MARIJA EN MADRID…

Capilla de Ntra. Sra. de las Maravillas Colegio La Salle Madrid

El  sábado pasado mi mujer y yo tuvimos la oportunidad de ver en vivo a Marija, vidente de Medjugorje en un encuentro en Madrid, en la Capilla del Colegio de los Maristas de  Ntra. Sra. De las Maravillas. La elocuencia de este testimonio se basó sobre todo en la sencillez del acto, en el que nos limitamos a rezar y a escuchar lo que Marija nos contó a través de una traductora. Es curioso comprobar que muchas veces nos acercamos a las apariciones buscando el morbo de lo nuevo o raro, lo sobrenatural. Digamos que nos fijamos sobre todo en los “efectos especiales”, ¿qué ha dicho de nuevo la Virgen, preguntamos?… pues la Virgen no ha dicho nada nuevo, solo nos repite lo que lleva diciendo durante dos mil años, y que resumidamente se puede centrar en las “cinco piedras” de Medjugorje: La Eucaristía como centro de nuestra vida, la oración en familia, sobre todo del Rosario, el ayuno, la confesión mensual y la Biblia.

                Algunas personas encuentran decepcionante el hecho de descubrir que es lo mismo de siempre. Pero si la Virgen está viniendo a recordarnos todo esto es por el hecho de que no estamos respondiendo a su llamada… seguimos dormidos, la Virgen viene a despertarnos, tenemos un tiempo limitado para responder a esta llamada y es a través de Medjugorje en este momento histórico en el lugar en el que especialmente se nos está transmitiendo el mensaje.

                La mayor sorpresa de la jornada fue la de tener la oportunidad de acompañar a Marija en su aparición diaria, (¡¡ a Marija se le aparece la Virgen todos los días !!). Yo no estaba prevenido de lo que iba a ocurrir, y fue emocionante, la Iglesia estaba llena a rebosar, y el público no solo estaba compuesto de personas de edad, también había muchos jóvenes, incluso había niños a los que sus padres querían acercar por una causa u otra a la vidente. Me recordó a los pasajes del Evangelio en los que a Jesús le acercaban los niños y los enfermos… Efectivamente todavía quedan personas con fe. En esta España del laicismo y la negación de lo espiritual aún queda una Iglesia viva. Os invito desde lo más hondo de mi corazón a acercaros al fenómeno de las apariciones de Medjugorje, es la respuesta al grito de desesperación del hombre del siglo XXI, Dios nos da respuestas, nos da pautas para vivir BIEN, pautas concretas, realistas, aplicables a nuestra vida cotidiana. Esta Paz interior que inconsciente o conscientemente tanto anhela nuestro corazón sólo la podemos encontrar en Dios. Un dios accesible a todos por muy pecadores que NOS CREAMOS, no importa vuestra vida pasada, cada uno de Nosotros es importante para dios, no olvidéis que dios tiene contados hasta el último pelo de Nuestra cabeza… venid a dios a través de la virgen maría…

Para saber más del fenómeno de Medjugorje podéis acceder a los enlaces que hay en este blog, o simplemente poniendo esta palabra en google os aparecerán montones de páginas…

Recibid un afectuoso saludo.

Juanjo Romero del Hombrebueno Gómez

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NO SOLO FÁTIMA, HAY MÁS MENSAJES DE LA VIRGEN APROBADOS POR LA IGLESIA.

He leído en LA RAZÓN en la sección de religión un pequeño artículo que habla de apariciones de la Virgen menos conocidas que Fátima o Lourdes pero también aprobadas por la Iglesia.  Os lo transcribo debajo, pienso que esta lectura aporta información sobre este fenómeno tan extraordinario. Recibid un saludo de Juanjo.

Imagen de la Virgen María en Akita (Japón)

De las apariciones marianas reconocidas por la Iglesia en el siglo XX, sólo la de Fátima ha conseguido una popularidad mundial.
 MADRID– Rick Salbato es un periodista católico, autor de «The Miracle of Damascus», un libro de 1990 que describe las apariciones de la Virgen en Siria a la vidente Myrna Nazour, aprobadas por los obispos de Damasco, el católico y el greco-ortodoxo. «¿Cuántos de ustedes conocen la verdadera aparición de Nuestra Señora en Nicaragua en 1978?», escribe. «¿Cuántos la de Japón hace pocos años? Y la de Damasco lleva ahí ocho años».
A Salbato le asombra la popularidad durante décadas de muchas supuestas apariciones no aprobadas por la Iglesia, mientras que algunas que sí han sido aprobadas apenas se difunden. Su teoría es que al demonio le conviene mantener a la gente distraída con casos dudosos y esconder los mensajes aprobados.

Se comparta o no esta idea, es cierto que hay 12 apariciones de la Virgen en el siglo XX aprobadas por la Iglesia y los católicos de a pie desconocen todas, excepto Fátima, que atrae 5 millones de peregrinos al año. Vittorio Messori, en «Hipótesis sobre María» (LibrosLibres, 2007) recuerda que hay una relación entre el tren (es decir, la modernidad) y las peregrinaciones marianas: las revelaciones de la Virgen a Santa Catalina Labouré en 1830 coinciden con el nacimiento del ferrocarril. El tren permitió que se difundiese Lourdes como lugar internacional de peregrinación con enfermos. En cambio, las apariciones de Beauraing , Banneux, Amsterdam, L’Ile-Bouchard o Siracusa, pese a estar todas en Europa y bien comunicadas, se conocen sobre todo en sus respectivos países.
Un mensaje  común

Lo mismo sucede con las más lejanas: Akita en Japón (el cardenal Ratzinger, al aprobarla en 1988, afirmó que se trataba de una continuación de Fátima), Betania en Venezuela, Cuapa en Nicaragua (aprobadas por los obispos del país), Kibeho en Ruanda, Nuestra Señora de Soufanieh (en Damasco) y la de San Nicolás en Argentina. Los mensajes son parecidos en casi todas: penitencia, reconciliación, oración, Rosario.
Algunas, como las Soufanieh y Nuestra Señora de todos los Pueblos, en Holanda, insisten más en otros temas, como la unidad de los cristianos. La de Holanda trata, además, del Espíritu Santo. Soufanieh es original por ecuménica: la vidente Myrna Nazzour era una católica de rito melquita, de 18 años, casada 7 meses antes con un cristiano greco-ortodoxo, y el primer milagro sucedió cuando rezaban por una enferma junto con una musulmana.
Casos rápidos, casos eternos

Los videntes aprobados son de lo más variado: en Beauraing eran cinco niños de la familia Voisin Degeimbre; en Banneux, una niña de 11 años; en L’Ile-Bouchard, cuatro niños de entre 7 y 12 años; en Siracusa, el matrimonio Januso; en Amsterdam, la señora Ida Peerdeman empezó a tener las visiones con 40 años, y escribió sobre 56 apariciones, de 1945 a 1959. La vidente de Akita, Agnes Sasagawa era una novicia japonesa, conversa del budismo. El vidente de Cuapa, Bernardo Martínez, era un laico de 49 años. Consiguió ordenarse sacerdote y ejercer este ministerio los últimos 5 años de su vida. En San Nicolás, la vidente, Gladys Quiroga de Motta, era madre de dos niños pequeños cuando empezaron las apariciones en 1983.

La aprobación de las apariciones suele correr a cargo del obispo local. Se analizan cuatro aspectos: la conformidad del mensaje con la Sagrada Escritura, la comunión con la Iglesia, la coherencia entre la vida de los videntes y su mensaje y los frutos de conversión que despierta. Tanto los frutos como la coherencia requieren de años de observación, aunque hay casos «rápidos», como el de Damasco, aprobado casi al momento. Otros, en cambio, son centenarios.

