Inmaculada Concepción

Inmaculada Concepción

VIII

El misterio de la Inmaculada Concepción

 

 

Vi la tierra de Palestina reseca por falta de lluvia y a Elías subiendo con  dos servidores al monte Carmelo; al principio, a lo largo de la ladera; luego sobre escalones, hasta una terraza, y después de nuevo sobre escalones en una planicie con una colina que tenía una cueva hasta la cual llegó. Dejó a sus servidores sobre la ladera de la planicie para que mirasen al mar de Galilea, que aparecía casi seco, con honduras, pantanos y hoyos llenos de peces y animales muertos. Elías se inclinó sobre sí hasta poner su cabeza sobre las rodillas, se cubrió y clamó con fuerza a Dios. Por siete veces llamó a sus siervos, preguntándoles si no veían alguna nube levantarse sobre el mar. Finalmente vi que en medio del mar se levantaba una nubecilla blanca, de la cual salió otra nube negra, dentro de la cual había una figura blanca; se agrandó y en lo alto se abrió ampliamente.

Mientras la nube se levantaba, vio Elías dentro de ella la figura de una Virgen luminosa. Su cabeza estaba coronada de rayos, los brazos levantados en forma de cruz, en una mano una corona de victoria y el largo vestido estaba como sujeto bajo los pies. Parecía que flotaba y se extendía sobre la tierra de Palestina.

Elías reconoció cuatro misterios de la Virgen Inmaculada que debía venir en la séptima época del mundo y de qué estirpe debía venir; vio también a un lado del mar un árbol pequeño y ancho, y al otro, uno muy grande, el cual echaba sus ramas superiores en el árbol pequeño. Observé que la nube se dividía. En ciertos lugares santificados, donde habitaban hombres justos que aspiraban a la salvación, dejaba la nube como blancos torbellinos de rocío, que tenían en los bordes todos los colores del arco iris, y vi concentrarse en ellos la bendición, como para formar una perla entro de su concha. Fuéme explicado que era ésta una figura profética y que en los lugares bendecidos donde la nube había dejado caer los torbellinos hubo cooperación real en la manifestación de la Santísima Virgen. Vi enseguida un sueño profético, en el cual, durante la ascensión de la nube, conoció Elías muchos misterios relativos a la Santísima Virgen.

Desgraciadamente, en medio de tantas cosas que me perturban y me distraen, he olvidado los detalles, como también otras muchas cosas. Supo Elías que María debía nacer en la séptima edad del mundo; por esto llamó siete veces a su servidor. Otra vez pude ver a Elías que ensanchaba la gruta sobre la cual había orado y establecer una organización más perfecta entre los hijos de los profetas. Algunos de ellos rezaban habitualmente en esta gruta para pedir la venida de la Santísima Virgen, honrándola desde antes de su nacimiento. Esta devoción se perpetuó sin interrupción, subsistió gracias a los esenios, cuando estaba ya sobre la tierra, y fue observada más tarde por algunos ermitaños, de los cuales salieron finalmente los religiosos del Carmelo.

Elías, por medio de su oración, había dirigido las nubes de agua según internas inspiraciones: de otro modo se hubiera originado un torrente devastador en lugar de lluvia benéfica. Observé como las nubes enviaron primero el rocío; caían en blancas líneas, formaban torbellinos con los colores del arco iris en los bordes, y finalmente caían en gotas de lluvia. Reconocí en esto una relación con el maná del desierto, que por la mañana aparecía rojizo y denso cubriendo el suelo como una piel que se podía extender. Estos torbellinos corrían a lo largo del Jordán, y no caían en todas partes, sino en ciertos lugares, como en Salén, donde Juan debía más tarde bautizar. Pregunté qué significaban los bordes rojizos, y se me dio la explicación de la concha del mar, que tiene también estos multicolores bordes, que expuesta al sol absorbe los colores y purificada de colores se va formando en su centro la madreperla blanca y pura.

No puedo explicar mejor todo esto; pero se me dio a entender que ese rocío y esa lluvia significaba mucho más de lo que podía ser considerándolo sólo un refrescamiento de la tierra sedienta. Entendí que sin ese rocío la venida de María se hubiese retardado cien años, mientras las descendencias que se nutren de los frutos de la tierra, y se ennoblecen por el aplacamiento y la bendición del suelo, realzasen de nuevo esas descendencias recibiendo la carne la bendición de la pura propagación. La figura de la madreperla se refería a María y a Jesús. Además de la aridez de la tierra por falta de lluvia, observé la esterilidad de los hombres, y cómo los rayos del rocío caían de descendencia en descendencia, hasta la substancia de María. No puedo decirlo mejor. A veces presentábanse sobre los bordes multicolores una o varias perlas en forma de rostro humano que parecía derramar un espíritu que volvía luego a brotar con los demás.

