Pregón Semana Santa Socuéllamos 2010 (segunda y última parte). José Luis Romero del Hombrebueno Gómez.

La Misericordia de Jesús, su compasión por nuestra miseria personal, a pesar de nuestras incesantes ingratitudes, la lástima que damos a Jesús y que  le mueve a ayudarnos, a perdonarnos,  deben ser  palanca en nuestra vida de fe, razón de nuestra esperanza. Somos pecadores pero Cristo nos persigue con su perdón.

            El bestial sufrimiento a que se vio sometido Jesucristo, bien reflejado en la película de La Pasión de Gibson,  basada en las huellas de la Sábana Santa y en las visiones de la beata Ana Catalina Emmerich, no nos puede dejar impasibles.

            En el huerto de los Olivos, cuando Cristo oraba e iba asumiendo el sufrimiento que le espera se descompuso al pensar como hombre en el sufrimiento, pero su alma, como Hijo de Dios sintió un indecible dolor al ponerse delante de todos los horrores cometidos por el hombre en toda su existencia desde Adán. Crímenes, sacrilegios, tibiezas, odios… todo hubo de redimirlo asumiéndolo en su Persona.

            Cito unos párrafos de  la visión de la beata A Catalina Emmerich de los padecimientos de Jesús en el huerto de los olivos:

            “Postrado en tierra, inclinado su rostro ya anegado en un mar de tristeza, todos los pecados del mundo se le aparecieron bajo infinitas formas en toda su fealdad interior; tomolos todos sobre sí, y ofreciose en la oración, a la justicia de su Padre celestial para pagar esta terrible deuda. Pero Satanás que se agitaba en medio de todos estos horrores con una sonrisa infernal, se enfurecía contra Jesús; y haciendo pasar ante sus ojos pinturas cada vez más horribles, gritaba a su santa humanidad ” ¡ Cómo! ¿Tomarás tú éste también sobre ti? ¿sufrirás su castigo?, ¿quieres satisfacer por todo esto?”. Entre los pecados del mundo que pesaban sobre el Salvador, yo vi también los mios; y del círculo de tentaciones que lo rodeaban vi salir hacia mi como un rio en donde todas mis culpas me fueron presentadas.”

            “Al principio Jesús estaba arrodillado y oraba con serenidad; pero después su alma se horrorizó al aspecto de los crímenes innumerables de los hombres y de su ingratitud para con Dios: sintió un dolor tan vehemente, que exclamó diciendo “¡Padre mío, todo os es posible, alejad este cáliz!”  Después se recogió y dijo: “Que vuestra voluntad se haga y no la mía”. Su voluntad era la de su Padre; pero abandonado por su amor a las debilidades de la humanidad temblaba al aspecto de la muerte. Yo vi la caverna llena de formas espantosas; vi todos los pecados, toda la malicia, todos los vicios, todos los tormentos, todas las ingratitudes que le oprimian: el espanto de la muerte, el terror que sentía como hombre al aspecto de los padecimientos expiatorios, le asaltaban bajo la figura de espectros horrendos. Sus rodillas vacilaban; juntaba las manos; inundándolo el sudor, y se estremecía de horror. Por fin se levantó, temblaban sus rodillas, apenas podían sostenerlo; tenía la fisonomía descompuesta, y estaba desconocido, pálido y erizados los cabellos sobre la cabeza.”

Si la Sábana Santa es auténtica, como parece serlo, los latigazos que recibió son los que describe esta obra cinematográfica. Le golpearon al detenerlo, ante los sumos sacerdotes, conducido hasta Pilatos, después azotado primero con varas y después con un látigo  cuyas tiras de cuero  terminaban con piedras atadas y un pequeño  gancho que al ser retirado se llevaba carne. Cuentan los médicos que han analizado esta reliquia que un ser humano normal hubiese muerto con esta tortura.