VIDA DE LA VIRGEN MARIA LXIV Y LXV

LXIV
La adoración de los servidores de los Reyes

Terminada la adoración del Niño, los Reyes se volvieron a sus carpas con  sus
acompañantes. Los criados y servidores se dispusieron a entrar en la gruta.
Habían descargado los animales, levantado las tiendas, ordenado todo; esperaban
ahora pacientemente delante de la puerta con mucha humildad. Eran más de
treinta; había algunos niños que llevaban apenas unos paños en la cintura y un
manto. Los servidores entraban de cinco en cinco en compañía de un personaje
principal, al cual servían; se arrodillaban delante del Niño y lo adoraban en
silencio. Al final entraron todos los niños, que adoraron al Niño Jesús con su
alegría inocente.

Los criados no permanecieron mucho tiempo en la gruta, porque los Reyes
volvieron a hacer otra entrada más solemne. Se habían revestido con mantos
largos y flotantes, llevando en las manos incensarios. Con gran respeto
incensaron al Niño, a la Madre, a José y a toda la gruta del Pesebre. Después de
haberse inclinado profundamente, se retiraron. Esta era la forma de adoración
que tenía la gente de ese país.

Durante todo este tiempo María y José se hallaban llenos de dulce alegría. Nunca
los había visto así: derramaban a menudo lágrimas de contento, pues los
consolaba inmensamente al ver los honores que rendían los Reyes al Niño Jesús, a
quien ellos tenían tan pobremente alojado, y cuya suprema dignidad conocían en
sus corazones. Se alegraban de que la Divina Providencia, no obstante la ceguera
de los hombres, había dispuesto y preparado para el Niño de la Promesa lo que
ellos no podían darle, enviando desde lejanas tierras a los que le rendían la
adoración debida a su dignidad, cumplida por los poderosos de la tierra con tan
santa munificencia. Adoraban al Niño Jesús juntamente con los santos Reyes y se
alegraban de los homenajes ofrecidos al Niño Dios.

Las tiendas de los visitantes estaban levantadas en el valle, situado detrás de
la gruta del Pesebre hasta la gruta de Maraha. Los animales estaban atados a
estacas enfiladas, separados por medio de cuerdas. Cerca de la carpa más grande,
al lado de la colina del Pesebre, había un espacio cubierto con esteras. Allí
habían dejado algo de los equipajes, porque la mayor parte fue guardada en la
gruta de la tumba de Maraña. Las estrellas lucían cuando terminaron todos de
pasar a la gruta de la adoración. Los Reyes se reunieron en círculo junto al
terebinto que se alzaba sobre la tumba de Maraña, y allí, en presencia de las
estrellas, entonaron algunos de sus cantos solemnes. ¡Es imposible decir la
impresión que causaban estos cantos tan hermosos en el silencio del valle,
aquella noche! Durante tantos siglos los antepasados de estos Reyes habían
mirado las estrellas, rezado, cantado, y ahora las ansias de tantos corazones
había tenido su cumplimiento. Cantaban llenos de exaltación y de santa alegría.

Mientras tanto José, con la ayuda de dos ancianos pastores, había preparado una
frugal comida en la tienda de los Reyes. Trajeron pan, fruta, panales de miel,
algunas hierbas y vasos de bálsamo; pusieron todo sobre una mesita baja cubierta
con un mantel. José habíase procurado todas estas cosas desde la mañana, para
recibir a los Reyes, cuya venida ya esperaba, porque la había anunciado de
antemano la Virgen Santísima. Cuando los Reyes volvieron a su carpa, vi que José
los recibía muy cordialmente y les rogaba que, siendo ellos los huéspedes, se
dignaran aceptar la sencilla comida que les ofrecía. Se colocó junto a ellos y
dieron principio a la comida.

José no mostraba timidez alguna; pero estaba tan contento que derramaba lágrimas
de pura alegría. Cuando vi esto pensé en mi difunto padre, que era un pobre
campesino, el cual con ocasión de mi toma de hábito se vio en la ocasión de
sentarse a la mesa con muchas personas distinguidas. En su sencillez y humildad
había sentido al principio mucho temor; luego se puso tan contento que lloró de
alegría: sin pretenderlo, ocupó el primer lugar en la fiesta.

Después de aquella pequeña comida José se retiró. Algunas personas más
importantes se fueron a una posada de Belén, y los demás se echaron sobre sus
lechos tendidos formando círculo bajo la tienda grande, y allí descansaron de
sus fatigas. José, vuelto a la gruta, puso todos los regalos a la derecha del
Pesebre, en un rincón, donde había levantado un tabique que ocultaba lo que
había detrás.

La criada de Ana que habíase quedado después de la partida de su ama, se mantuvo
oculta en la gruta lateral durante todo el tiempo de la ceremonia, y no volvió a
aparecer hasta que no se hubieron marchado todos. Era una mujer inteligente, de
espíritu muy reposado. No he visto ni a la Santa Familia ni a esta mujer mirar
con satisfacción mundana los regalos de los Reyes: todo fue aceptado con
reconocimiento humilde y, casi enseguida, repartido caritativamente entre los
necesitados.

Esta noche hubo bastante agitación con motivo de la llegada de la caravana a la
casa donde se pagaba el impuesto. Hubo más tarde muchas idas y venidas a la
ciudad, porque los pastores, que habían seguido el cortejo, regresaban a sus
lugares. También he visto que mientras los Reyes, llenos de júbilo, adoraban al
Niño y ofrecían sus presentes en la gruta del Pesebre, algunos judíos rondaban
por los alrededores, espiando desde cierta distancia, murmurando y
conferenciando en voz baja. Más tarde volví a verlos yendo y viniendo en Belén y
dando informes. He llorado por estos desgraciados. Sufro viendo la maldad de
estas personas que entonces como también ahora se ponen a observar y a murmurar,
cuando Dios se acerca a los hombres, y luego propalan mentiras, fruto de malicia
y perversidad. ¡Oh, cómo me parecían aquellos hombres dignos de compasión!
Tenían la salvación entre ellos y la rechazaban, en tanto que estos Reyes,
guiados por su fe sincera en la Promesa, habían venido desde tan lejos para
buscar la Salvación.

En Jerusalén he visto hoy a Herodes en compañía de algunos escribas, leyendo
rollos y hablando de lo que habían contado los Reyes. Después, todo entró de
nuevo en calma como si hubiese interés en hacer silencio en torno de este
asunto. 

LXV
Nueva visita de los Reyes Magos

Hoy de mañana, he visto a los Reyes Magos y a otras personas de su séquito que
visitaban sucesivamente a la Sagrada Familia. Los vi también durante el día
junto a sus campamentos y bestias de carga, ocupados en diversas distribuciones.
Como estaban llenos de alegría y se sentían felices, repartían muchos regalos.
He entendido que era costumbre entonces hacerlos en ocasión de acontecimientos
felices. Los pastores que habían ayudado a los Reyes recibieron valiosos
regalos, como también muchos pobres. Vi que ponían chales y paños sobre los
hombros de algunas viejecitas que habían llegado hasta el lugar. Algunas
personas del séquito de los Reyes deseaban quedarse en el valle de los pastores
para vivir con ellos. Hicieron conocer su deseo a los Reyes, los cuales no sólo
les dieron permiso sino que los colmaron de regalos, proveyéndoles de colchas,
vestidos, oro en grano y dejándoles los asnos en que habían venido montados.

