La educación, la hija de Luis y la hombría de bien. D. Leopoldo Abadía, la inteligencia que no ceja.

DECENCIA: Dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas.

Esta es una de las acepciones que tiene la palabra «decencia» según la R.A.E.

La lectura de el artículo que os transcribo a continuación de D. Leopoldo Abadía en EL CONFIDENCIAL  junto con otro de Garrigues Walker en ABC ( http://www.abc.es/20100312/opinion-tercera/europa-desde-america-20100312.html ), ha supuesto para mi un revulsivo esta mañana. La conclusión a la que he llegado es que estamos necesitados, tanto en España como en Europa, (como veréis América es otra cosa) de una revolución pacífica, liderada y promovida por personas íntegras y cultas, que nos lleve de vuelta a ser una sociedad de VALORES, en la que las grandes motivaciones del ser humano vuelvan a ser protagonistas, SACRIFICIO, ENTREGA, ESFUERZO, PATRIA, RESPETO, TRANSCENDENCIA, … etc. en contraposición al «pensamiento débil» y oportunista que nos está llevando a la descomposición espiritual, social y económica (todas unidas entre sí). La vía de conseguir todo esto no puede ser otra que la EDUCACIÓN, primero en las casas, después en la escuela y, por último en la calle…

LA EDUCACIÓN, LA HIJA DE LUIS Y LA HOMBRÍA DE BIEN.

Luis me presenta a su hija. Es una niña de unos 13 años, guapa, con muy buena pinta. Le da vergüenza saludarme. Su padre le dice: “¡mírale a los ojos!”.

Me parece todo un tratado de buena educación. Entiendo que “mirar a los ojos” quiere decir muchas cosas: no ocultarse, ser sincero, actuar con nobleza, sin doblez, aquello del “sea vuestro sí, sí. Sea vuestro no, no”, que se le ocurrió decir a un Apóstol al que, por cierto, le cortaron poco después la cabeza.

Y me acuerdo de la hija de Luis, porque estoy desayunando con mi vecino de San Quirico. Cuando hablo con él, nos miramos a la cara. Aunque no estemos de acuerdo. Aunque digamos eso de “al hilo de lo que estabas diciendo…” y luego, ni hilo ni nada: el que lo ha dicho no lo sigue y, a veces, si lo sigue, es para decir que no.

Esto de saber hablar, de saber escuchar, de dar la oportunidad de que hablen los otros, aun los más opuestos a nuestra manera de pensar, se ha dicho siempre que es propio de países adelantados. He oído con frecuencia que en los países latinos es de otra manera. Que aquí gritamos, discutimos, opinamos…, pero, fundamentalmente, no escuchamos. Queremos soltar nuestro rollo, si es posible sin mirar al vecino, porque lo hacemos delante de un micrófono, y así nos quedamos muy tranquilos y nuestros amiguetes nos aplauden, como si dijeran: “ole mi niño, le ha dejado planchado al otro”.

Mi amigo me dice que le parece muy bien eso de la crisis de decencia que me ha escuchado alguna vez, pero que no sabe si sirve para algo ni cómo se hace ni hasta dónde llega. Que si tiene que quedarse en San Quirico, o puede llegar al pueblo de al lado. Le digo que San Quirico ya está resuelto, porque allí todos somos muy decentes y que por eso, hay que globalizar la decencia y repetirlo muchas veces y, además, ser decentes, porque si no, la gente dice que mucho hablar, pero que, de decencia, nada.

Como se trata de concretar un poco, porque si no, diremos la lista de generalidades que leemos y oímos a diario, saldremos a la calle, él se irá a trabajar y yo a comprar los periódicos, agarramos dos manteles del bar y nos ponemos a hacer la lista de las cosas que nos parece que constituyen la decencia. O sea, lo que podríamos llamar el “test de decencia”. Si las tienes todas (TODAS), eres decente. Si no las tienes todas, no eres medio decente, porque aquí no hay término medio. En vez de decir que eres indecente, te diré que eres mejorable en cuanto a tu decencia.

