Hemos visto denigrar a Benedicto XVI de mil modos sin saber, de una manera totalmente injusta. El Papa Ratzinger es mucho más que la malvada caricatura que se nos vende sobre su personas. Os paso esta entrada en un blog de www.religionenlibertad.com, me siento identificado con lo que aquí se dice, espero que os guste.

Con gran alegría -para qué negarlo- leo en blogs y páginas web inglesas acerca de las muchas personas que, tras la visita del papa al Reino Unido, han cambiado su opinión acerca de él, de negativa a positiva, claro está. La cosa era de esperar y le va ocurriendo a Benedicto XVI allá por donde viaja. Por cierto, que ya ha hecho unos cuantos viajes, sin duda muchos para un hombre de su edad, pues no son viajes del inserso con playa, descanso y jolgorio, sino viajes pesados, con miles de personas para saludar, decenas de discursos que pronunciar (por no hablar de los que tiene que aguantar), liturgias largas que celebrar, etc. Y ahí está el buen pastor, con la sonrisa en los labios a todas horas, a pesar del cansancio.

En todos los países por los que pasa ocurre lo mismo: Mucha gente que tenía una opinión mala o pésima de él, cambia cuando le ve “al vivo”, aunque solamente sea por la televisión. Lo de la idea mala de él no es difícil de explicar, considerando lo que un buen sector de la prensa dice sobre él. Ya muchos medios de comunicación no le recibieron bien cuando fue elegido Papa, por ser conservador, pero después, cuando empezaron a echarle la culpa de los casos de pederastia y otros desmanes de los que no tenía culpa ninguna -pero la ocasión era óptima para atacar a la figura del Romano Pontífice y no la podían desaprovechar- entonces las críticas subieron de tono y a algunos de convencieron de que el Papa era lo que no era. Desde el caso especialmente chabacano a la española de la periodista Maruja Torres que afirmaba “Al Papa le tengo ganas“, a versiones más refinadas (pues más ordinarias es difícil encontrarlas) acusando a Benedicto XVI de cosas malísimas, pasando por la famosa foto falsificada en la que se la hace pasar por nazi, ha habido todo un palmarés de ataques, por lo que no es de sorprender que muchos le mirasen con mala cara.

En Inglaterra la cosa ha sido especialmente furibunda, por un lado porque muchos temen un éxodo fuerte de anglicanos hacia la Iglesia Católica, por otro porque el ambiente antirreligioso de algunos sectores del país es patente, como el Papa ha denunciado en algunos discursos pronunciados en aquellas tierras, y por otro porque algunos han querido tener su momento de gloria aprovechando el viaje papal y dijeron cosas tan peregrinas como que iban a detener al Papa por encubrir pederastas. Como si fuera a permitir la reina de Inglaterra que alguien intentase detener al Papa en sus dominios, haciendo con ello un ridículo de proporciones cósmicas…

El caso es que no faltaban muchos escépticos de la visita del Papa, y otros abiertamente furibundos, como se ha podido ver en algunas escenas televisivas. Y algunos de ellos han cambiado de opinión porque la misma presencia de Benedicto XVI les ha desarmado. Leo por ejemplo un comentario que dice (en inglés, claro está): “Mi amiga, antigua católica y ahora agnóstica, con ningún interés o tolerancia hacia la Iglesia, me llamó durante la visita del Papa y me dijo: ‘Me encanta este Papa’, y veo que su actitud ha cambiado por completo”. Y comentarios así se repiten por aquí y por allí, algunos de mucho valor. Por ejemplo, alguien explica: “Un amigo mío que es agnóstico muy activo en cuestionarse cosas de la religión, ha leído algo que ha dicho el Papa sobre la oración con las Escrituras como diálogo entre el alma y el Altísimo, y me ha dicho. ‘Nunca oí a nadie hablar con tanta belleza sobre la Biblia’ y está pensando comenzar a leerla”. Todavía otro comenta: “He ido a la Misa del Papa en Glasgow, pero con poco entusiasmo, no estaba realmente seguro acerca del Papa, y viéndole me he dado cuenta de que es un buen hombre, se le puede ver tímido y agradable”.

No son comentarios de gente que le ha tratado de cerca, pero incluso desde lejos o por la tele -viéndole directamente, no lo que los periodistas les contaban- les ha dejado impresionado. Comenta un blogero en un post: “Una compañera de trabajo, intermitente en su práctica de la fe, fue a ver a Juan Pablo II cuando vino en 1982 y hace unas semanas me anunció que no pensaba ir a ver a Benedicto XVI. Pero lo ha visto en la televisión y su opinión ha cambiado visiblemente. Ayer me dejó escrito en la pantalla de mi ordenador en la oficina: ‘Este Papa no está tan mal’

Alguien más influyente, la conocida parlamentaria Kate Hoey (en la foto), polémica y pasota en lo que se refiere a religión, manifestó el otro día estar tan cansada de los ataques de los grupos ateos al Papa y a la Iglesia Católica, que eso le ha llevado a interesarse más por la figura de Benedicto XVI. De hechos, hace un par de días sorprendió a muchos haciéndose presente en el comité que dio la bienvenida al Papa cuando fue a visitar el asilo de las Hermanitas de los Pobres en el sur de Londres.

Testimonios similares abundan, incluyendo los de algunos periodistas y pensadores, como es el caso de Mark Dowd, que ya antes de la visita del Papa había explicado su cambio de opinión hacia él. Curiosamente, una de las cosas que más ha atraído a los británicos es la timidez del Papa, parece que se esperaban un inquisidor que llegase a Inglaterra condenando estas y las otras formas de vida, o estas y esas doctrinas, de modo arrogante. Y se han encontrado a un hombre bueno, un pastor humilde con una claridad intelectual envidiable, que sin embargo no intenta imponer nada sino que propone la verdad cristiana con sencillez. Y la verdad cristiana propuesta con sencillez conquista a muchos, lo ha hecho durante veintiún siglos y lo sigue haciendo. Lo acabamos de ver en Inglaterra y aunque solo sea por ello merece la pena que el Papa haya ido a aquellas tierras.

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