Cuando vi que los Reyes distribuían tantos trozos de pan, yo me preguntaba de
dónde podían haberlo sacado, y recordé que los había visto, en los lugares donde
hacían campamento, preparar, con la provisión de harina que traían, panecillos
chatos como galletas, en moldes y amontonarlos dentro de cajas de cuero muy
livianas, que cargaban sobre sus bestias. Han llegado muchas personas de Belén
que, bajo diversos pretextos, rodeaban a los Reyes para obtener obsequios.

Por la noche volvieron los Reyes para despedirse. Apareció primero Mensor. María
le puso al Niño en los brazos, que el rey recibió llorando de alegría. Luego
acercáronse los otros dos Reyes, derramando lágrimas. Trajeron muchos regalos a
la Sagrada Familia: piezas de telas diversas, entre las cuales algunas parecían
de seda sin teñir y otras de color rojo o con diversas flores. Dejaron muy
hermosas colchas. Dejaron sus grandes y amplios mantos de color amarillo pálido,
tan livianos que al menor viento eran agitados: parecían hechos de lana
extremadamente fina. Traían varias copas, unas dentro de otras; cajas llenas de
granos y en un canasto, tiestos donde había hermosos ramos de una planta verde,
con hermosas flores blancas: eran plantas de mirra. Los tiestos estaban
colocados unos encima de otros dentro del canasto. Dejaron a José unos jaulones
llenos de pájaros, que habían traído en cantidad sobre sus dromedarios, para su
alimento durante el viaje.

Al momento de despedirse de María y del Niño, derramaron abundantes lágrimas.
María estaba de pie junto a ellos en el momento de la despedida. Llevaba en
brazos al Niño envuelto en su velo y dio algunos pasos para acompañar a los
Reyes hasta la puerta de la gruta. Se detuvo en silencio y para dejar un
recuerdo a aquellos hombres tan buenos quitóse el gran velo que tenía sobre la
cabeza, que era de tejido amarillo y con el cual envolvía a Jesús y lo puso en
manos de Mensor. Los Reyes recibieron el regalo inclinándose profundamente. Una
alegría llena de respeto los embargó cuando vieron a María sin velo, teniendo al
Niño en brazos. ¡Cuán dulces lágrimas derramaron al dejar la gruta! El velo fue
para ellos desde entonces la reliquia más preciada que poseyeran.

La Santísima Virgen recibía los dones, pero no parecía darles importancia
alguna, aunque en su humildad encantadora mostraba un profundo agradecimiento a
la persona que hacía el regalo. En todos estos homenajes no he visto en María
ningún acto o sentimiento de complacencia para consigo misma. Sólo por amor al
Niño Jesús y por compasión a San José se dejó llevar de la natural esperanza de
que en adelante el Niño Jesús y José encontrarían en Belén más simpatía que
antes y que ya no serían tratados con tanto desprecio como lo fueron a su
llegada. La tristeza y la inquietud de José la había afligido en extremo.

Cuando volvieron los Reyes a despedirse ya estaba la lámpara encendida en la
gruta. Todo estaba oscuro afuera. Los Reyes se fueron en seguida con sus
acompañantes y se reunieron debajo del terebinto, sobre la tumba de Maraña, para
celebrar allí, como en la víspera, algunas ceremonias de su culto. Debajo del
árbol habían encendido una lámpara y al aparecer las estrellas comenzaron a
rezar sus preces y a entonar melodiosos cantos, produciendo un efecto muy
agradable en ese coro las voces de los niños. Después se dirigieron a la carpa
donde José había preparado una modesta comida. Concluida ésta, algunos se
volvieron a la posada de Belén y otros descansaron bajo sus carpas.

MARIJA, la vidente de Medjugorje viene a España.

Marija, vidente de Medjugorje

Si visitáis de vez en cuando esta página conoceréis el controvertido fenómeno de las apariciones de la Virgen María en Medjugorje. Nos habla de ello Sor Emmanuel Maillard, protagonista de varias entradas en el blog, así como María Vallejo Nágera la cual podréis conocer por varios enlaces que están a vuestra disposición en esta página.

Lo especial del caso es que Marija no «vió» a la Virgen,  Marija «sigue viendo» a la Virgen. Como sabréis, creer en las apariciones de Medjugorje no está censurado por la Santa Madre Iglesia, están investigando actualmente sobre la veracidad del fenómeno, por lo que no es dogma de fe, es decir, se puede ser perfectamente católico aunque no te creas nada de estas apariciones. Yo soy de los que creo y por eso me hago eco de las informaciones que de allí me llegan.

La noticia de hoy es que está confirmado que Marija viene a España, visitará varias ciudades. Yo os puedo hablar de mi experiencia personal porque asistí a la visita a España de Sor Emmanuel Maillard a España y os aseguro que mereció muchísimo la pena. Así que os aconsejo que si podéis, os acerquéis a estos encuentros.

Os voy a  transcribir los lugares, fechas y programas de estas visitas.

Barcelona – Viernes 28 de Mayo en la Parroquia de Santa Maria de Jesús de Gracia, en la c/. Gracia, 5.

18.00h – 19.30h. Santo Rosario y Adoración.

19.30h. Santa Misa

20.15h. Testimonio de Marija

21.15h. Finalización del Acto.

Madrid – Sábado 29 de Mayo en la Capilla del Colegio Nuestra Señora de las Maravillas – La Salle, en la c/ Guadalquivir, 9.

16.30h. Santo Rosario

17.00h. Testimonio de Marija

18.30h. Santo Rosario

19.00h. Santa Misa

20.00h. Adoración

21.00h. Finalización del Acto.

 
Sevilla -Domingo 30 de Mayo en la Iglesia del Salvador, en la Plaza del Salvador s/n.

9.30h. Santo Rosario

9.50h. Testimonio Marija

11.00h. Finalización del Acto.

EL SECRETO DE LA SALETTE.

Videntes de LA SALETTE

 

«Melanie, esto que yo te voy a decir ahora no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858: Los Sacerdotes, Ministros de mi Hijo, los Sacerdotes…, por su mala vida, por sus irreverencias e impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. ¡Sí!… ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a Mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al Cielo… No no se encuentra nadie que implore misericordia y perdón para el Pueblo. Ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la víctima sin mancha al Eterno, en favor del mundo…  ¡Ay de los habitantes de la Tierra…!  ¡Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la serpiente antigua poner divisiones entre los soberanos, en las sociedades y en las familias. (…) La sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y los más grandes acontecimientos. ..  Muchos abandonarán la Fe, y el número de Sacerdotes y religiosos que se separarán de la verdadera religión será grande. Entre estas personas se encontrarán incluso Obispos. Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues llega el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires. (…) Lucifer, con gran número de demonios, será desatado del Infierno; abolirán la fe, aún entre las personas consagradas a Dios. (…) Muchas casas religiosas perderán completamente la fe y perderán a muchísimas almas. Los malos libros abundarán en la Tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios. Habrá Iglesias para servir a esos espíritus. (…) ¡Ay de los príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas, a poner a salvo su autoridad y dominar con orgullo!
El Vicario de Mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa. Dado el olvido de la santa Fe en Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. (…) El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor verán el triunfo de la Iglesia de Dios. Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso para dar lugar al materialismo, al ateísmo, (…) a toda clase de vicios. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la Tierra. Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano… habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Cristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia. Al primer golpe de su espada fulminante las montañas y la naturaleza temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los Cielos. París será quemado, y Marsella engullida; varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se oirá más que ruido de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho, sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el Cielo, y todo el Pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorarán su ayuda e intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de justicia y de su gran misericordia con los justos, mandará a sus ángeles que destruyan a todos sus enemigos. Los perseguidores de la Iglesia de Cristo y los hombres dados al pecado perecerán de golpe, y la Tierra quedará como un desierto.
Entonces será la paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado. La caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios.» (…)
(Las profecías de La Salette no parecen haber sido dictadas en orden sucesivo, no son correlativas. Continúa:)
«La Tierra será castigada con todo género de plagas. Habrá guerras, hasta la última que la harán los diez reyes del anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán al mundo. Antes que eso suceda, habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la Santa Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, creerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo, Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad. La naturaleza clama venganza contra los hombres, y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la Tierra encharcada de crímenes…  Muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo. Durante este tiempo nacerá el anticristo… Hará prodigios y no se alimentará sino de impurezas. … Se cambiarán las estaciones… Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos.

