sacerdotes con velas encendidas escoltaron al Santísimo Sacramento, pero el calor era tan sofocante que tuvieron que apagarlas. Con lágrimas en los ojos dijo: «Oh, que triste es recibir la Comunión por última vez».

En la noche del 3 de Agosto llegó su obispo. El santo lo reconoció pero no pudo decir palabra alguna. Hacia la medianoche el fin era inminente. A las 2:00 a.m. del Sábado 4 de Agosto de 1859, cuando una tormenta azotaba el pueblo de Ars, el Obispo M.Monnin leía estas palabras: «Que los santos ángeles de Dios vengan a su encuentro y lo conduzcan a la Jerusalén celestial», el Cura de Ars encomendó su alma a Dios.

Su cuerpo permanece incorrupto en la iglesia de Ars

El 8 de Enero de 1905, el Papa Pío X, Beatificó al Cura de Ars; y en la fiesta de Pentecostés Mayo 31 de 1925, en presencia de una gran multitud, el Papa Pío XI pronunció la solemne sentencia: «Nosotros declaramos a Juan María Bautista Vianney que sea santo y sea inscrito en el catálogo de los santos».


ORACIONES

» TE AMO,  OH MI DIOS »
Autor: San Juan María Vianney
 
Te amo, Oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
Hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios,
Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.
Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno
Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor,
Oh mi Dios,
si mi lengua no puede decir
cada instante que te amo,
por lo menos quiero
que mi corazón lo repita cada vez que respiro.
Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,
Y de amarte mientras que sufro,
y el día que me muera
No solo amarte pero sentir que te amo.
Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora
Final aumentes y perfecciones mi amor por Ti.
Amén.


LA  ORACION

SEGÚN EL SANTO CURA DE ARS

Hermosa obligación del hombre:
orar y amar

Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro.

El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.

La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable.

En esta íntima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre criatura; es una felicidad que supera nuestra comprensión.

Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él. Nuestra oración es el incienso que más le agrada.

Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo.

En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol.

Otro beneficio de la oración es que hace que el tiempo transcurra tan aprisa y con tanto deleite, que ni se percibe su duración. Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión, en que casi todos mis colegas habían caído enfermos, tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba al buen Dios, y creedme, que el tiempo se me hacía corto.

Hay personas que se sumergen totalmente en la oración como los peces en eI agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no esta dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con del mismo modo que hablamos entre nosotros.

Nosotros, por el contrario, ¡cuántas veces venimos a la Iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir! Y, sin embargo,
 cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos muy bien para qué vamos. Hay algunos que incluso parece como si le dijeran al buen Dios: «Sólo dos palabras, para deshacerme de ti…» Muchas veces pienso que cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro.

Juan Maria Vianney
(Cura de Ars)

 

¿Y EL ESTADO DE MI NACIÓN QUE? Leopoldo Abadía

ANTICONCEPCION

¡Dios mío! Qué manera de definir una situación de una manera tan simple y tan certera. Cuánto envidio tener una cabeza tan bien amueblada como la de Don Leopoldo. Leed veréis como no os decepciona…

 

Esta semana he viajado bastante. Me llevaron en coche de Sevilla a Mérida el primer día del debate sobre el Estado de  la Nación. Pedí que me pusieran la radio y oí una parte. El resto, lo he leído a trozos en los periódicos de los sitios donde he estado. O sea, no lo vi ni lo escuché de un tirón, con lo que es posible que alguna parte se me haya escapado.

 

Pero pienso que ya debería tener una idea bastante clara de lo que ocurrió, aunque me parece que no la tengo.

 

En primer lugar, me molesta que se diga quién ganó o quién perdió. He leído que ganó Zapatero (por lo menos, cuando le escuché por la radio, le interrumpían -supongo que los de su bando- con muchos aplausos en trozos del discurso cuya profundidad me había pasado desapercibida, pero que debían ser fundamentales, a juzgar por el entusiasmo que despertaban.

 

También he leído que ganó Rajoy y aunque no seguí su parte de modo tan completo, también supongo que los suyos le aplaudirían, convenientemente adoctrinados.

