No entiendo, o mejor dicho si entiendo (y lo voy a explicar más adelante) el enconamiento de los “laicistas” respecto a los católicos practicantes.

Como una marea que sube, van apareciendo noticias que tintan el panorama de un color cada vez más antirreligioso, anticristiano y en particular anticatólico. En España está uno de sus epicentros… un grupo de extremistas irrumpen en la capilla de una universidad de Madrid, varias jóvenes rodean el altar se desnudan de cintura para arriba y hacen alarde de sus tendencias homosexuales, mientras todo el grupo lanza improperios e insulta a la Iglesia (http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=14308 ). En la capilla de otra universidad de Barcelona el boicot ha llegado a tal punto que han tenido que dejar de celebrarse misas (http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=13267 ). También en el mundo en el Quebec francófono, en una ayuntamiento donde se tenía por costumbre desde tiempos inmemoriales santiguarse y rezar una oración antes de las sesiones, el alcalde ha sido denunciado y la sentencia dicta que ya no se rece más y que se retiren los símbolos cristianos de la sala (http://religionenlibertad.com/articulo_imprimir.asp?idarticulo=14324 )… en Alemania hay padres en prisión por negarse a que sus hijos reciban la educación sexual  establecida por el estado (http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=14179 )…

Todos estos acontecimientos me llevan a reflexionar, ¿por qué molesta tanto a quienes no creen en Dios el hecho de que otros sí crean? Hago el esfuerzo de meterme por unos instantes en la piel de un ateo, me imagino que no creo en Dios y pienso que reacción tendría ante otros que exteriorizan sus creencias. Si realmente soy un ateo convencido pensaría que todos esos ritos no sirven para nada, los vería como supercherías. Si creo realmente que todo esto es una tontería ¿por qué sentirme amenazado? Es como cuando en un documental vemos a una tribu animista haciendo danzas en honor a sus dioses, sabiendo que todo es un mito no entiendo porque ha de provocar mi ira que un grupo de personas viva como quiera y crea en lo que mejor le parezca.

La gran paradoja es que todo esto viene de los sectores de la sociedad que se han arrogado la tolerancia como seña de identidad. Hasta nos han convencido de que progresismo de izquierdas y tolerancia son sinónimos. Y es que parece que funciona la máxima de Goebbels, “una mentira mil veces repetida se transforma en una verdad”. Son los signos de los tiempos debemos prepararnos para afrontar una nueva oleada de persecución en todos los ámbitos. Ahora más que nunca debemos ser fuertes en la fe.

En definitiva, lo más preocupante de todo es la débil respuesta que los cristianos estamos dando a todos estos ataques. Necesitamos movilizarnos, no para devolver violencia por violencia pero si para demostrar que no vamos a callarnos y que vamos a resistir pacífica pero firmemente apoyando nuestra fe. Si seguimos inactivos puede que llegue un día en que ya sea tardía cualquier reacción, quien sabe si ya hoy es demasiado tarde. El hecho de esta pobre respuesta es el síntoma de que nuestra fe está anémica y subdesarrollada, carece del sustrato interior que nace del cultivo de nuestra espiritualidad. Pero aún estamos a tiempo para, de la mano de Dios y de la Virgen renacer de nuestras cenizas por enésima… Vamos cristianos ¡LEVANTÉMONOS, VAMOS! No tengáis miedo a Cristo.

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