 Después el Via Crucis, con las caidas que le provocaron enormes contusiones, y al final la Cruz, donde sumado al dolor, un crucificado ante todo se asfixia y para respirar tenía que elevarse apoyándose en los pies clavados… 

Nos demostró que le importamos mucho y nos recuerda que ésto va en serio, Dios nos quiere a su lado y nos pide que aceptemos nuestra cruz en esta vida, con serenidad y confianza en él que nunca nos carga más peso del que podemos soportar.

            Hago mención aquí también a Santa Faustina Kowalska, la religiosa polaca  a la que Cristo se  reveló. Ella insistía en que Jesús le encargaba que recordase a todos que El está lleno de Misericordia y que suspira más por los pecadores que por los justos, que no quiere que se pierda nadie y que nadie piense que su pecado le ha alejado definitivamente de Dios.

 Nos dice Jesús a través de ella: “ Diles a las almas pecadoras que no tengan miedo de acercarse a Mí, habla de Mi gran Misericordia.” Diario 1396. “Persigo a los pecadores con Mi Misericordia en todos sus caminos y Mi Corazón se alegra cuando ellos vuelven a Mí.” Diario 1728. “Secretaria Mía, escribe que soy más generoso para los pecadores que para los justos. Por ellos he bajado a la Tierra… por ellos he derramado mi sangre; que no tengan miedo de acercarse a Mí, son los que más necesitan Mi misericordia.” Diario 1275.

            No olvidamos la invitación del Papa Juan Pablo II en su inauguración del papado: “No tengais miedo a Cristo”.

No puedo evitar recordar como en el relato de la Pasión queda patente la enorme importancia que Jesús atribuye a la Obediencia.

            Cristo obedece a su Padre, culmina su existencia terrena entregando su vida para salvar la humanidad. Obedece a su Padre y como hijo, en ese acontecer de la obediencia,  sufre ( “sufriendo aprendió a obedecer”… “si es posible que pase de mi este cáliz, pero sea tu voluntad…”) y se siente profundamente triste en el huerto de los olivos y en la cruz exclama… “por qué me has desamparado”… y afirma antes de morir  “todo está cumplido”.

Jesucristo no actuaba espontáneamente, oraba, “hablaba”con su Padre y después actuaba. No paraba de repetir que cumplía la voluntad de su Padre.

La obediencia a Dios, en muchas ocasiones es entendida como esclavitud, sometimiento a una tiranía, pero, la obediencia a Dios es sólo respuesta a su amor, agradecimiento al Creador. Si obedezco a quien me ama no me someto por que su mandato lo es de amor, su autoridad es verdadera. Manda para el bien y pretende que mi realización personal sea correcta y completa para mi verdadera felicidad, para nuestro gozo  y gloria suya.

Obediencia, Padre, Autoridad… es realmente difícil, para nuestra generación, entender correctamente estos conceptos que hablan de la tarea de la Paternidad, en una sociedad empapada de la corriente de pensamiento posmoderno que hace al individuo creer en una plena  autosuficiencia.

Olvidándonos de nuestro entorno, nos concentramos en nuestra realización personal. Además, como no se cree posible llegar a construir un futuro mejor se decide disfrutar al menos el presente con actitudes hedonistas. Recordemos al hijo pródigo rechazando al Padre. Yo me lo guiso, yo me lo como.

 Pero esto es una mentira, ya lo sabemos, el Padre y el Maestro, pero añado, el buen Padre y el buen Maestro son imprescindibles en el desarrollo y el aprendizaje de la persona, y no sólo de niño, sino también de adulto. Si mi Padre me quiere merece mi obediencia y ante todo me conviene obedecerle. Eso hizo Jesús.

¿Y cómo engarzamos aquí la Libertad de Jesús si obedeció, la libertad del cristiano que obedece?

Es tan sencillo como saber que Jesús, y nosotros en todo momento tenemos la puerta de la desobediencia abierta, por eso somos libres, por eso existe el pecado que es la elección equivocada. Por eso Satanás es el seductor, el mentiroso, el que nos ofrece las falsas verdades, los falsos bienes, las distintas opciones libres erróneas que nos acarrean desgracia. El lobo con piel de cordero. Por esa libertad nos equivocamos y de esa manera aprendemos donde está la opción verdadera . Equivocando un camino  aprendemos que el bueno era el otro, pero si en primer lugar elijo el camino bueno soy igual de libre y me ahorro esfuerzo innecesario.

