He leído en LA RAZÓN en la sección de religión un pequeño artículo que habla de apariciones de la Virgen menos conocidas que Fátima o Lourdes pero también aprobadas por la Iglesia.  Os lo transcribo debajo, pienso que esta lectura aporta información sobre este fenómeno tan extraordinario. Recibid un saludo de Juanjo.

Imagen de la Virgen María en Akita (Japón)

De las apariciones marianas reconocidas por la Iglesia en el siglo XX, sólo la de Fátima ha conseguido una popularidad mundial.
 MADRID– Rick Salbato es un periodista católico, autor de «The Miracle of Damascus», un libro de 1990 que describe las apariciones de la Virgen en Siria a la vidente Myrna Nazour, aprobadas por los obispos de Damasco, el católico y el greco-ortodoxo. «¿Cuántos de ustedes conocen la verdadera aparición de Nuestra Señora en Nicaragua en 1978?», escribe. «¿Cuántos la de Japón hace pocos años? Y la de Damasco lleva ahí ocho años».
A Salbato le asombra la popularidad durante décadas de muchas supuestas apariciones no aprobadas por la Iglesia, mientras que algunas que sí han sido aprobadas apenas se difunden. Su teoría es que al demonio le conviene mantener a la gente distraída con casos dudosos y esconder los mensajes aprobados.

Se comparta o no esta idea, es cierto que hay 12 apariciones de la Virgen en el siglo XX aprobadas por la Iglesia y los católicos de a pie desconocen todas, excepto Fátima, que atrae 5 millones de peregrinos al año. Vittorio Messori, en «Hipótesis sobre María» (LibrosLibres, 2007) recuerda que hay una relación entre el tren (es decir, la modernidad) y las peregrinaciones marianas: las revelaciones de la Virgen a Santa Catalina Labouré en 1830 coinciden con el nacimiento del ferrocarril. El tren permitió que se difundiese Lourdes como lugar internacional de peregrinación con enfermos. En cambio, las apariciones de Beauraing , Banneux, Amsterdam, L’Ile-Bouchard o Siracusa, pese a estar todas en Europa y bien comunicadas, se conocen sobre todo en sus respectivos países.
Un mensaje  común

Lo mismo sucede con las más lejanas: Akita en Japón (el cardenal Ratzinger, al aprobarla en 1988, afirmó que se trataba de una continuación de Fátima), Betania en Venezuela, Cuapa en Nicaragua (aprobadas por los obispos del país), Kibeho en Ruanda, Nuestra Señora de Soufanieh (en Damasco) y la de San Nicolás en Argentina. Los mensajes son parecidos en casi todas: penitencia, reconciliación, oración, Rosario.
Algunas, como las Soufanieh y Nuestra Señora de todos los Pueblos, en Holanda, insisten más en otros temas, como la unidad de los cristianos. La de Holanda trata, además, del Espíritu Santo. Soufanieh es original por ecuménica: la vidente Myrna Nazzour era una católica de rito melquita, de 18 años, casada 7 meses antes con un cristiano greco-ortodoxo, y el primer milagro sucedió cuando rezaban por una enferma junto con una musulmana.
Casos rápidos, casos eternos

Los videntes aprobados son de lo más variado: en Beauraing eran cinco niños de la familia Voisin Degeimbre; en Banneux, una niña de 11 años; en L’Ile-Bouchard, cuatro niños de entre 7 y 12 años; en Siracusa, el matrimonio Januso; en Amsterdam, la señora Ida Peerdeman empezó a tener las visiones con 40 años, y escribió sobre 56 apariciones, de 1945 a 1959. La vidente de Akita, Agnes Sasagawa era una novicia japonesa, conversa del budismo. El vidente de Cuapa, Bernardo Martínez, era un laico de 49 años. Consiguió ordenarse sacerdote y ejercer este ministerio los últimos 5 años de su vida. En San Nicolás, la vidente, Gladys Quiroga de Motta, era madre de dos niños pequeños cuando empezaron las apariciones en 1983.

La aprobación de las apariciones suele correr a cargo del obispo local. Se analizan cuatro aspectos: la conformidad del mensaje con la Sagrada Escritura, la comunión con la Iglesia, la coherencia entre la vida de los videntes y su mensaje y los frutos de conversión que despierta. Tanto los frutos como la coherencia requieren de años de observación, aunque hay casos «rápidos», como el de Damasco, aprobado casi al momento. Otros, en cambio, son centenarios.

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