ROMA perderá la Fe y se convertirá en la sede del anticristo. Los demonios del aire, con el anticristo, harán grandes prodigios en la Tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes. Todos los pueblos y todas las naciones conocerán la verdad.
Hago una apremiante llamada a la Tierra, llamo a los verdaderos discípulos del Dios que vive y reina en los Cielos, llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho hombre, el único y verdadero salvador de los hombres. Llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos, a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi Divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en mis brazos, los que han vivido de mi espíritu. Finalmente… Llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos. Los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios. En el sufrimiento, y desconocidos del mundo. Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la Tierra: Id y mostraos como mis hijos queridos, yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal que vuestra fe sea la luz que os ilumine en esos días de infortunio. … Luchad hijos de la luz, vosotros pequeño número… pues ya está aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines. La Iglesia se oscurecerá, el mundo quedará consternado… Muchas almas serán consoladas. Harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo, y condenarán los errores diabólicos del anticristo. ¡Ay de los habitantes de la Tierra…! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso…  ¿Quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos, Dios se dejará aplacar…  Aquí está la bestia con sus súbditos, llamándose el salvador del mundo. Se elevará con orgullo por los aires para subir hasta el Cielo. Será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá. Y la Tierra, que llevará TRES DÍAS en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego. Será hundido para siempre, (el anticristo), con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado. Dios será servido y glorificado.»
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Los hechos referidos en el secreto de La Salette no parecen ser dictados en orden sucesivo, no podemos entenderlos en forma cronológica. A veces se repite lo que se dijo anteriormente. ( «Estilo cíclico», característica Apocalipsis de San Juan.) Se habla del triunfo definitivo de la Iglesia, después del Juicio de las Naciones o purificación de la humanidad, en el que todo será renovado y habrá entonces un solo rebaño y un solo pastor. También se habla del nacimiento y de la actuación del anticristo. Referirse al anticristo es llegar al máximo grado de apostasía universal. También hace referencia a los dos testigos, que condenarán los errores del anticristo y exhortarán al mundo a hacer penitencia. Testigos que al final serán vencidos y muertos. ( Apoc. cap. XI.) Algunas profecías ya se han cumplido:
A.-Que el Papa no saliera de Roma después de 1859, año a partir del cual, vencida Austria, querían que el Papa abandonase Roma para conseguir la unidad italiana.
B.-La profecía de Napoleón también se cumplió al pie de la letra: cayó «sobre la propia espada de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo»; esa fué Prusia, de ella se sirvió para debilitar a Austria, la potencia católica. etc.
El punto central del mensaje de La Salette es que: 1.- «Vendrán una serie de castigos y catástrofes…», Por causa (o producto), de los pecados de los hombres. 2.- «Muchos sacerdotes se apartarán de la sana doctrina.» Una triste realidad hoy en día, de la que nosotros tenemos mucha culpa por no haber rezado suficientemente por ellos. Y ahora Satanás ha cegado las inteligencias de muchas almas consagradas.) 3.- «Muchas casas religiosas se apartarán de la verdadera fe.» Vivimos en un desconcierto doctrinal sin precedentes. Nuestra Señora hace referencia al anticristo, y que Roma perderá la fe y se convertirá en su sede. (Afirmaciones que no chocan con lo revelado en la Sagrada Escritura.) Dios permitirá a Satanás tentar a los hombres y al mundo y éste llegará al caos, al desorden y la desesperación. Y por un acto de su justicia y su misericordia mandará purificar y renovar al mundo, y a su Iglesia, y la vida en la Tierra continuará con aquellos hombres justos y orantes que supieron estar vigilantes a los mensajes marianos y al espíritu cristiano, y vendrá entonces, -como está profetizado-, el reinado de los Sagrados Corazones de Jesús y de María.
La Santísima Virgen clarifica en La Salette los Últimos Tiempos, y hace una llamada a los verdaderos imitadores de su Hijo, a los «Apóstoles de los Últimos Tiempos», que ayudarán al triunfo definitivo de Jesucristo, con Paz y reconciliación de Dios con los hombres, cuando la Santa Iglesia será piadosa, fuerte, humilde e imitadora de las virtudes de Jesucristo. Según la tesis de que estamos en los ULTIMOS TIEMPOS, el «Final de los Tiempos», (no el fin del mundo), y que una purificación dará lugar a la conversión de los judíos y del mundo, lo fundamental del Secreto de La Salette, referido a la época actual, es «LA GRAN APOSTASIA» denunciada ya por Pablo VI: «el humo del infierno se ha infiltrado en la Iglesia».
Con una especial responsabilidad del clero. Una crisis espantosa de la Iglesia, una persecución religiosa, y castigos apocalípticos; castigos también anunciados en Fátima, y en otras apariciones: «Varias naciones serán aniquiladas…»
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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.» (Papa Urbano VIII, 1636 )

Una aparición de la Virgen María menos conocida que Fátima y Lourdes. LA SALETTE.

Imagen de Ntra. Sra. de La Salette, en actitud llorosa.

El 19 de septiembre de 1846 se apareció la Santísima Virgen en La Salette (Francia), a dos pastorcitos naturales de Corps: Melanie Calvat de quince años, y Maximin Giraud de once. La Santísima Virgen les confió un secreto, unas advertencias para los tiempos venideros: «el secreto de La Salette.»
MELANIE CALVAT probó en varios conventos, no fué admitida a los votos perpetuos. Melanie, estigmatizada y bajo constante dirección espiritual del obispo de Lecce, un virtuoso varón, murió en Italia, el 14 de diciembre de 1904, a los 73 años de edad. MAXIMIN GIRAUD quiso estudiar teología, después medicina. Fue siervo papal; murió en su patria a los 38 años de edad.
La Aparición de La Salette fué aprobada oficialmente por el obispo de la Diócesis, y reconocida por S. S. Pío IX. El 19 de septiembre de 1851, (quinto aniversario de la aparición), Monseñor Filiberto de Bruillard, Obispo ordinario de la diócesis de Grenoble (Francia), a la que pertenece la aldea de La Salette, publicó un decreto en el que entre otras cosas, dice: «Juzgamos que la aparición de la Sma. Virgen a dos pastores el 19 de septiembre de 1846, en la parroquia de La Salette, arciprestazgo de Corps, (Grenoble, Francia), presenta todas las características de verdadera y los fieles tienen fundamento para creerla como indudable y cierta. Aumenta la certeza el concurso inmenso y espontáneo (de gentes) al lugar de la aparición, así como multitud de prodigios, de los cuales es imposible dudar sin ir contra las reglas del testimonio humano. (…) Por tanto prohibimos a los fieles y sacerdotes de nuestra Diócesis hablar públicamente o escribir en contra del hecho que hoy proclamamos.»
El 24 de agosto de 1852, Su Santidad Pío IX, concedió que fuera privilegiado el Altar Mayor del templo de La Salette; el 7 de septiembre fundó la Asociación de Nuestra Señora Reconciliadora de La Salette. La Hermandad Misionera de La Salette, los SALETINOS, cuyos frutos fueron y son muy provechosos para la Iglesia y para las Misiones. León XIII elevó el santuario al rango de Basílica y decretó la coronación canónica de «Nuestra Señora de La Salette», efectuada por el Cardenal de París, el día 21 de Agosto de 1879. Nuestra Señora reveló en La Salette dos secretos, uno a Melanie y otro a Maximin. El secreto dado a Melanie constituye lo que comúnmente se conoce como el»el Secreto de la Salette.» Un extracto del mismo fué publicado en 1879 por Melanie, con imprimátur del Obispo de Lecce, – Italia.- En 1922 se dió a conocer el texto completo, con Licencia del Rvdo. Padre Lepidi O.P., Maestro del Sagrado Palacio y Asistente Perpetuo de la Congregación del Santo Oficio, (la Congregación de la Fé.)
(SIGUE)