La inmediatez de resultados que hoy se espera de todo esfuerzo, impide también comprender la obediencia, por que sus frutos no se obtienen a corto plazo.

            Por otro lado, Cristo tenía una misión, y dedica su vida a esclarecer y realizar lo concreto de ella hasta que la culmina. Orando, pegado a su Padre…, ” qué hago ahora”, cómo continuo, “qué quieres de mí”.

 Todos nosotros tenemos una misión en la vida, un encargo de Dios que debemos discernir para nuestro bien y el de nuestros hermanos.  Aquí no hay lugar para el azar, Dios no juega a los dados con el Hombre. Somos personajes de una novela llamados cada uno a desempeñar nuestro papel y no otro, ni de otra manera. Somos nuestra misión.  Y nuestra misión es nuestra vocación, como decía el jesuita Querejazu ”Todo nos gusta, pero nada nos contenta. Muchas posibilidades nos atraen, nos tientan,  pero una sola es la que debemos seguir. Todo hombre entre sus varios seres posibles encuentra siempre uno que es su  auténtico ser. La voz que  llama a ese auténtico ser se llama Vocación. Y misión del hombre, primordial, es el realizarlo.”

Cristo es nuestro prototipo de vocación acogida y realizada al completo.

En  lenguaje coloquial decimos que las cosas se hacen “ como Dios quiere y manda”. Hacer en nuestra vida lo que Dios quiere y manda es desarrollar nuestra propia vocación, ser auténticos, nosotros mismos, disfrutar de la satisfacción del deber cumplido, realizar en nuestras vidas la imitación de Cristo.

 Obediencia, Vocación, Misión… cada hombre está aquí por algo ( porque Dios ha querido) y está aquí para algo, porque Dios nos encarga algo.

 En la Pasión de Cristo se dibuja con claridad su Misión, su Vocación, su encargo, su Obediencia a pesar del gran sacrificio que supuso.

 La Pasión de Cristo trascurrió de aquel modo como consecuencia de la Obediencia a su Padre.

El hombre, para imitar a Cristo, tiene que hacerse hijo: confiar, obedecer, disfrutar de la protección del Padre, descansar en la seguridad que ofrece el Padre, comprender que el Padre sabe cosas que nosotros no sabemos y nos ofrece un camino que podemos no entender, porque no conocemos las cosas que El conoce.

 El hombre llega a hacer cosas que le pueden dañar en una magnitud que no imagina. En la parábola del hijo pródigo queda patente: la desobediencia perjudica al hijo libertino, le acarrea infelicidad y desgracia, y sólo la vuelta al Padre restituye el gozo del hijo.

Jesucristo es el hijo que obedece y hasta la cruz, pero a diferencia del hijo mayor de la parábola del hijo pródigo, a Jesús no le amarga obedecer, no pone una mano en el arado y mira atrás, goza su filiación, y no tiene resentimiento hacia el padre porque intente recuperar al que lo rechaza. Al contrario, ayuda al Padre a que el hermano rebelde regrese a casa.

 “Comía con publicanos y pecadores”  y los fariseos que eran los equivalentes al hijo fiel, los de dentro, no entendían que Jesús prestase su dedicación a los rebeldes, a los pecadores, vivían su filiación como pura Ley y no la vivían a fondo, desde el corazón. (Benedicto XVI).

 Hoy nosotros, cristianos viejos, seríamos un poco ese hermano mayor que se queda en casa pero, en el fondo también ha soñado con hacer lo que su hermano y quizá no ha tenido valor. Como dice el Papa Benedicto XVI en su libro “ Jesús de Nazaret”: “(El hermano mayor) Sólo ve la injusticia  cometida con él, respecto del hermano menor que abandona al Padre. Y así se demuestra que él, en silencio, también había soñado con una libertad sin límites, que había un rescoldo interior de amargura en su obediencia, y que no conoce la gracia que supone estar en casa, la auténtica libertad que tiene como hijo.”