Para que mi amigo no diga que no me mojo, empiezo yo y pongo eso de mirar a los ojos de la persona con la que estás hablando.

Le dejo desconcertado. Él mira siempre a los ojos y pensaba que eso era lo que todos hacían. Le digo que hay gente que cuando te habla, parece que está repasando la habitación y que tienes la sensación de que lo que dice va dirigido al cartel de toros que hay en la puerta de mi despacho o a la portada de La Vanguardia del día que nací que me regalaron mis hijos cuando cumplí 70 años.

Me pregunta que a qué edad hay que empezar con eso de la buena educación y de la decencia. Y le digo que hay que empezar cuando el chavalín empieza a hablar, porque a esa edad hay que enseñarle a dar gracias cuando le das un vaso de agua.

Y, en cuanto sea un poco mayorcillo, hay que explicarle el significado de cada taco que suelte, con el fin de que sepa que puede meterse con la madre de cualquiera, pero que si le rompen la cara no venga llorando a casa.

(Cuando mis hijos eran pequeños, tenían la lengua un poco larga y soltaban palabros con gran frecuencia. Se me ocurrió reunirles -eran cuatro críos de 5 a 9 años- y les pedí que escribieran una lista de todos los tacos que supieran. Salieron 42, algunos que harían enrojecer a un sargento de Caballería, de cuando existían los sargentos de Caballería. Les expliqué detalladamente el significado de cada taco y, milagrosamente, el número de palabras malsonantes bajó en picado.)

Tenemos que enseñar a nuestros hijos que hay que ser nobles y leales. Que tienen que ser personas de fiar. Que no es verdad que una cosa mala se convierta en buena porque la hagan muchos. Quizá lo he dicho ya alguna vez, pero es fundamental saber que una cosa anormal hecha por mucha gente no se convierte nunca en normal, sino en anormal frecuente.

Tienen que aprender que hay cosas que están bien y cosas que están mal. Que no es verdad que todo es opinable, porque hay algunas cosas –no muchas-, que no son opinables.

Mi amigo va tomando nota a toda velocidad en el mantel del bar. Hoy se ha dejado la libreta en casa, porque pensaba que el desayuno iba a ser de jiji jajá. Y ha descubierto que hay temas, como el de la educación, que de jiji nada, y de jajá, menos. Que nos estamos jugando el futuro de España y estamos yendo, una vez más, en la dirección contraria.

Que estamos fabricando niños blandengues, egoístas, mentirosetes, que no sirven para nada. Y así, no se va a ninguna parte. Mejor dicho, sí se va. Mejor dicho: nos llevan ellos. (Esos “ellos” deben ser esos a los que la gente llama “estos”).

Y luego, nos quejamos de lo malos que son ellos. Y supongo que ellos, que no sé si son malos, pero que tontos no son, piensan: “seguiremos deformándoles, para que no tengan criterio sobre nada. Y así, nosotros seguiremos con lo nuestro, que mal, mal, no nos está yendo”.

Mi amigo dice que sí, que lo de la educación le preocupa. Pero añade que la educación empieza en casa. Y, para que quede claro, me dice que “si un padre y una madre son un par de cenutrios -palabra que le encanta repetir- ¿cómo van a ser sus hijos? ¡Cenutrios! ¡Aunque los manden a Harvard! ¡Serán cenutrios en inglés, que no sé cómo se dice!”

Mi amigo dice que hay que replantearse muchas cosas. Que se ha leído la teoría del safety car que he propuesto en mi último libro, y que todos necesitamos de vez en cuando un safety car, que nos ponga en orden internamente cuando patinamos de mala manera, o cuando hayamos decidido jugar al todo vale, sabiendo que si todo vale, vale todo, con la condición de que el día que nos pase algo no nos quejemos, porque jugábamos a eso. (Esta última frase es mía, pero mi amigo la dice con tanta soltura que estoy seguro que piensa que se le ha ocurrido a él.)