VIDA DE LA VIRGEN MARÍA, LXII Y LXIII

LXII
Viaje de los Reyes de Jerusalén a Belén

Veo la caravana de los Reyes junto a una puerta situada al Mediodía. Un grupo de
hombres los acompañaba hasta un arroyo delante de la ciudad, y luego volvieron.
No bien habían pasado el arroyo, se detuvieron buscando con los ojos la estrella
en el firmamento. Habiéndola visto prorrumpieron en exclamaciones de alegría y
continuaron su marcha cantando sus melodías. La estrella no los llevaba en línea
recta sino que se desviaba algo hacia el Oeste. Pasaron frente a una pequeña
ciudad, que conozco muy bien; se detuvieron detrás de ella, y oraron mirando
hacia el Mediodía, en un paraje ameno cerca de un caserío. En este lugar,
delante de ellos, surgió un manantial de agua, que los llenó de contento.
Bajando de sus cabalgaduras cavaron para esta fuente un pilón, rodeándolo de
piedras, arena y césped. Durante varias horas se detuvieron allí dando de beber
y alimentando a sus bestias. También tomaron su alimento, ya que en Jerusalén no
habían podido descansar ni comer debido a las preocupaciones de la llegada. He
visto más tarde que Jesucristo se detuvo varias veces junto a esta fuente en
compañía de sus discípulos.

La estrella, que brillaba en la noche como un globo de fuego, se parecía ahora
más bien a la luna cuando se la ve de día; no era perfectamente redonda, sino
que parecía recortada y a menudo estaba oculta entre las nubes. En el camino de
Belén a Jerusalén había mucho movimiento de caminantes con equipajes y animales
de carga. Eran personas que volvían quizás de Belén después de pagar los
impuestos, o que iban a Jerusalén al mercado o para visitar el Templo. Esto
sucedía en el camino principal; pero el sendero de los Reyes estaba solitario, y
Dios los guiaba por allí sin duda para que pudieran llegar de noche a Belén y no
llamar demasiado la atención.

Se pusieron en camino cuando el sol estaba muy bajo; marchaban en el orden con
que habían venido. Mensor, el más joven, iba delante; luego Sair, el cetrino, y
por último, Teokeno, el blanco, por ser de más edad. Hoy, a la hora del
crepúsculo, he visto a la caravana de los Reyes llegando a Belén, cerca de aquel
edificio donde José y María se habían hecho inscribir y que había sido la casa
solariega de la familia de David. Quedan sólo algunos restos de los muros del
edificio que había pertenecido a los padres de José. Era una casa grande rodeada
de otras menores, con un patio cerrado, delante del cual había una plaza con
árboles y una fuente. Vi soldados romanos en esta plaza, porque la casa se había
convertido en una oficina de impuestos.

Al llegar la caravana cierto número de curiosos se agolpó en torno de los
viajeros. La estrella había desaparecido de nuevo y esto inquietaba a los Reyes.
Se acercaron algunos hombres dirigiéndoles preguntas. Ellos bajaron de sus
cabalgaduras y desde la casa he visto que acudían empleados a su encuentro,
llevando palmas en las manos y ofreciéndoles refrescos: era la costumbre de
recibir a los extranjeros distinguidos. Yo pensaba para mí: «Son mucho más
amables de lo que lo fueron con el pobre José; sólo porque éstos distribuían
monedas de oro». Les dijeron que el valle de los pastores era apropiado para
levantar las carpas, y ellos quedaron algún tiempo indecisos. No les he oído
preguntar nada del Rey y Niño recién Nacido. Aún sabiendo que Belén era el lugar
designado por las profecías, ellos, recordando lo que Herodes les había
encargado, temían llamar la atención con sus preguntas.

Poco después vieron brillar en el cielo un meteoro, sobre Belén: era semejante a
la luna cuando aparece. Montaron en sus cabalgaduras, y costeando un foso y unos
muros en ruina dieron la vuelta a Belén por el Mediodía y se dirigieron al
Oriente, en dirección a la gruta del Pesebre, que abordaron por el costado de la
llanura, donde los ángeles se habían aparecido a los pastores.

La Asoración de los Reyes

 

LXIII
La adoración de los Reyes Magos

Se apearon al llegar cerca de la gruta de la tumba de Maraña, en el valle,
detrás de la gruta del Pesebre. Los criados desliaron muchos paquetes,
levantaron una gran carpa e hicieron otros arreglos con la ayuda de algunos
pastores que les señalaron los lugares más apropiados. Se encontraba ya en parte
arreglado el campamento cuando los Reyes vieron la estrella aparecer brillante y
muy clara sobre la colina del Pesebre, dirigiendo hacia la gruta sus rayos en
línea recta. La estrella estaba muy crecida y derramaba mucha luz; por eso la
miraban con grande asombro. No se veía casa alguna por la densa oscuridad, y la
colina aparecía en forma de una muralla. De pronto vieron dentro de la luz la
forma de un Niño resplandeciente y sintieron extraordinaria alegría. Todos
procuraron manifestar su respeto y veneración.

Los tres Reyes se dirigieron a la colina, hasta la puerta de la gruta. Mensor la
abrió, y vio su interior lleno de luz celestial, y a la Virgen, en el fondo,
sentada, teniendo al Niño tal como él y sus compañeros la habían contemplado en
sus visiones. Volvió para contar a sus compañeros lo que había visto. En esto
José salió de la gruta acompañado de un pastor anciano y fue a su encuentro. Los
tres Reyes le dijeron con simplicidad que habían venido para adorar al Rey de
los Judíos recién Nacido, cuya estrella habían observado, y querían ofrecerle
sus presentes. José los recibió con mucho afecto. El pastor anciano los acompañó
hasta donde estaban los demás y les ayudó en los preparativos, juntamente con
otros pastores allí presentes.

Los Reyes se dispusieron para una ceremonia solemne. Les vi revestirse de mantos
muy amplios y blancos, con una cola que tocaba el suelo. Brillaban con reflejos,
como si fueran de seda natural; eran muy hermosos y flotaban en torno de sus
personas. Eran las vestiduras para las ceremonias religiosas. En la cintura
llevaban bolsas y cajas de oro colgadas de cadenillas, y cubríanlo todo con sus
grandes mantos. Cada uno de los Reyes iba seguido por cuatro personas de su
familia, además, de algunos criados de Mensor que llevaban una pequeña mesa, una
carpeta con flecos y otros objetos.