 

Lo que pasa es que me gustaría saber cuál es el estado de mi nación, porque, como ya he dicho alguna vez, a mí lo que me preocupa es mi nación y a estos chicos parece que lo que les preocupa son las elecciones europeas. Ya sé que luego les preocuparán las generales, las autonómicas y las de San Quirico, pero ahora estamos en las europeas.

 

Parece eso, cuando leo que “Zapatero sale vivo del debate de los cuatro millones de parados”. Y pienso que si ese era su objetivo, a los cuatro millones de parados les debe hacer mucha gracia el éxito personal de nuestro Presidente.

 

Leo que el citado Presidente dice que “el Gobierno hizo previsiones erróneas el año pasado”. Y ya está. Cualquiera se puede equivocar. Eso es verdad. Pero no sé si este mozo se da cuenta de que una equivocación suya equivale a mil mías. En otras palabras: que si él se equivoca -y por lo que parece, SE EQUIVOCA-  afecta a unos cuantos millones de españoles (unos 46) y si yo me equivoco –que ME EQUIVOCO- les afecta a los de mi familia y poco más.

 

Y, como los de mi familia y poco más, me conocen de sobra, ya no me hacen caso cuando hago previsiones. Lo cual sería un consejo muy bueno para todo español (los 46 millones): No hagáis ningún caso a lo que dice nuestro Presidente, porque, a efectos de no acertar, es del mismo nivel que Leopoldo Abadía.

 

Escuché al Presidente decir con voz profunda que, a pesar de lo que se ha avanzado en la educación de los chicos (o sea, de sus hijos y de mis nietos, porque a mis hijos, gracias a Dios, ya no les coge), “no acabamos de estar satisfechos” (me parece que la frase es textual y si no lo es, se aproxima mucho).

 

Y entonces viene la solución, lo que en términos científicos podríamos llamar el pack educativo, compuesto por tres elementos:

 

1. Un ordenador para cada chaval/chavala.

 

2. Una o varias pizarras digitales para cada escuela.

 

3. Una píldora del día después para toda niña a la que le apetezca acostarse con un mozo “sin consecuencias”, como parece que se dice ahora.

 

(Entre paréntesis, no sabéis lo que presumo cuando veo las doce consecuencias de mi matrimonio y las 38 consecuencias de los matrimonios de mis hijos.)

 

O sea, que ahora José Luis -permíteme que te tutee, Presidente, porque por la edad, podría ser tu padre- decide que nuestros hijos, con ordenador (ellos y ellas), una pizarra (ellos y ellas) y un par de píldoras en el bolsillo (ellas), darán un salto adelante en su educación.

 

¡Dios mío, este hombre empieza a ser peligroso! Este hombre va a  fabricar animalitos. Con ordenador y pizarra, pero animalitos, que serán incapaces de ver a una mujer como mujer o a un hombre como hombre. En la mujer verán a una moza como chisme para  pasárselo bien y en el hombre, a un mozo buscador de mozas para llevárselas a la cama.

 

Ya sé que soy muy simplón, pero esto del debate sobre el estado de la nación me ha dejado un poco preocupado.

 

No quiero que se repita aquello de “¡váyase, señor González!”. Pero, por favor, señor Zapatero, no nos estropee a los chavales. Que de aquí a unos años usted se irá a su casa, luego se hará mayor y le invitarán a dar conferencias. Y ya está. Y mientras tanto, muchos chicos y muchas chicas a las que usted habrá estropeado definitivamente, irán por ahí tirados por la calle, y nadie les pedirá que den una conferencia.

 

Quédese, señor Zapatero, o váyase. Haga lo que quiera. Pero no haga daño. Porque hasta ahora, las cosas que usted decía me las tomaba a broma, porque ya sé que no da usted ni una.

 

Pero lo de ahora, es más serio. Fíjese si es serio que hasta para presentar lo de la pildorita necesitó usted dos ministras. No un simple subsecretario (no sé si existen todavía). No. Dos ministras. La víspera del debate sobre el estado de mi nación. Debió ser para que no se llevase usted todos los aplausos y les quedase alguno a ellas, sobre todo a la de Igualdad, que no le aplaude nadie.