O sea, que hay que educar a los padres. Pues ¡menuda revolución civil vamos a montar! Pero, como dicen en mi tierra, “no hay otra”. Ya podemos hacer Planes de Educación, ya podemos poner máquinas de preservativos en los colegios, ya podemos regalar suscripciones de periódicos a los chicos, que si en casa no les educamos, los chavales saldrán de los Colegios con una deformación grave, pensando que su objetivo en la vida es ser animalitos sanos, que cuando les falle el preservativo ya abortarán (total, ya lo hacen muchas) y que papá Estado, mamá Autonomía y la abuelita Ayuntamiento ya les arreglarán las cosas cuando sean mayores. Y si no se las arreglan, se amenaza con una huelga general y ya está.

  

P.S.

1. Cuando digo lo de “mi último libro”, me refiero al segundo, porque, en confianza, en toda mi vida no he escrito más que dos.

2. Lo de que “mal, mal, no nos está yendo”, será desde el punto de vista económico. Porque desde el punto de vista de hombría de bien, les ha ido MUY MAL.

3. En la “hombría de bien” incluyo, por supuesto, a las mujeres, que también tienen el derecho -y el deber- de tener “hombría de bien”. Porque, o somos iguales, o no somos iguales.

4. Aprovecho el tema para presumir de pertenecer al Patronato de Honor  de la Fundación Nins (www.nins.org) con la que, en esencia, queremos hacer que los niños de hoy no sean los blandengues del mañana.

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Entrevista a José Luis Romero del Hombrebueno. Pregonero de la Semana Santa de Socuéllamos.

Por si no lo sabíais, os anuncio, (no sin una pizca de disimulado orgullo), que mi hermano José Luis ha sido escogido como Pregonero de la Semana Santa de Socuéllamos. A continuación os transcribo una entrevista que le han hecho en el más importante (y único) medio escrito de la localidad, SOCUÉLLAMOS 30 DÍAS.

JOSÉ LUIS ROMERO DEL HOMBREBUENO PREGONARÁ LA SEMANA SANTA. 

El viernes 26 de marzo, a las ocho y media de la tarde, en la Parroquia de Ntra. Sra. De la Asunción, Romero del Hombrebueno se presentará ante la comunidad cristiana socuellamina para anunciar los días que fueron punto de inflexión en la humanidad.

Socuéllamos 30 días: ¿Cómo ha recibido el nombramiento como pregonero, le sorprendió?

José Luis Romero: Recibí la noticia con incredulidad y sorpresa. Soy una persona que gasta muchas bromas, y al sacerdote D. Pedro, que fue quien me dio la noticia, entre ellos. Así que, en un principio pensé que era eso, una broma, y que me querría decir otra cosa. Insistió, y me sentí entonces muy agradecido por el gran honor que supone recibir este encargo, pero también me sentí indigno de ser elegido.

S30d: ¿Qué quiere transmitir con él?

J. L. R.: Quiero destacar el sentido de ser cristiano, hoy también y hoy más que nunca, que la felicidad verdadera del ser humano está dentro de nosotros, es hija de sufrimientos y entregas, de naves quemadas por un fin grande… satisfacción después de una obediencia, de un deber cumplido… del hijo frente al Padre.

            Las otras felicidades son segundas marcas, verdades a medias que son las peores mentiras. El lobo con piel de cordero que está perdiendo al hombre de hoy, que desfila detrás de la melodía del flautista de Hammelin, el bienestar material. Nos lo enseñan los Santos, tantos y tantos que ha dado España.

S30d: ¿Se va a centrar en un personaje o pasaje, o en experiencias personales?

J. L. R.: En tres personajes y el grupo de los apóstoles: Cristo, la Virgen, Satanás y los Apóstoles. Con la interpretación que permita mi humilde experiencia personal de fe en Cristo, llana de altibajos, pecado, dudas, traiciones y desagradecimientos a Él, que siempre te perdona.

S30d: ¿Qué significado tiene para usted la Semana Santa?