Jesús hace dos llamadas: una tratando de conquistar el corazón de sus adversarios, de sus hermanos rebeldes como dice San Pablo: “En nombre de Cristo os pedimos que os reconcilieis con Dios”. Y otra llamada a los hijos fieles, a los de dentro,  recordándoles “Hijo ,tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.” Nos pide valorar nuestra situación de hijos fieles sin que olvidemos que nos ama, y que tenemos que colaborar con él en la conversión de los hermanos perdidos con compasión, para una pronta llegada del Reino de Dios.

La llamada posmodernidad,  corriente cultural que impera hoy,  hija del vacío espiritual y la ausencia de sentido de la vida que dejó  la modernidad, su predecesora, la que soñaba con un mundo feliz gracias la ciencia y la técnica y lejos de la Iglesia, lejos de Dios,  me recuerda al hijo pródigo cuidando puercos y peleándose la comida con ellos. Puede resultar, quizá, un punto de partida para añorar  al gran ausente hoy, la figura del Padre. Un Padre que ha dejado de existir también socialmente. Nadie quiere ser Padre, nadie quiere ser responsable de nada, ni de hijos, ni de proyectos. Toda responsabilidad queda diluida, no hay verdadera autoridad, porque las tenemos ambas mal entendidas. No reconocemos que sin autoridad no hay camino, no hay guía.

Los que permanecemos en la Iglesia, criticamos a los  rebeldes, pero en el fondo envidiamos su “libertad sin límites”, su  “no obediencia”, porque no captamos la grandeza de estar en la casa del Padre y vemos un Dios Ley y nos vemos en relación jurídica con El. Pero Dios es algo más que Ley, hemos de convertirnos al Dios más grande, al Dios del amor. Entonces la obediencia brotará de fuentes más profundas y será, por ello, más sincera y pura, pero sobre todo también más humilde. (Benedicto XVI)

Con todo lo anterior reflexiono sobre las razones de la obediencia de Jesús en la Pasión.

Amaba tanto a su Padre que incluso se sometió al martirio cuando se lo pidió.

Como después, en la historia de la Iglesia, tantos Santos imitando a Jesucristo se  han sometido a martirio por Amor a Dios.

¿Amamos hoy a Cristo? ¿Amamos hoy a Dios? 

Habría que decir: ¿Oramos para descubrir la voluntad de Dios en nuestras vidas? ¿Intentamos discernir nuestra vocación, nuestro encargo de Dios en esta vida?

Sólo es posible cumplir la voluntad de Dios si miramos con los ojos del corazón.  Aplicando sólo la razón únicamente seremos capaces de cumplir leyes y justificarnos.

Sólo es posible abrirse al Amor si hacemos de nuestras vidas una Misión que Dios nos va revelando en la Oración. Es entonces cuando todas las facultades del Hombre se desarrollan con todo sentido, con ilusión… cuando las virtudes se hacen patentes. Cuando el hombre de la mano de Dios se realiza con plenitud..

Os deseo a todos que la Gracia de Dios abunde en vuestras vidas.

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PREGÓN DE LA SEMANA SANTA 2010 SOCUÉLLAMOS (primera parte). José Luis Romero del Hombrebueno Gómez.

Hermanos sacerdotes y hermanos de la Junta de Cofradías, gracias por haber tenido esta gran atención hacia mi persona y haberme permitido dirigirme con este pregón a vosotros, Comunidad Cristiana de Socuéllamos.

  Lo presento como el prólogo de esta Semana Santa 2010, pero antes como un humilde aporte en la evangelización que a todos nos encarga Cristo, para animar y esperanzar a nuestros hermanos en el tortuoso y apasionante camino que conduce a Dios.