Los Reyes siguieron a José, y al llegar bajo el alero, delante de la gruta,
cubrieron la mesa con la carpeta y cada uno de ellos ponía sobre ella las
cajitas de oro y los recipientes que desprendían de su cintura. Así ofrecieron
los presentes comunes a los tres. Mensor y los demás se quitaron las sandalias y
José abrió la puerta de la gruta. Dos jóvenes del séquito de Mensor, que le
precedían, tendieron una alfombra sobre el piso de la gruta, retirándose después
hacia atrás, siguiéndoles otros dos con la mesita donde estaban colocados los
presentes. Cuando estuvo delante de la Santísima Virgen, el rey Mensor depositó
estos presentes a sus pies, con todo respeto, poniendo una rodilla en tierra.
Detrás de Mensor estaban los cuatro de su familia, que se inclinaban con toda
humildad y respeto.

Mientras tanto Sair y Teokeno aguardaban atrás, cerca de la entrada de la gruta.
Se adelantaron a su vez llenos de alegría y de emoción, envueltos en la gran luz
que llenaba la gruta, a pesar de no haber allí otra luz que el que es Luz del
mundo. María se hallaba como recostada sobre la alfombra, apoyada sobre un
brazo, a la izquierda del Niño Jesús, el cual estaba acostado dentro de la
gamella, cubierta con un lienzo y colocada sobre una tarima en el sitio donde
había nacido.

Cuando entraron los Reyes la Virgen se puso el velo, tomó al Niño en sus brazos,
cubriéndolo con un velo amplio. El rey Mensor se arrodilló y ofreciendo los
dones pronunció tiernas palabras, cruzó las manos sobre el pecho, y con la
cabeza descubierta e inclinada, rindió homenaje al Niño. Entre tanto María había
descubierto un poco la parte superior del Niño, quien miraba con semblante
amable desde el centro del velo que lo envolvía. María sostenía su cabecita con
un brazo y lo rodeaba con el otro. El Niño tenía sus manecitas juntas sobre el
pecho y las tendía graciosamente a su alrededor. ¡Oh, qué felices se sentían
aquellos hombres venidos del Oriente para adorar al Niño Rey!

Viendo esto decía entre mí: «Sus corazones son puros y sin mancha; están llenos
de ternura y de inocencia como los corazones de los niños inocentes y piadosos.
No se ve en ellos nada de violento, a pesar de estar llenos del fuego del amor».
Yo pensaba: «Estoy muerta; no soy más que un espíritu: de otro modo no podría
ver estas cosas que ya no existen, y que, sin embargo, existen en este momento.
Pero esto no existe en el tiempo, porque en Dios no hay tiempo: en Dios todo es
presente. Yo debo estar muerta; no debo ser más que un espíritu». Mientras
pensaba estas cosas, oí una voz que me dijo: «¿Qué puede importarte todo esto
que piensas?… Contempla y alaba a Dios, que es Eterno, y en Quien todo es
eterno».

Vi que el rey Mensor sacaba de una bolsa, colgada de la cintura, un puñado de
barritas compactas del tamaño de un dedo, pesadas, afiladas en la extremidad,
que brillaban como oro. Era su obsequio. Lo colocó humildemente sobre las
rodillas de María, al lado del Niño Jesús. María tomó el regalo con un
agradecimiento lleno de sencillez y de gracia, y lo cubrió con el extremo de su
manto. Mensor ofrecía las pequeñas barras de oro virgen, porque era sincero y
caritativo, buscando la verdad con ardor constante e inquebrantable.

Después se retiró, retrocediendo, con sus cuatro acompañantes; mientras Sair, el
rey cetrino, se adelantaba con los suyos y se arrodillaba con profunda humildad,
ofreciendo su presente con expresiones muy conmovedoras. Era un recipiente de
incienso, lleno de pequeños granos resinosos, de color verde, que puso sobre la
mesa, delante del Niño Jesús. Sair ofreció incienso porque era un hombre que se
conformaba respetuosamente con la Voluntad de Dios, de todo corazón y seguía
esta voluntad con amor. Se quedó largo rato arrodillado, con gran fervor.

Se retiró y se adelantó Teokeno, el mayor de los tres, ya de mucha edad. Sus
miembros algo endurecidos no le permitían arrodillarse: permaneció de pie,
profundamente inclinado, y puso sobre la mesa un vaso de oro que tenía una
hermosa planta verde. Era un arbusto precioso, de tallo recto, con pequeñas
ramitas crespas coronadas de hermosas flores blancas: la planta de la mirra.
Ofreció la mirra por ser el símbolo de la mortificación y de la victoria sobre
las pasiones, pues este excelente hombre había sostenido lucha constante contra
la idolatría, la poligamia y las costumbres estragadas de sus compatriotas.
Lleno de emoción estuvo largo tiempo con sus cuatro acompañantes ante el Niño
Jesús.

Yo tenía lástima por los demás que estaban fuera de la gruta esperando turno
para ver al Niño. Las frases que decían los Reyes y sus acompañantes estaban
llenas de simplicidad y fervor. En el momento de hincarse y ofrecer sus dones
decían más o menos lo siguiente: «Hemos visto su estrella; sabemos que Él es el
Rey de los Reyes; venimos a adorarle, a ofrecerle nuestros homenajes y nuestros
regalos». Estaban como fuera de sí, y en sus simples e inocentes plegarias
encomendaban al Niño Jesús sus propias personas, sus familias, el país, los
bienes y todo lo que tenía para ellos algún valor sobre la tierra. Le ofrecían
sus corazones, sus almas, sus pensamientos y todas sus acciones. Pedían
inteligencia clara, virtud, felicidad, paz y amor. Se mostraban llenos de amor y
derramaban lágrimas de alegría, que caían sobre sus mejillas y sus barbas. Se
sentían plenamente felices. Habían llegado hasta aquella estrella, hacia la cual
desde miles de años sus antepasados habían dirigido sus miradas y sus ansias,
con un deseo tan constante. Había en ellos toda la alegría de la Promesa
realizada después de tan largos siglos de espera.

María aceptó los presentes con actitud de humilde acción de gracias. Al
principio no decía nada: sólo expresaba su reconocimiento con un simple
movimiento de cabeza, bajo el velo. El cuerpecito del Niño brillaba bajo los
pliegues del manto de María. Después la Virgen dijo palabras humildes y llenas
de gracia a cada uno de los Reyes, y echó su velo un tanto hacia atrás.

Aquí recibí una lección muy útil. Yo pensaba: «¡Con qué dulce y amable gratitud
recibe María cada regalo! Ella, que no tiene necesidad de nada, que tiene a
Jesús, recibe los dones con humildad. Yo también recibiré con gratitud todos los
regalos que me hagan en lo futuro». ¡Cuánta bondad hay en María y en José! No
guardaban casi nada para ellos, todo lo distribuían entre los pobres.

Vida de la Virgen María LXI

LXI
Los Reyes Magos conducidos al palacio de Herodes

Recreación del Palacio de Herodes en tiempos de Jesús

En esta mañana muy temprano Herodes hizo llevar al palacio, en secreto, a los
Reyes. Fueron recibidos bajo una arcada y conducidos luego a una sala, donde he
visto ramas verdes con flores en vasos y refrescos para beber. Después de algún
tiempo apareció Herodes. Los Magos se inclinaron ante él y pasaron a
interrogarle sobre el Rey de los Judíos recién Nacido. Herodes ocultó su gran
turbación y se mostró contento de la noticia. Vi que estaban con él algunos de
los escribas. Herodes preguntó algunos detalles sobre lo que habían visto, y el
Rey Mensor describió la última aparición que habían tenido antes de partir. Era,
dijo, una Virgen y delante de Ella un Niño, de cuyo costado derecho había
brotado una rama luminosa; luego, sobre ésta había aparecido una torre con
varias puertas. La torre se transformó en una gran ciudad, sobre la cual se
manifestó el Niño con una corona, una espada y un cetro, como si fuese Rey.
Después de esto se vieron ellos mismos, como también todos los
reyes del mundo, postrados delante de ese Niño en acto de adoración; pues poseía
un imperio delante del cual todos los demás imperios debían someterse; y así en
esta forma describió lo que habían visto.