J. L. R.: La Semana Santa, la Pasión de Cristo resume el Evangelio. La vida de Cristo en la Tierra se colma de sentido en su final y se completan todas las piezas del puzle. Todos los Santos recomiendan orar mucho reflexionando alrededor de los acontecimientos de la Pasión, ahondando en todos sus detalles.

            La celebración concreta en cada iglesia local arrastra además tradiciones culturales, embellecimientos, adornos, muestras materiales, a través del arte, de adoración a Cristo y enaltecimiento de su entrega por los hombres, procesiones, cofradías, música, silencio… pero todo ello sólo está justificado previa aceptación plena de la invitación de Cristo, “…el que quiera seguirme que cargue con su cruz…”, aceptación del estilo de vida de Cristo dentro de la Madre Iglesia que Él fundó.

            El resto del año es igual de necesaria nuestra presencia y participación en la vida parroquial y de fe, entre y como hermanos. Considero que gana terreno la celebración cultural de la Semana Santa y habría que tener cuidado, pues perdería su sentido.

S30d: ¿Cómo vive usted la Semana Santa, pertenece a alguna cofradía?

J. L. R.: Mi vivencia de la Semana Santa la centro en la participación en los Santos Oficios, la confesión en Cuaresma, oración y celebración interior de la Resurrección, que es el acontecimiento que da sentido a nuestra alegre fe en la Vida Eterna al lado de Dios.

            No pertenezco a ninguna cofradía, pero sólo por casualidad, porque mi abuelo Lino Gómez colaboró en la fundación del Ecce-Homo.

S30d: ¿Qué vinculación tiene con la parroquia?

J. L. R.: En la actualidad formo parte de un grupo de matrimonios que se reúne mensualmente para rezar y realizar actividades de formación cristiana apoyados por el sacerdote D. Pedro Rodríguez. Por otro lado, estoy a disposición de nuestros sacerdotes y parroquia si me necesitan para algo.

JESÚS TE ESPERA…

Hoy, aquí y ahora Dios te está llamando. Crees que estás leyendo estas palabras por casualidad, nada de eso. Hoy Dios utiliza este medio para llamarte a ti, oveja perdida. ¿Cuánto hace que no confiesas tus faltas? No pongas excusas que no te crees ni tú. No tienes ningún pecado que Jesús no pueda perdonar. Sabes de sobra que Jesús es infinitamente bueno y misericordioso, si no acudes a Él es por tu estúpido orgullo. ¿Acaso no recuerdas que dio por ti hasta la última gota de su sangre? ¿En qué oscuro recoveco de tu vida empezaste a perder la fe de tu infancia? Tu alma no entiende otro lenguaje que no sea la sinceridad. Vuelve a Dios, Él siempre ha estado ahí a tu lado, esperando a que te dignaras a mirarlo. Piensa por un momento en el último instante de tu existencia, no tienes una certeza mayor de que tarde o temprano llegará. Cuando sientas que abandonas la vida repentinamente en el estruendo de un accidente de circulación o dando los últimos suspiros agónicos en una cama o quizá anestesiado en medio de una operación, qué más da, en ese momento, cuando oigas a Dios que te llama, cuando Él te pida que le enseñes a qué dedicaste tu vida, en ese momento te acordarás de aquel día que leíste estas palabras y no cambiaste tu rumbo ¿o sí? Está totalmente en tu mano.

Si tu respuesta es positiva vuelve a la Iglesia, hoy mismo, no lo dejes para mañana, busca a un sacerdote da igual el que sea, Dios se habrá ocupado de que sea el adecuado. Y confiesa con sinceridad tus pecados sin callar ninguno conscientemente, quizá te de mucha vergüenza, no importa,  supérala y cuando recibas la absolución comienza a VIVIR una nueva vida de reconciliación con Dios. Te sorprenderá lo fácil que ha sido encontrar el camino de la felicidad, lo fácil que es sentir en tu propia vida que Dios te ama.