Quizá no sea la ocasión más oportuna, pero aprovecho desde aquí para agradecer su testimonio a ciertas personas destacadas en mi formación cristiana: la hermana  Rosa en mi preparación a la primera comunión, la hermana difunta Carmen Mejías (que dejó su vida en la misión carmelita de Timor, donde está enterrada) que se atrevió a hablarme de Jesús en profundidad y me contaba cómo deseaba ser enviada a una misión a entregar su vida; sacerdotes como Don Jesús en mi infancia, mi primer confesor y Don Antonio y Don Secundino que me animaron a realizar el curso de fundamentación cristiana en el Seminario, de dónde conservo gratos recuerdos.  Don Lorenzo Trujillo Díaz,  rector del Seminario de Ciudad Real en mi estancia que me enseñó como enseña un padre, con aprecio y cariño.  Y que decir tiene, a mis padres que me enseñaron, junto con mis abuelos, que Dios es el primero y que siempre han tenido presente al Señor en los momentos más delicados de nuestra familia.

He pensado empezar por el final para destacar que tras la Pasión de Cristo, todo acabó bien, que Cristo resucitó y nos comunicó el Espíritu Santo, que se desarrolló una primera comunidad cristiana que fue el germen de nuestra Iglesia de hoy…, que la resurrección del Señor no ha dejado de dar frutos desde entonces… y que los sigue dando, aunque no los sepamos reconocer. Que se está cumpliendo el plan de Dios y que tenemos que colaborar con El para que se siga desarrollando en cada uno de nosotros…

Que los Cristianos celebramos que hemos sido salvados por Cristo… y no nos debe agobiar nuestro pecado… que sólo hemos de esforzarnos animosamente para ir superando nuestras limitaciones de la mano de Dios, para aprender lo que El quiere que aprendamos: a amar de corazón a las personas y a su creación, superados egoísmos, y así, ser constructores creativos y felices de su Reino que empieza, que está germinando en este mundo.

 Estamos aprendiendo a andar como los niños e inevitablemente tenemos que caer, pero está nuestro Padre al lado con la mano extendida para que no nos desalentemos. Este mundo pasajero es una escuela de Dios.

Pienso que los cristianos hoy, en buena parte arrastrados por la corriente de lo “políticamente correcto”, volvemos la cara, bajamos la mirada cuando Cristo nos mira ensangrentado arrastrando su cruz…  significarse en público hoy como católico y priorizar abiertamente su seguimiento  ya está siendo motivo de dificultades en diversos aspectos de nuestra vida social.

 Entre los mismos cristianos hay excesivas dudas e ignorancia sobre temas fundamentales de fe que provocan sensación de sinsentido en el seguimiento de Cristo. Igualmente vemos como la mera práctica habitual de los sacramentos no es ya común ni entre los que nos llamamos cristianos.  Avergonzarse de Cristo cada vez es más habitual, porque cada vez más se nos señala con el dedo como a San Pedro: “ese es de los que le acompañaban”, “No, yo no le conozco” que traducido hoy sería “ Yo soy cristiano pero no penséis que soy como los del Opus”, y creo sinceramente que ese “no ser del Opus” que tanto repetimos coloquialmente, resulta un sinónimo de “tranquilo, no te asustes, que soy cristiano, pero light, no me vayas a confundir con un fundamentalista”.

 Y me pregunto, ¿independientemente de ser del Opus o de mi parroquia, se puede ser cristiano Light? ¿Puedo afirmar, sin faltar a la mera lógica, que soy cristiano pero que me confieso con Dios, que la misa sólo muy de vez en cuando, que en los negocios a Dios lo dejo en la puerta, que qué es eso de la oración… el Rosario para mi abuela…perdonar es de tontos… Quién hoy de entre nosotros levanta la voz en defensa de Cristo en la calle, de qué forma le reivindicamos en tantas ocasiones en que está siendo injuriado aunque sea tan solo para pedir educadamente respeto hacia El.

Creo que la Semana Santa es un tiempo especial para que reflexionemos sobre ésto.

Nos estamos distanciando de  nuestra Iglesia, de la Iglesia de Cristo. Abundan tal cantidad de eventos lúdicos que la práctica religiosa nos aparece como un cargo.