Rafael y Tobías

Rafael y Tobías

IX

Anuncio del Mesías

He visto que por la gran misericordia de Dios se anunció a los paganos piadosos de esa época que el Mesías debía nacer de una Virgen en Judea. Esto sucedió en Caldea, donde había astrólogos, que tenían visiones de una figura en los astros o en mitad del cielo; estos astrólogos profetizaban luego todo lo que veían. También en Egipto he visto anuncios de la futura salud. Le fue mandado a Elías que reuniera a varias piadosas familias dispersar en el Norte, Oriente y Mediodía y las llevase a Judea. Elías envió a tres discípulos de los profetas, que reconoció aptos para dicho objeto, por una señal que le dio el mismo Dios a Elías. Necesitaba gente muy segura, porque era una empresa ardua y arriesgada. Uno de ellos fue al Norte, otro al Oriente y el tercero al Mediodía. Este camino lo llevaba a Egipto por un camino peligroso para los israelitas. Lo he visto en el mismo camino cuando huyó a Egipto la Sagrada Familia, y luego en la ciudad de Heliópolis. En un valle había un gran templo, rodeado de muchos edificios, y él llegó allí a tiempo que se prestaba adoración a un buey vivo. De estos animales había varias figuras en el templo, junto a otros ídolos. Se sacrificaban al ídolo niños que habían nacido deformes.

Como el profeta pasara por allí, lo detuvieron y lo llevaron delante de los sacerdotes. Por suerte éstos eran, en general, muy curiosos de novedades: de otro modo lo habrían matado. Le preguntaron de dónde era, y él les contestó claramente que nacería una Virgen de la cual vendría la salud el mundo; que entonces todos sus ídolos caerían por tierra deshechos. Se maravillaron de lo que les decía, se conmovieron y lo dejaron marchar. Después se reunieron en consejo e hicieron la figura de una Virgen, que pendieron en medio de su templo, extendida en el aire como si planeara. La imagen tenía un peinado semejante al de sus ídolos, de los cuales gran número habían sido puestos en fila. Tenía busto de mujer y el resto era semejante al león.

La imagen de la Virgen que hicieron los egipcios llevaba en la cabeza un pequeño vaso, bastante hondo, parecido al que usaban para medir las frutas; los brazos hasta el codo estaban pegados a lo largo del cuerpo, separándose de él y extendiéndose al alzarse. La imagen tenía algunas espigas de trigo en las manos; tenía tres senos, uno mayor en el centro y otros pequeños más abajo a cada lado. La parte inferior del cuerpo estaba envuelto en largo ropaje; de los pies, pequeños y muy finos, colgaban algo así como borlas. De los dos hombros se alzaban hermosas plumas en forma de rayos, que parecían alas y que eran como dos peines estrechamente unidos entre sí. Tenía otras plumas cruzadas a lo ancho de las caderas, replegadas hacia arriba por la mitad del cuerpo. El vestido no tenía pliegues. Honraron a esta imagen y le ofrecieron sacrificios, rogándole que no destruyera a su buey Apis ni a las demás deidades. Por otra parte, perseveraron en todas las abominaciones de su culto idólatra, empezando, sin embargo, desde ese momento a invocar a la Virgen de la cual habían hecho la imagen, según creo, de acuerdo con diversas indicaciones tomadas del relato del profeta y tratando de reproducir la figura vista por Elías.

He visto cuadros de la historia de Tobías y del casamiento del joven Tobías, por intermedio del ángel, y supe que había allí una figura de Santa Ana y de su historia. El viejo Tobías representaba a la raza piadosa de los judíos que esperaban al Mesías. El haberse puesto ciego significaba que no debía tener más hijos y que debía entregarse más a la meditación y a la oración. Las molestias que le ocasionaba su mujer con sus quejas significaban las formas vacías de los fariseos y doctores de la ley. La paloma era una indicación de la primavera cercana y de la salud venidera.

La ceguera indicaba la espera ansiosa de la redención y la ignorancia del lugar de su advenimiento. El ángel dijo verdad al afirmar que era Azarías, hijo de Ananías, pues estas palabras significaban más o menos: la ayuda de Dios que viene de la nube de Dios. El ángel era la conducción de las descendencias y la conservación y dirección de la bendición misteriosa, hasta su cumplimiento en la Concepción Inmaculada de María. Las oraciones del viejo Tobías y de Sara, llevadas ante el trono de Dios por los ángeles, por haber sido escuchadas, significaban los clamores y deseos de los piadosos israelitas y de las hijas de Sión, pidiendo la venida de la Redención, y también el clamor de Joaquín y de Ana para conseguir la hija de la promesa.

La ceguera de Tobías y la murmuración de su mujer indicaban también el desprecio que se hizo a Joaquín al rechazarle su sacrificio. Los siete pretendientes de Sara muertos, significaban aquéllos antepasados de María y la salud, como asimismo los pretendientes que Ana tuvo que rechazar antes de Joaquín. El desprecio de la criada de Sara indicaba el desprecio de los paganos y de los incrédulos judíos, ante la venida del Mesías, que llevaba a los buenos a rezar. También expresaba el desprecio de la criada de Ana, que movió a ésta a rezar con más fervor hasta que fue oída su petición. El pez que pretendía devorar a Tobías significaba la larga esterilidad de Ana; el corte del hígado, la bilis y el corazón del pez expresaban la mortificación y las buenas obras. El cabrito que la mujer de Tobías había traído a casa en pago de su trabajo, era realmente hurtado, que los hombres le dieron por bueno y pagado barato. Tobías conocía a esta gente y lo sabía, y fue por esto reprochado. Tenía también la significación de los desprecios que sufrían los buenos judíos y esenios de parte de los fariseos y judíos formulistas y otras que no recuerdo. La hiel con la cual el ciego Tobías recobró la vista indicaba la mortificación y la penitencia, por las cuales los judíos elegidos llegaban al conocimiento de la salud y Redención. Indicaba además la entrada de la luz en la oscuridad, por medio de la amarga pasión de Jesucristo, desde su niñez.

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