Herodes les habló de una profecía que hablaba de algo parecido sobre Belén de
Efrata; les dijo que fueran secretamente allá y cuando hubiesen encontrado al
Niño volvieran a decirle el resultado, para que él también pudiera ir a
adorarle. Los Reyes no tocaron los alimentos que se les había preparado y
volvieron a su alojamiento. Era muy temprano, casi al amanecer, pues he visto
todavía las linternas encendidas delante del palacio de Herodes. Herodes
conferenció con ellos en secreto para que no se hiciera público el
acontecimiento. Al aclarar del todo prepararon la partida. La gente que los
había acompañado hasta Jerusalén se hallaba ya dispersa por la ciudad desde la
víspera.

El ánimo de Herodes estaba en aquellos días lleno de descontento e irritación.
Al tiempo del Nacimiento de Jesucristo se encontraba en su castillo, cerca de
Jericó, y había ordenado hacía poco un cobarde asesinato. Había colocado en
puestos altos del Templo a gente que le referían todo lo que allí se hablaba,
para que denunciasen a los que se oponían a sus designios. Un hombre justo y
honrado, alto empleado en el Templo, era el principal de los que consideraba él
como sus adversarios. Herodes con fingimiento lo invitó a que fuera a verlo a
Jericó y lo hizo atacar y asesinar en el camino, achacando ese crimen a algunos
asaltantes.

Algunos días después de esto fue a Jerusalén para tomar parte en la fiesta de la
Dedicación del Templo, que tenía lugar el 25 del mes de Casleu y allí se
encontró enredado en un asunto muy desagradable. Queriendo congraciarse con los
judíos había mandado hacer una estatua o figura de cordero o más bien de
cabrito, porque tenía cuernos, para que fuera colocada en la puerta que llevaba
del patio de las mujeres al de las inmolaciones. Hizo esto de su propia
iniciativa, pensando que los judíos se lo agradecerían; pero los sacerdotes se
opusieron tenazmente a ello, aunque los amenazó con hacerles pagar una multa por
su resistencia. Ellos replicaron que pagarían, pero que no toleraban esa imagen
contraria a las prescripciones de la Ley. Herodes se irritó mucho y pretendió
colocarla ocultamente; pero al llevarla, un israelita muy celoso tomó la imagen
y la arrojó al suelo, quebrándola en dos pedazos. Se promovió un gran tumulto y
Herodes hizo encarcelar al hombre. Todo esto lo había irritado mucho y estaba
arrepentido de haber ido a la fiesta; sus cortesanos trataban de distraerlo y
divertirlo. En este estado de ánimo lo encontró la noticia del Nacimiento de
Cristo.

En Judea hacía tiempo que hombres piadosos vivían, en la esperanza de que pronto
había de llegar el Mesías y los sucesos acontecidos en el Nacimiento del Niño se
habían divulgado por medio de los pastores. Con todo, muchas personas
importantes oían estas cosas como fábulas y vanas palabras y el mismo Herodes
había oído hablar y enviado secretamente algunos hombres a tomar informes de lo
que se decía. Estos emisarios estuvieron, en efecto, tres días después de haber
nacido Jesús y luego de haber conversado con José, declararon, como hombres
orgullosos, que todo era cosa sin importancia: que en la gruta no había más que
una pobre familia de la cual no valía la pena que nadie se ocupara. El orgullo
que los dominaba les había impedido interrogar seriamente a José desde un
principio, tanto más que llevaban orden de proceder en el mayor secreto, sin
llamar la atención.

Cuando de pronto llegaron los Reyes Magos con su numeroso séquito, Herodes se
llenó de nuevas inquietudes, ya que estos hombres venían de lejos y todo esto
era más que rumores sin importancia. Como hablaran los Reyes con tanta
convicción del Rey recién Nacido, fingió Herodes deseos de ir a ofrecerle sus
homenajes, lo cual alegró mucho a los Reyes, creyéndolo bien dispuesto. La
ceguera del orgullo de los escribas no acabó de tranquilizarlo y el interés de
conservar en secreto este asunto fue causa de la conducta que observó. No hizo
objeciones a lo que decían los Reyes, no hizo perseguir en seguida al Niño para
no exponerse a las críticas de un pueblo difícil de gobernar y resolvió recabar
por medio de ellos noticias más exactas para tomar luego las medidas del caso.

Como los Reyes, advertidos por Dios, no volvieron a dar noticias, hizo explicar
que la huida de los Reyes era consecuencia de la ilusión mentirosa que habían
sufrido y que no se habían atrevido a comparecer de nuevo, porque estaban
avergonzados del engaño en que habían caído y al que habían querido arrastrar a
los demás. Mandaba decir: «¿Qué razones podían tener para salir clandestinamente
después de haber sido recibidos aquí en forma tan amistosa?…» De este modo
Herodes trató de adormecer este asunto disponiendo que en Belén nadie se pusiese
en relación con esa Familia, de la que se había hablado tanto, ni recoger los
rumores e invenciones que se propalaban para extraviar los espíritus.

Habiendo vuelto quince días más tarde la Sagrada Familia a Nazaret, se dejó
pronto de hablar de cosas de las cuales la multitud no había tenido más que
conocimientos vagos, y las gentes piadosas, por otro lado, llenas de esperanza,
guardaban un discreto silencio. Cuando pareció que todo quedaba olvidado, pensó
entonces Herodes en deshacerse del Niño y supo que la Familia había dejado a
Nazaret, llevándose al Niño. Lo hizo buscar durante bastante tiempo; pero
habiendo perdido toda esperanza de encontrarlo, creció mayormente su inquietud y
determinó ejecutar la medida extrema de la matanza de los niños. Tomó en esta
ocasión todas sus medidas y envió tropas de antemano a los lugares donde podía
temerse una sublevación. Creo que la matanza se hizo en siete lugares
diferentes.

EL VIEJO JEDI, Y SU CONVERSIÓN AL CATOLICISMO. Bienvenido a casa.

 

Sir Alec Guinnes en su papel en LA GUERRA DE LAS GALAXIAS

Si lo pensáis bien os daréis cuenta de que aquellos que luchan contra la religión lo hacen especialmente y con más fuerza contra la Iglesia Católica, una intuición les dice que, de haber una religión verdadera, esa debe ser el catolicismo. Fijáos que poco se meten con los presbiterianos, los anabaptistas etc… La Iglesia Católica, la IGLESIA con mayúsculas, aquella iglesia llamada a ofrecer su cobijo a toda la humanidad, es la única que tiene rostro, cara y ojos, reconocibles, un representante, unos fundamentos  bien perfilados y definidos. Estoy convencido que una persona que busca con sinceridad antes o después se topará con los muros de nuestra Iglesia. Aquí tenemos un edificante ejemplo que he sacado de forum libertas escrito por Pablo J. Gines.

Hasta ahora era desconocido para el gran público la conversión al catolicismo de Alec Guinness, el famoso actor que dio vida al maestro Jedi en «La Guerra de las Galaxias», o su conocido papel en «El puente sobre el Río Kwai», así como su intensa vida de piedad.