 Es como cuando hay feria y nos cuesta ir a visitar al abuelo. El esplendor y el ruido de la feria nos hace olvidar lo que nos quiere el abuelo y la gran alegría que supone para él nuestra  presencia. Y de tanto abandonar estas visitas la relación con él se deteriora,  perdemos complicidad y ya entonces visitar al abuelo supondrá una obligación, un cumplido.

Eso sí cuando llega su cumpleaños como hay tarta y propina voy, pero a la tarta y a la fiesta. El abuelo ha pasado a un segundo plano. Eso sería también lo que nos pasa en Semana Santa: las procesiones, vestirse de nazareno, el espectáculo de las bandas de cornetas y tambores… El protagonismo, a veces, ya no lo es tanto de Cristo mismo, sino de la propia  puesta en escena de la Pasión, y entonces es como si nos señalan la luna y miramos al dedo.

Pero el Señor,  lleno de Misericordia y Sabiduría nos hace ver la Verdad y nos alecciona con cariño para que volvamos a visitarle con frecuencia por amor a El y por nada más. Para eso, a cada uno de  nosotros, en nuestra conciencia,  nos hace ver qué es lo principal y dónde tenemos que centrar  nuestra atención. Hay que hacer un esfuerzo constante por volver a poner a Cristo y su mensaje en su sitio, es decir, por delante de todo.

Cristo nos ha traído el GRAN MENSAJE,  LA BUENA NOTICIA.  “hombres y mujeres del mundo, esta vida tiene sentido, Dios está detrás de todo y, al final, todo saldrá bien.” Hay una esperanza, dejemos de lamentarnos, dejemos de disfrutar sólo el presente egoístamente,…”comamos y bebamos que mañana moriremos” dice San Pablo y en socuellamino diríamos  “disfruta todo lo que puedas que eso es lo que te vas a llevar.” No así lo entendemos los cristianos, lo que nos vamos a llevar son las obras de misericordia que hayamos realizado por agradecimiento a Jesús…”tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve enfermo y me visitaste, en la cárcel y fuiste a verme…”

 Miremos hacia delante. La historia de la relación de Dios con el hombre se escribe también en tu vida, eres protagonista de una  parte de esta historia. Reflexionemos…recemos, descubrámoslo y vivamos la GRAN VIDA que nos ofrece Dios. Dios nos pide que abandonemos la mediocre vidilla llena de pequeños placeres mundanos que no son más que nimios consuelos para seguir tirando. Placenteros señuelos de Satanás que trabaja  incesantemente para distraer nuestro seguimiento de Cristo.

En esta Semana Santa, precisamente, recordamos que el mismo Jesús ha dedicado una parte de su agonía en su Pasión para tu exclusiva redención, “cada pelo de tu cabeza está contado”, … para Dios eres único. Somos únicos cada uno de nosotros. Somos pecadores, pero su gran Misericordia está por encima de nuestros pecados…dice el evangelio: ”si vosotros que sois malos, cuando vuestro hijo os pide pan no le dais una piedra, Dios que es sólo Amor qué os dará si le pedís para el bien de vuestras almas…”

 Nos manda amar y confiar en que estamos perdonados. Nos queda ser agradecidos por lo que YA ha hecho por nosotros.

 Recordemos en San Pablo en la carta a los romanos 4: “Hermanos no fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abraham y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia.”

Dios nos regala la salvación a través del Sacrificio de su Hijo. Agradezcámoslo.

            La  Resurrección del Señor supone, el gran triunfo, la gran liberación que espera al hombre. La eternidad en la felicidad, el estar en la presencia de Dios para siempre, todo Luz, todo descanso del alma, de la conciencia… gozo infinito que sólo podemos imaginar …  Creámoslo realmente, Jesús no padeció y murió para “cualquier cosa”.

Jesús antes de bajar a Jerusalén, tras anunciar su muerte a sus discípulos  quiere confortarlos “ No se turbe vuestro corazón, … me voy delante de vosotros para preparar lugar  para vosotros (en el Cielo)… si no fuese así no os lo hubiese dicho” . Esto es lo que mueve a entregarse en esta vida a la voluntad de Dios.