 

P.S.

 

Juan Fernando López Aguilar, ex Ministro, es un canario muy divertido, que habla inglés muy bien, que fue Ministro de Justicia, que luego se lo quitaron de encima mandándolo a Canarias a perder las elecciones, y ahora se va a Europa, a ver si las gana, es un hombre que tiene mucha gracia dibujando.

 

Mientras los españoles pensábamos que estos señores trabajaban, él hizo un dibujo en el que, mientras Zapatero saca conejos de dos chisteras, Rajoy pone cara de frustración y dice: “¡Lo ha vuelto a hacer! ¿Qué puedo hacer contra este tío?”

 

Pues a eso juegan estos chicos. A ganar, a sacar conejos de la chistera, a decir que darán 2.000 euros por coche, incluyendo en esa cifra el descuento de 1.000 que harán los fabricantes de coches, etc.

 

Y del estado de mi nación, ¿qué?

 

A ver si hay suerte y aparece la contestación en algún otro conejo de alguna otra chistera.

CÁSTOR ZARCO, UN SOCUELLAMINO EN PROCESO DE BEATIFICACIÓN.

Por si no lo sabíais os informo de que tenemos un socuellamino cuya vida está siendo investigada para abrir un posible proceso de beatificación. Se trata de Cástor Zarco, tio de la popular Tere Zarco (la señora Tomasa de Telesocuéllamos). Cástor fue asesinado en Madrid junto con sus compañeros por las llamadas «hordas rojas» en la guerra civil cuando se preparaba para ser sacerdote, fue enterrado en una fosa común por lo que no se sabe a ciencia cierta donde se encuentran sus restos.

Conforme vaya sabiendo más detalles de su vida y las circunstacias de su beatificación lo iré compartiendo con vosotros.

Recibid un afectuoso saludo de Juanjo Romero.

ASÍ ES NUESTRA FE…

Sin perder la humildad es necesario que sintamos el orgullo de ser católicos, tanta noticia negativa de la Iglesia ha deformado la percepción que el mundo tiene de ella, es necesario que entre todos devolvamos a nuestra fe su verdadero rostro. Este vídeo es una buena manera de demostrar que se puede hacer, por muchos “Ángeles y Demonios” que se presenten…

¡QUÉ VERDES ERAN MIS BROTES! Leopoldo Abadía

LA COLA DEL PARO

Hoy desayuno en Barcelona, con Juan. Es un hombre al que conocí hace muchos años en San Quirico. Listo, competente, buena persona, un gran profesional. Con sentido común (¡casi nada!). Que se da cuenta del lío en el que estamos y de los discursos pintorescos que unos y otros hacen.

 

Me dice: “¿Tú también crees que no saben por dónde andan?”

 

Lo último que le ha desconcertado es eso de que ya que no pudimos votar a Obama en Julio le podremos votar ahora, en las elecciones europeas. Juan me dice: “¿Pero es que este señor se presenta?” Y dice que, puestos a votar (se lo está pensando), él prefiere votar a uno de San Quirico, o de Castellterçol, el pueblo de  al lado y, si le apuras un poco, de Moià, que está a 10 kilómetros. “¡Pero votar a un señor de Illinois! ¿Y qué se me ha perdido a mí en Illinois?”

 

Le intento explicar que eso que le preocupa no es más que un truco publicitario, que no hay que tomárselo en serio, como cuando te dicen que no sé qué producto es el mejor del mundo. Que es una manera de hablar que, en términos propagandísticos, se considera una exageración admitida y que, en términos reales, sería una mentira, no admitida.

 

Juan está nervioso con lo de los brotes verdes de que ha hablado una Ministra. Que ya sabe que esa señora es gallega y que quiere dejar claro que a él, los gallegos le caen bien.

 

Lo que pasa es que dice que la Ministra ha copiado lo que dijo hace poco Bernanke, el Presidente de la Reserva Federal americana, que fue a quien se le ocurrió lo de los brotes verdes, como se le podía haber ocurrido cualquier otra cosa.

