Aunque tarde, no he podido evitar la tentación de escribir esta pequeña nota sobre Teresa de Jesús.  Cuando por primera vez me enfrenté a la lectura de sus obras, no puedo negar que tenía el prejuicio de que iba a ser un poco tostón: el libro grueso, la letra de cuerpo pequeñísimo, las hojas de papel fino, es de los trabajos que acometes con más voluntarismo que placer. Pero enseguida, en apenas unas líneas, la lectura te atrapa, te divierte, estimula tu inteligencia y ves claramente, igual que cuando enciendes la luz… ¡ah! es por esto que Teresa, Santa Teresa, es Doctora de la Iglesia… ¡qué inteligencia, qué profundidad en la sencillez de sus palabras!  Comprendes por qué, cuando surgieron varios autores de este calado, se habló del Siglo de Oro. Aunque una persona no sea creyente os puedo asegurar que acercarse a la obra de Teresa de Jesús no puede dejar a nadie indiferente, te toca el corazón.

Tenemos esa imagen de que un Santo es siempre serio, taciturno, ensimismado, agobiado por terribles penitencias y Santa Teresa nos viene a demostrar que si no estás alegre, algo no funciona en tu relación con Dios. En sus libros Santa Teresa nos cuenda tronchantes anécdotas como por ejemplo cuando su confesor atribuyendo sus visiones al diablo, le obligó a que le hiciera “una higa” a Jesús cuando se le apareciera y como ella, por su respeto a la santa obediencia lo hizo disculpándose ante Él. O aquel excelso diálogo con el Divino Maestro, más o menos en estos términos…

–         Teresa: Que mal me tratáis, Jesús. (estando ella enferma y agobiada)

–         Jesús: Así trato yo a mis amigos.

–         Teresa: Por eso  tenéis tan pocos.

Pues eso, que os animo a que os acerquéis a conocer la vida y obra de esta mujer extraordinaria, yo me declaro fans ferviente de esta mujer. Bien orgullosos nos podemos sentir los españoles porque de nuestra patria haya podido nacer tal santa.

Un abrazo, ahora os transcribo un poema:

Nada turbe,
Nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
Sólo Dios basta.
Eleva tu pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
nada te turbe.

A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y, venga lo que venga,
nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
todo se pasa.

Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
»

fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.
Ámala cual merece
bondad inmensa;
pero no hay amor fino
sin la paciencia.

Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
todo lo alcanza.

Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios tu tesoro
nada te falta.

Id, pues, bienes del mundo;
id dichas vanas;
aunque todo lo pierda,
sólo Dios basta.

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