 

            Ningún estado del bienestar puede hacer feliz al hombre. Aunque haya sanidad pública, un sueldo para todos, carreteras… sin Dios, sin corazones convertidos a Dios, no hay sistema capaz de traer verdadera felicidad al hombre. Todas las civilizaciones acaban desmoronándose y la nuestra hoy no ha de ser más ni menos. Occidente como civilización va dando la espalda a Dios y eso no es bueno.

El Reino de Dios no es de este mundo, así ningún reino de este mundo podrá ser de Dios. Los  falsos reinos de este mundo son proyectos de Satanás, tentaciones de independencia con respecto a Dios creador y fin último de nuestras vidas. Todos se pintan muy bien, pero acaban apartando a Dios y la final sometiendo al hombre.

Imperios, repúblicas, dictaduras, monarquias… mil formas de organizar el mundo que apartando a Dios caen, porque el hombre por sí mismo no es capaz del Bien, necesita a Dios. Esto es lo que nos  enseña la Biblia y vemos como sucesivamente en la “Historia de la Salvación” el hombre se ha apartado de Dios y ello sólo le ha traido desgracia.

 En nuestro sistema ya hemos conseguido un bienestar material y vemos cómo  la gente piensa que Dios ya no es necesario. A Dios le pediamos pan, salud… pero ya nos lo han dado la ciencia y la tecnología. Estábamos equivocados no hacía falta Dios, el hombre se bastaba solo. ¿O acaso es que Dios no está para eso?

Satanás tentó a Cristo en el desierto y en su Pasión: “domina el mundo, gobierna el mundo, independízate de Dios.” “¿Vas a obedecer a tu Padre y sacrificarte y sufrir por estos ingratos ?” “Domínalos, no tengas piedad.”

Estamos hartos de pan, pero ¿vive de pan principalmente el hombre? ¿nos ha traido la felicidad este progreso? ¿no está hoy más endurecido nuestro corazón? … aborto (asesinato en cristiano), violencia, corrupción, divorcios (uno de cada dos o tres matrimonios), soledad (abuelos abandonados…), depresión , libertinaje de los hijos (niños rebelados sus padres que les quisieron dar todo excepto lo más importante, una buena educación en valores cristianos), insatisfacción, falta de perdón, puerta cerrada a la procreación generosa y abierta a Dios (tener un hijo no se debe plantear dando tanto peso a lo económico, )…

Para solucionar lo anterior sí hemos de pensar en Cristo, no tanto para dinero y salud. Cristo nos enseña que antes es estar al lado de Dios que estar harto de dinero y salud. Esto es difícil de tragar. Un enfermo orante será pues más gozoso en su alma que  otro sano y solvente apartado de Dios. ¿Para qué quiero la salud si no tengo a Dios? ¿Para qué quiero el dinero si no tengo a Dios? 

Nos fijamos en los afortunados que orgullosos y soberbios dan la espalda a Dios. Exteriormente todo reluce, coches, propiedades, fiestas… la tele está llena de personajes así… nos gustaría disfrutar como ellos… “ojalá me toque la lotería”…pero si pudiésemos ver de la misma forma su interior y contemplásemos el gran vacío que ocupa el alma de quien rechaza a Dios no querríamos ni un céntimo. Algunos santos como Santa Teresa de Jesús en sus visiones nos describen el horror de las almas que han rechazado a Dios.

Nos dice el Papa: “ Interpretar el cristianismo como una receta para el progreso y reconocer el bienestar común (en este mundo) como la auténtica finalidad de todas las religiones, también de la cristiana, es la nueva forma de la misma tentación”,(el reino de Dios en este mundo). Benedicto XVI.

 Hoy adoramos al ídolo “democracia” y estamos viendo cómo sin buenas personas, sin caridad, sin corazones convertidos tampoco nos vale, la corrupción se la come. La democracia no trae el Bien, no contiene lo bueno en sí misma, la hemos idolatrado. El Bien sólo puede venir de Dios. Ser un buen demócrata no te asegura  ser  una buena persona.  El hombre tiene una tendencia al mal y sólo con la ayuda de Dios puede corregirlo.  