 

Le digo que lo de los brotes verdes es lo de la luz de una velica al final del túnel y que me gusta más porque es más poético y, además, se evita que haya malintencionados que pregunten eso de que si la luz es de una velica o de un tren que viene en dirección contraria.

 

Desayunamos. Los desayunos en Barcelona son distintos de los de San Quirico. El vino es menos peleón, lo que va bien para trabajar después, el jamón del bocadillo no es ibérico y las servilletas son de tela. Pero el ambiente es muy agradable, saludas a mucha gente y te encuentras muy cómodo. A Juan le coge cerca de casa y así puede ir andando. Yo voy en coche y como resulta que el señor del parking es profesor mercantil, nos enrollamos y lo pasamos bien.

 

Juan dice que no puede ser que cada día tengamos que mirar un nuevo brote verde y, además, de un campo que no es el nuestro. Dice, por ejemplo:

 

1. Que se alegra mucho de que los Bancos americanos hayan pasado el test y que resulte que no necesitan tanto dinero como se temía.

 

2. Luego dice que alguna trampa han debido hacer. Pero es que Juan siempre ha sido un hombre tan listo y tan íntegro que, de vez en cuando, piensa que alguien hace lo que no debe.

 

3. Dice que se alegra de que se vendan coches en Alemania, porque así nos comprarán los que fabricamos.

 

4. Dice que se alegra de que suba la Bolsa, aunque no sabe por qué teme que va a bajar otra vez.

 

5. Que también se alegra de que el BCE baje los tipos de interés, aunque luego haya inflación.

 

6. Y que le gusta que Obama y Castro no se insulten y que, quizá, en un pequeño descuido, hasta se lancen algún piropo sin importancia.

 

Que todo eso le gusta, porque son buenas noticias.

 

Pero que hay una cosa que no le gusta en absoluto: el número de parados que hay en España, que hace una semana eran 4 millones y ahora son 300.000 menos, pero porque los cuentan de otro modo.

 

Juan, que es muy obediente a lo que le digo yo (¡será buena persona!), lee todos los días, según mi recomendación, un periódico generalista (siempre el mismo) y otro económico (siempre el mismo). (Aunque soy muy amigo del Director del periódico económico que leo, hoy no le hago publicidad, porque me parece que éste no es el sitio adecuado.)

 

Y Juan dice que sí, que me seguirá obedeciendo, pero a su aire. Que ha decidido que el único brote verde que va a admitir es el número de parados. Y para eso:

 

1. Quiere que le digan el número exacto de parados cada mes.

 

2. Que le da lo mismo el método que utilicen, con tal de que no lo cambien mientras se juega el partido. (A Juan le gustan mucho las metáforas y dice que un partido de fútbol se juega con los pies y que no puede ser que en el segundo tiempo se convierta en un partido de balonmano).

 

3. Que quiere que le den la cifra absoluta, o sea, que no le digan “unos cuatro millones”, sino tres millones setecientas doce mil quinientas diecinueve personas, por ejemplo.

 

4. Que no quiere que le comparen esa cifra con lo que ocurrió hace dos años, o hace seis meses un jueves por la tarde, para demostrar cosas que son indemostrables.

 

5. Que la prueba de que son indemostrables y, además inútiles, son las frases con las que algún Ministro presenta las cifras. Eso de que se detecta una contracción en la destrucción de empleo  le suena a un trabalenguas que decía un tíos suyo y que era más o menos así: “Por medio del mecanismo que cierra el aparato, Barrabás sale al escenario y se mete con la madre del que le ha tirado un tomate”.

 

Juan ha inventado EL INDICADOR. Dice que no quiere otro. Que el mes en que hayamos pasado de tres millones…quinientos diecinueve a tres millones…quinientos dieciocho, dirá: “¡¡Ya hay un brote verde!!”