En 2005 apareció en inglés la biografía oficial del actor británico Alec Guinness, fallecido el año 2000. Guinness fue ídolo de toda una generación por su papel del maestro jedi Obi Wan Kenobi en La Guerra de las Galaxias, pero antes ya se había hecho un enorme prestigio en el mundo del cine, con un Óscar en 1957 por su papel en El puente sobre el Río Kwai. El biógrafo, Piers Paul Read, presta en esta obra ( Alec Guinnes: the authorized biography ), una atención especial a la fe católica del actor, la fe de un converso en la que siempre encontró consuelo y crecimiento.

Hijo de madre soltera y bebedora
La infancia de Guinness no fue fácil: nació en Londres en 1914, nunca supo quién fue su padre y vivía en pensiones con una madre que apenas se preocupaba de él. “Mi madre era una puta”, diría con dureza Guinness a John le Carré. “Se acostó con toda la tripulación del yate de Lord Moyne en la Regata Cowes y cuando dio a luz llamó Guinness al bastardo pero mi padre fue probablemente el maldito cocinero”.

Era bebedora y robaba cosas. Como reacción a esta infancia, cuando años después Guinness triunfe, desarrollará un cierto dandismo, un puntillismo famoso en círculos artísticos y un gusto por los trajes elegantes y las compras exquisitas.

Controlar la homosexualidad mediante la oración
En su época de estudiante Guinness conoció los ambientes turbios de la homosexualidad e incluso experimentó inclinaciones en este sentido, aunque parece ser que las resistió. El biógrafo recoge su amistad con el director Peter Glenville, un católico convencido, que sin embargo mantuvo una relación homosexual de por vida a la vez que reconocía la necesidad de confesarlo, arrepentirse y seguir la enseñanza de la Iglesia. Guinness escribió que este tipo de pasiones “podían controlarse, si no curarse, mediante la oración, el arrepentimiento y la Gracia de Dios”.

Comienza su carrera de actor
Tras la escuela, trabajó un año en una firma publicitaria y después empezó a formarse como actor. En 1934 John Gielgud puso en marcha su exitosa carrera con el papel de Osric en Hamlet.

El catolicismo, “regimiento de élite”
Durante la Segunda Guerra Mundial Guinness adoptó el anglocatolicismo, la rama ritualmente más parecido al catolicismo de la Iglesia Anglicana. En aquella época, los anglicanos no ordenaban mujeres ni casaban homosexuales y la doctrina era muy cercana a la católica. Según escribió, la religión anglicana era “un baluarte psicológico contra las incertidumbres de la guerra y el miedo al futuro y me mantuvo por el buen camino”. Incluso, después de casarse, jugó un tiempo con la idea de hacerse sacerdote anglicano. Pero ya entonces, en los años de la guerra, siendo oficial en la Royal Navy, consideraba que el catolicismo era “el regimiento de élite” del que pensaba que no podía permitirse sus “caros uniformes”.

Un pacto con Dios
A los cuarenta años Guinness escribe en su diario: “mi alma, mi cuerpo, mi cerebro languidecen necesitando religión. El mundo es demasiado inhóspito e inexpresivo sin un sentido de adoración”. Cuando su hijo Matthew cayó enfermo de poliomelitis, Guinness hizo el pacto con Dios de convertirse si el chico se recobraba: Matthew se curó y Guinness se convirtió. Así lo explica en su autobiografía Blessings in Disguise (1985), aunque Piers Paul Read y otros señalan que fue en realidad un paso más en un deseo lento pero tenaz de vivir y crecer en fe.

Devorará a Newman, Chesterton, Belloc…

A partir de ese momento, Guinness devorará las obras espirituales del cardenal Newman, de Chesterton, de Hilaire Belloc, de Knox, de Carlos de Foucauld y de santa Teresa de Ávila. En uno de sus diarios apunta un pasaje de las Revelaciones del Amor Divino, una de las visiones de la beata medieval Juliana de Norwich: Vi una cosa pequeñita en la palma de mi mano, del tamaño de una avellana, redonda como una bolita. Pensé, ¿qué será esto? Y se me respondió: “esto es todo lo que ha sido hecho”. Me maravilló como podía mantenerse y no caer en la inexistencia por su pequeñez. Se me respondió: “se mantiene, y se mantendrá siempre, porque Dios lo ama”.

A Guinness le cautivó esta visión y en su caja de maquillaje llevaba siempre una avellana, que era lo primero que sacaba y ponía en la mesa del camerino al llegar a un teatro.

Un actor contra los pecados de la lengua
También era un lector devoto de san Francisco de Sales, patrón de escritores y periodistas. Guinness tenía una innegable capacidad para hacer daño a la gente con comentarios hirientes, y debía inspirarse en las palabras de este santo en su lucha desigual por no decir más mofas y ofensas, “el peor pecado de la lengua que podemos cometer contra nuestro hermano”, según el santo obispo de Ginebra. Guinness lo veía como un santo práctico, con métodos aplicables. “Voy y vengo y vuelvo a empezar en mi vida religiosa, pero se profundiza, creo, y rezo y confío”, diría a un amigo esos días.

Una caricia de Dios
También creía que Dios permitía que cada hombre y mujer, alguna vez, recibieran “de acuerdo a su capacidad, un destello de Su promesa a ellos, una impresión de lo que la eternidad podría significar, un destello de su adopción como Hijos de Dios y al retirarse este destello, darse cuenta de lo que significa la Caída del Hombre. Se nos deja con una sensación exultante y al mismo tiempo, junto con su felicidad, una tristeza que es difícil que volvamos a encontrar en esta vida. Es una zanahoria dorada ante unos burros… que podrían ser dioses”. 

Destello de eternidad
Párrafos como este, que podemos encontrar en otros grandes cristianos ingleses de esos años, como C.S.Lewis o J.R.R.Tolkien acercan la experiencia mística, el “destello de eternidad”, a los hombres. No es extraño que estos artistas hayan llegado a tantos lectores y espectadores.

 
Consciente de sus fallos
Guinness era muy consciente de sus pecados y fallos, “dolorosos, cuando no ridículos o aburridamente repetitivos”. Fue consciente de sus fallos y de hecho la mayoría de sus papeles en cine o teatro trataban el tema del fracaso, fuese como soldado o espía, oficinista o vendendor, científico o noble en desgracia. En su vida espiritual, su reconocimiento de esta debilidad y su dependencia de los sacramentos fortaleció su fe.
 
 

 

Una mujer de bandera
Guinness fue amigo de sus amigos, generoso y fiel a su esposa. Sin embargo, siempre se mostró desdeñoso e hiriente con cosas que eran valiosas para ella, sus libros infantiles, sus ilustraciones, su cocina. Su esposa Merula veía estos fallos como resultado de su dandismo compulsivo y los perdonaba. “Según unos cuantos de sus amigos más cercanos, mientras Alec mantenía su viejo y difícil yo, era Merula quien ganaba en sabiduría y bondad, adquiriendo el genio de la santidad que había eludido a Alec”, escribe en esta biografía Piers Paul Read.

Un palmarés impresionante
“Con todas las contradicciones de su maquillaje, siempre hubo un núcleo de verdad allí en el medio que fue lo que reconocí cuando nos enamoramos por primera vez. Supe que siempre podría confiar en él”, escribió Merula tras la muerte de su esposo, una de las figuras públicas más conocidas del catolicismo público inglés en el arte del s.XX. En su palmarés quedaba el Oscar de 1957 al mejor actor y un Globo de Oro por El puente sobre el río Kwai; el premio honorífico de la Academia en 1980 por su contribución cine; sus nominaciones al Oscar como actor principal por The Lavender Hill Mob en 1951, y también las nominaciones como actor de reparto por La guerra de las galaxias en 1977 y Little Dorrit en 1988.

El viejo maestro Obi Wan Kenobi parece fracasar cuando muere.