Jesús, cuando es tentado por el Diablo en el desierto rechaza la tentación de dominar el mundo, y por eso, en el patíbulo, ante Pilatos, es simbólicamente  puesto en alternativa a Barrabás, lider político que se sublevó a los romanos: pan y poder para Israel. Jesús, sin embargo, es un líder espiritual, el Hijo de Dios, y es rechazado, el hombre se inclina por lo tangible: el pan y el poder.

A Jesús, le habían visto hacer milagros, verdaderas maravillas y, sin embargo, al final, es arrestado, calumniado, azotado… dónde están los milagros que hacía, era una farsa, por qué ahora no emplea su “magia” para librarse de los romanos y los judios … para llegar al poder y dar pan a los suyos…

Olvidaban lo que en tantas ocasiones les había dicho y que repitió definitivamente ante Pilatos:  ”mi Reino no es de este mundo”. Ni los propios discípulos fueron conscientes de ello hasta que Dios les otorgó la gracia del Espíritu Santo, aturdidos no entendían nada, se mantenían al lado de Jesús hasta que en el huerto de Getsemaní, la tentación de la traición por miedo les hizo huir despavoridos.

Los cristianos también hoy huimos despavoridos cuando el seguimiento de Cristo nos plantea retos serios. Sabemos qué es lo bueno muchas veces, pero la tentación del maligno Satanás nos dice “dónde vas… quítate cargos…”

Vuelvo a citar al Papa Benedicto XVI en su libro Jesús de Nazaret: Y si Cristo no nos ha traido el pan ( porque no ha hecho desaparecer el hambre en el mundo). Y si Cristo no ha traido el poder ( porque no gobernó el mundo). ¿Qué vino a traernos?

Vino a traernos a Dios, por tanto, a traernos el Bien, la Verdad, el Camino… lo que nos da la salud del alma, lo que llamamos el gozo interior. Vino a saciar el hambre de Dios y a decirnos que el que quiera ser el primero que sirva a todos con humildad.

Los cristianos ante la existencia de tantas ONG no cristianas, nos hacemos la misma pregunta. Si los no cristianos llevan  el pan a los pobres ¿para qué me hace falta ser cristiano ?

En una misión, lo que primero  lleva un cristiano es a Dios mismo.

 A Dios primero y el pan después. “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” respondió Jesús a Satanás en el desierto.

Para un cristiano el hombre no es otra especie más, como ahora se insiste en inculcar. El hombre verdadero, el HOMBRE con mayúsculas es imagen de Dios, es el rey de la Creación,  a la que debe respetar como tal y debe anteponer a Dios  al pan y a lo tangible.  

La falta de fe no nos deja quitar los ojos de lo que se puede tocar, un buen sueldo,  salud y un sistema político que me lo garantice para mucho tiempo.

El hombre para recibir a Dios tiene que vaciarse primero, llenos de cosas, no nos cabe Dios y hasta pensamos que no lo necesitamos.

Los discípulos, tres años acompañando a Jesús en su intimidad, no fueron capaces de verlo. Esta verdad trascendente, esta capacidad de reconocer la primacía de Cristo  sólo se puede entender con la gracia de Dios, con los ojos de la fe que Dios otorga a quienes El elije.

Si Cristo en su vida pública rompe todos los esquemas de sus coetáneos, en el desenlace de la Pasión más aún. No hay explicación. Sólo a la luz de la Resurrección por medio del Espíritu Santo se podrá entender tamaño sacrificio.

HISPANIA ANNUS DOMINI MMX…

MARCO TULIO CICERON

“El presupuesto debe equilibrarse, el Tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, y la ayuda a otros países debe eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado”.

No hay que inventar ninguna fórmula mágica ni novedosa para superar la crisis… Volvamos a los clásicos en concreto al año 55 antes de Cristo, sustituyamos la palabra «Roma» por «España», al lado de donde pone «funcionarios públicos» podríamos añadir «y los políticos»… No hay que hacer muchos comentarios…