 

Porque eso querrá decir:

 

1. Que un empresario ha contratado a una persona.

 

2. Que lo ha hecho porque tiene trabajo para esa persona.

 

3. Que una entidad financiera, le ha dado un crédito pequeño, pero suficiente para poder seguir trabajando.

MI ABUELO JAIME, LUIS Y EL BAR DE LA ESQUINA

Os propongo que tomemos una iniciativa, en facebook o en donde haga falta… la iniciativa será ¡LEOPOLDO ABADÍA FOR PRESIDENTE!… Si hay una salida del túnel es la que nos indica este señor… Y como decía José Luis Moreno… con todos ustedes, el mejor, el maravilloso, el del juicio preclaro… LEOPOLDO ABADÍA…

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En los principios del siglo XX, mi abuelo paterno era peatón.  Los peatones eran empleados de Correos, que se encargaban del reparto de la correspondencia por los pueblos. Tenía pocos años, cargaba su bolsa y, venga a andar, llevaba las cartas por los pueblos que le habían asignado.

 

Luego fue aprendiz en una tienda. Siempre dijo que dormía debajo del mostrador y nunca llegó a entender por qué los aprendices tenían derecho a hacer vacaciones como  los demás. “Son unos señoritos”, solía decir.

 

Luego trabajó de  empleado en otra tienda y después, se estableció por su cuenta.

 

Después de trabajar todo el  día, de madrugada, se ponía en la puerta de la tienda (lo de la libertad de horarios se inventó después) y a los que pasaban -no serían muchos-  les preguntaba si habían ganado dinero aquella noche en el casino. Si le decían que sí, les animaba a que entrasen y se hiciesen un traje, que, por supuesto,  lo hacía él, con más o menos acierto.

 

En los años 60, por esas  cosas que pasan, conocí a Jaime en Estados Unidos. Tenía una empresa  textil importante en Barcelona,  pero tuvimos que ir a Boston, cada uno por su lado, para  conocernos. Nos hicimos muy amigos. No tenía estudios universitarios. Había sido boxeador y luego carbonero. Trabajaba mucho. Montó un negocio en el que trabajaban unas 300 personas.

 

Era un hombre bueno, recio, de esos en los que uno se pude  apoyar. Se manejaba bien por todo el mundo. Cuando le preguntaba en qué idioma se entendía, ponía cara de sorpresa y decía  “¡En catalán!” Y era verdad. Le parecía lo más normal.

 

Montó un negocio en Venezuela. Le  costó arrancar. Con 50 años y una buena posición económica, se fue a vivir a Caracas. Roser, su mujer, iba allí cada 15 días. En aquella época, yo iba también con mucha frecuencia. Una vez que le tocaba ir a ella, le llamó y le dijo que, como iba yo, ella se había quedado. Y Jaime  le dijo: “Leopoldo me cae bien,  pero prefiero que vengas tú”.

 

Luis es un íntimo amigo mío. Con su hermano montó una empresa en los años 50. (No sé qué me pasa últimamente. Sólo hablo del siglo pasado. Y, si me descuido, del otro, como en el caso de mi abuelo.)

 

Cuando se  casó, se compró un coche de tercera o cuarta mano. Allí dormía su mujer mientras él trabajaba por la noche en la fábrica y ella le esperaba fuera.

 

Mi abuelo, Jaime, Luis… ¡cuánto trabajaban! ¡Y cómo se notó! ¡Y cómo lo notó la gente que tuvo trabajo gracias a ellos!

 

El otro día fui a desayunar a un bar que está cerca de mi casa en Barcelona. Han cambiado el  horario: ahora es de 6.30 a 21, de lunes a domingo.

 

Ya lo sabían, pero han vuelto a inventar lo de mi abuelo, lo de Jaime, lo de Luis: que hay que trabajar. Se  cansarán más, pero seguirán adelante y saldrán de ésta.

 

Veo fotos de la época de mi abuelo, pocas y amarillentas. Y de la época de Jaime y de la de Luis, en blanco y negro. ¡Qué mal  vivíamos entonces! ¡Qué mal estaban las  ciudades! ¡Y qué poco ayudaba el Gobierno!

 

Mi abuelo, y Jaime y Luis nunca se plantearon cómo les podía ayudar el Gobierno. Se jugaron su dinero, y dieron trabajo a mucha gente.

