EL SEÑOR CURA TODO LO HACE MAL

Si, por casualidad, prolonga su homilía unos minutos, nos duerme.

Si es breve, no se ha cansado mucho.

Si levanta la voz, grita.

Si habla normalmente, no se entiende nada.

Si se ausenta, está siempre en la carretera.

Si no se mueve, está estancado.

Si hace visitas, nunca está en casa.

Si está en casa, nunca realiza visitas.

Si habla de economía, es que es un pesetero.

Si no habla del dinero, no se sabe en qué lo emplea.

Si organiza fiestas, nos cansa.

Si no organiza nada, la parroquia está muerta.

Si se para con la gente, no termina nunca.

Si lleva prisa, no escucha jamás.

Si comienza las celebraciones puntualmente, su reloj va adelantado.

Si empieza un minuto más tarde, nos retrasa a todos.

Si restaura la iglesia, malgasta el dinero.

Si no lo hace, descuida todo.

Si es joven, le falta experiencia.

Si es viejo, debería jubilarse.

¿Y si muere?

¡Pues bien!

¡No hay nadie para reemplazarle!

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