No digas que no lo sabías, no digas que nadie te lo dijo.

Ánimo, Dios te está esperando.

EL PADRE AMORTH EXORCISTA EN EL VATICANO.

El sacerdote italiano Gabriele Amorth, uno de los exorcistas más respetados del mundo, no se muerde la lengua: «Tenemos muchísimos sacerdotes y obispos que ya no creen en Satanás», asegura. A sus 85 años acaba de publicar sus memorias, en las que alerta contra la presencia de su mayor enemigo fuera y dentro de la Iglesia. Así lo corrobora en una reciente entrevista al diario italiano «Il Foglio»: «Muchos prelados no creen en el demonio e incluso llegan a decir en público que el infierno y el demonio no existen. ¡Y sin embargo, Jesús, en el Evangelio, habla de ello abundantemente, por lo cual cabría preguntarse si no han leído el Evangelio o no creen en él en absoluto!», sostiene. Lo cuenta Mar Velasco en la Razón.

A la pregunta de si hay miembros de sectas satánicas en el Vaticano, responde sin vacilar: «Sí, los hay. Sacerdotes, monseñores y también cardenales. Lo sé por personas que lo han conocido directamente.Y además es una cosa «confesada» en otras ocasiones por el mismo demonio, bajo obediencia, durante los exorcismos», explica.

Asegura que el Papa está al tanto de todo: «¡Claro que lo sabe! Pero hace lo que puede. Es algo sobrecogedor. Tenga presente que Benedicto XVI es un Papa alemán, viene de una nación decididamente contraria a todas estas cosas. En Alemania, de hecho, prácticamente no hay exorcistas -¡hay naciones enteras sin exorcistas!-, y sin embargo el Papa cree en ello: he tenido ocasión de hablar con él en tres ocasiones, cuando todavía era prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe. Nos recibió como asociación de exorcistas, hizo un gran discurso, animándonos y elogiando nuestro apostolado. Ha hablado de esto explícitamente y en público en varias ocasiones. Y no olvidemos que del diablo y de exorcismos habló muchísimo también Juan Pablo II», recuerda.

«Pablo VI levantó un velo de silencio y censura cuando dijo aquello de que «el humo de Satanás ha entrado en la Iglesia», pero no tuvo consecuencias prácticas. Y creo que es necesario dar la señal de alarma», afirma.

El Padre Amorth recibe en su estudio a centenares de personas al año. De éstas, «sólo unas pocas están verdaderamente poseídas. La mayoría tiene simplemente graves problemas psiquiátricos. Pero hay poseídos», dice. Se presentan para ser liberados. Lo hacen espontáneamente, aunque la «presencia» que posee su cuerpo hace todo lo posible para que los exorcismos no surtan efecto.

La mayor parte de la gente queda poseída después de haber participado en misas negras o ritos satánicos. «Don Amorth» tiene un método para reconocer si una persona está verdaderamente poseída: el agua bendita. «Una vez preparé para una mujer una mesa con dos vasos, uno con agua común y otro con agua bendita. Cuando bebió el agua bendita, pasó de niña atemorizada a persona encolerizada. Con un timbre de voz grave, como si un hombre hablara dentro de ella, me dijo:»¡Te crees muy listo, cura!». Comencé la oración de exorcismo y sólo una hora después, cumplido el rito, sucedió la liberación en la iglesia».

«Faltan exorcistas formados»

La batalla del padre Amorth se libra en dos frentes: contra su habitual enemigo y contra el silencio o la incredulidad de la Iglesia: «El Código de Derecho Canónico dice que los exorcistas deberían ser elegidos entre la flor y nata del clero», explica. «Y sin embargo, no es así. A menudo, los mejores sacerdotes son destinados a ser obispos u a otros cargos. Y los exorcistas que hay tienen poca experiencia, cuando debería ser al revés», se lamenta, mientras recuerda su formación al lado del padre Amantini, exorcista durante más de 40 años en Roma: «A él le debo todo lo que soy», afirma.