 

¿Qué nos pasa ahora? Tengo la sensación de que llevamos mucho tiempo viviendo demasiado bien. Tengo la sensación de que educamos a los hijos y a los nietos con esa filosofía (por llamarle de alguna manera)  absurda de “no quiero que pasen lo que he pasado yo”.

 

Y esos hijos y esos nietos, una vez educados (¿?) así, se lanzan a  la calle a exigir empleo. O sea, a exigir que unos cuantos se jueguen su dinero para  darles de comer a ellos. Pero ¿qué empleo les van a dar a estos mozos? ¿Quién será el abuelo o el Jaime o el Luis que se jugará su dinero y les dará trabajo?

 

Me parece que tenemos que volver a tomarnos la vida en serio. Que no puede ser que la próxima generación sea una mezcla de merengue y helado de tuti-fruti, con un Master, por supuesto, pero merengues.

 

Yo ahora digo que “de ésta” ya hemos empezado a salir. Pero lo digo pensando que hay muchos abuelos/Jaimes/Luises que, sin manifestarse, están trabajando.

 

Estuve hace unos días en un pueblo cerca de Barcelona, en una reunión de empresarios. Miércoles por la tarde, víspera de puente. La  sala, llena. Los empresarios, planteando sus dudas  y el Alcalde diciendo lo que el Ayuntamiento estaba haciendo para ayudarles. Nadie  se quejaba. Todos planteaban lo que hacían y lo que se podía hacer.

 

Me acordé de mi abuelo, y de Jaime, y de Luis.  Y del dueño del bar de mi barrio.

 

Y pensé que sí, que tengo razón, que ya estamos saliendo de  la crisis. Y que es posible que muchos no se hayan enterado, porque siguen quejándose de lo mal que está todo.

 

Hay que arreglar muchas cosas. Hoy se me ocurren unas cuantas.  (Haciendo un pequeño esfuerzo, se me ocurrirían muchas más, pero no me caben en este artículo.)

 

  1. La  financiación de las empresas. Lo están pasando mal. Muchas  se sienten estranguladas.

 

  1. Las distracciones infinitas del Estado y de las Comunidades Autónomas. No conozco a Núñez Feijóo, Presidente de la Comunidad de Galicia. Sólo he leído que tiene novia y que está reduciendo mucho el gasto de la Comunidad. Pues mire, D. Alberto: ya me cae usted bien. (No por lo de la novia,  que a quien le tiene que caer bien es a usted, sino por lo del gasto.)

 

  1. La formación de los chavales. Antes se decía que hay que hacer hombres para el mañana. Me parece que hoy se dirá hombres/mujeres. Se llame como se llame, hay que volver a poner de moda el trabajo y hay que volver a poner de moda al empresario.

 

  1. Porque a los chavales les tenemos que meter en la cabeza  que hay que trabajar, y que sin trabajar no haremos nada.

 

  1. Y hay que decir en público que sin empresarios, tampoco haremos nada. Y que no me cuenten cuentos: lo del empresario con sombrero de copa, los anillos de oro y el  signo del  dólar en la solapa es una bobada.  Eso no es un empresario. Eso, si existe, es un desgraciado. Los empresarios son otra cosa.   Y nos hacen falta MUCHOS.

 

P.S.

 

  1. No he dicho que, entre las  cosas que hay que hacer, está la reforma laboral, porque no sé qué quiere decir.  Parece que hay unos que dicen que hay que dar facilidades para despedir  y otros que no. También supongo que unos y otros dicen otras  cosas.

 

  1. Como he dicho ya otras veces, creo que lo laboral,  si es que hay que arreglarlo, no se resuelve con una declaración de Fernández Ordóñez, una contradeclaración de Celestino Corbacho, otra declaración de Cándido Méndez y, para rematar, otra contradeclaración de Díaz Ferrán.

 

  1. No, que si hemos de trabajar, hay que hacerlo en serio. Que no podemos hablar y hablar y hablar mirando al tendido, como toreaba Manolete (un torero también del siglo pasado, que a mí me gustaba mucho.) Que hay que mirar al toro, no al público. Todos juntos. Creo que a eso le llaman “diálogo social”. Que le llamen como quieran. Yo le llamaría discurrir con la cabeza y no con los pies.