Me llaman de una radio de Valencia. Los muy traidores me ponen un corte de una profecía que hice hace un año, en la que, por casualidad, acerté, y me dicen que profetice lo que va a suceder en 2010.

 Yo, hace muy poco, era un señor normal. Luego, me convertí en famosete, luego en gurú y después, en profeta. Pocos españoles tendrán un curriculum semejante.

 Y como los de la radio de Valencia me caen muy bien, me lanzo a profetizar, con una imprudencia digna de mejor causa.

Empiezo hablando de la crisis. Me parece que ya os he contado alguna vez que, en una conferencia, me preguntaron si ésta era una crisis en V. Yo no sabía lo que era una crisis en V. Menos mal que el que me hacía la pregunta me dijo que la V significaba hundimiento y recuperación.

Sigo hablando de que la crisis no es en V, sino en L (hundimiento, tramo largo largo horizontal, recuperación en plano inclinado.) Esta forma de crisis la inventé yo, en un programa de televisión, sin saber que ya estaba inventada hace muchos años. Cosas de la ignorancia.

Hablo del tramo largo en el que nos encontramos y en el que creo que nos encontraremos durante un período muy largo. Me piden fechas. Los profetas no daban fechas. Decían que pasarían unas cosas en el futuro, y ahí se quedaban. Para ellos, cien años más, cien años menos, no tenían ninguna importancia.

Digo que antes decía que me llamasen el 1 de enero de 2010. Ahora digo que me llamen el 30 de junio, pero estoy a punto de cambiar al 31 de Diciembre de 2010, porque creo que esto no arrancará antes.

Me preguntan si hemos tocado fondo. Digo que creo que no, porque el número de parados sigue siendo muy serio. Quiero esperar al 24 de Enero y al 24 de Abril, para ver qué cifras me da el Instituto Nacional de Estadística, en la Encuesta de Población Activa, que es la que a mí me gusta.

Me preguntan si las entidades financieras se portarán mejor. Y contesto que Dios lo quiera, pero que no lo sé.

Me hablan de Estados Unidos, que dicen que ha salido de la recesión. Contesto que mientras no salgan del paro, no me lo creo.

Y, al cabo de dos días, dice Obama que lo que le preocupa es el paro. ¡Esto de ser profeta es sencillísimo!

Obama propone una serie de medidas y oigo en algún medio de comunicación que también le va a poner el adjetivo “sostenible” a lo que él propone. Tenemos un Presidente de Gobierno que no nos lo merecemos. ¡Hasta Obama le copia! Este hombre de la Moncloa es un crack.

Me dicen que a ver si Francia y Alemania empiezan a funcionar, que así nos arrastrarán, hacia delante, claro. Pues que nos arrastren. Lo que pasa es que Trichet, Presidente del Banco Central Europeo, dice que, entonces, subirán los intereses, y con lo que debemos y con lo entusiasmados que estamos con lo que debemos, igual seguiremos endeudándonos. Anteayer decía Expansión que las Comunidades Autónomas, en el año 2010 van a emitir deuda, o sea, a pedir dinero por ahí, por una cantidad ridícula, 32.000 millones de euros (los mayores, no intentéis traducirlo a pesetas, porque os puede dar algo). Supongo que alguna vez habrá que devolver esta cantidad -y otras- y que -sigo suponiendo- hasta nos cobrarán intereses por ella. Y como esos intereses suban, igual a estos chicos les da por seguir subiendo los impuestos, por aquello de intentar igualar lo que sale con lo que entra.

Me dicen que qué opino del cambio climático. Yo, ahora, tengo frío (estamos en Diciembre). El otro día, en Buenos Aires, notaba que iba llegando el verano (allí es el equivalente a Junio). Van a estar hablando en Copenhague durante 15 días de este tema. Supongo que allí irá nuestro Presidente y alguien más, como la Vicepresidenta de la Vega, que cada vez me cae mejor por la cantidad de cosas que hace. Me dijeron que había adelgazado últimamente. No me extraña. Pobre señora. Por eso se viste un poco llamativa; para disimular los malos ratos que le hacen pasar unos y otros.

Digo que me preocupa que lo del cambio climático le vuelva a distraer a nuestro Presidente. Es como cuando pienso en uno de mis nietos que es muy listo – como lo son todos mis nietos -(¡qué voy a decir yo!), pero que tiene un problema de fijación. Es eso que nos pasa a muchos. Que vas a hacer una cosa y, por el camino, recoges un papel y lo tiras a la papelera del despacho. Allí encuentras la agenda, que no sabías dónde estaba. La miras y te das cuenta de que hoy es el santo de un amigo. Le llamas y os reís un rato. Sales y te tropiezas con el periódico que acaba de llegar. Le echas una ojeada rápida. Y en ese momento, dices: “Yo, ¿qué tenía que hacer?”

 

Me da miedo que esto es lo que le pasa a nuestro Presidente. Que debe ser listo, que debe ser simpático, que, en público, no habla bien -si digo lo contrario, mentiría-, que para decir obviedades pone una cara muy seria…

Cosas normales. Pero tiene tendencia a la distracción. Se emboba con la primera mariposa que pasa por los jardines de su casa.

Imaginaos qué pasaría si mañana, o pasado, o el lunes, pidiera ir a televisión y soltase un discurso con el siguiente contenido: “Españoles, me voy a dedicar durante este año 2010 a resolver el problema del paro. Y si no lo resuelvo, me echáis. Como dice mi amigo Obama, ´la creación de empleo, a fin de cuentas, depende de los que de verdad crean empleo: las empresas de toda América´. Pues yo digo lo mismo, pero donde él dice América, yo digo España”.

 

Y podemos seguir imaginando. “Y, como consecuencia, ni Presidencia europea ni cambio climático ni aborto ni gaitas. Me quedo en casa y me pongo a hablar con todos los empresarios que quieran venir a verme y les digo que les voy a bajar los impuestos (total, por un poco más de desequilibrio en el Presupuesto  no pasa nada) y que vamos a hacer la reforma laboral -la que sea, pero pronto, por favor- y que vamos a prestigiar a los empresarios y que vamos a repasar y a corregir lo que digan sobre el empresario los libros que estudian los niños porque no es verdad y que vamos a animar a los chavales a que monten negocios y que voy a pegar bronca a algún Presidente autonómico porque he leído que en su Comunidad muchos chavales quieren ser funcionarios.

Y que, además, voy a hablar con los Sindicatos para que se enteren y ayuden  y dejen de hacer tontadas”.

 

Al llegar aquí, se me acaba la inspiración profética, porque me canso. Y comprendo a un profesor del IESE que, hace muchos años, vino a mi despacho, se apoyó en la puerta y me dijo: “¡Qué duro es investigar!” Y pienso que más duro es profetizar.

 

Y ya no sé dónde se acaba el espíritu de profecía y donde empieza el que se me vaya la olla.

Por si faltaba algo, se me ocurre coger la Biblia y, por casualidad, abro por el profeta Amós, que, cuando notó que empezaba  a profetizar, se resistió y dijo: “yo no soy profeta ni hijo de profeta; soy boyero y hábil en preparar los higos de sicómoro”.

 

Al pobre Amós le pasaba lo mismo que a mí. El sabía más que yo en cuanto a manejar bueyes o preparar higos, pero yo lo tengo más fácil, porque profetizar ahora, con todos estos señores que nos rodean -no he dicho que nos gobiernan- dando vueltas por el mundo, está tirao.

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