¿Es usted católico? Cuando haces esta pregunta la mayoría de la gente te dice que sí, para aclararte apresuradamente soy católico, pero “no practicante”. A mí me hace mucha gracia esta respuesta y la utilizo muchas veces cuando me preguntan: ¿es usted deportista? Yo contesto que sí, efectivamente soy deportista, muy deportista, pero un deportista “no practicante”.

Al descontextualizar la respuesta nos empezamos a dar cuenta de lo absurdo que es decir esto. A mí, la sensación que me da es que una respuesta positiva e inapelable: declararse católico practicante, tiene unas connotaciones que no van bien con los tiempos que corren. Parece ser que el no practicante es una persona más libre, es ese tipo de “cristianos” que quitan y ponen aquello que creen que le falta o le sobra al catecismo de la Iglesia Católica, y por supuesto que eso de ir a misa todos los domingos ni hablar, como mucho a las BBC (bodas, bautizos y comuniones) de la familia cercana. El trasfondo que intuyo tras esta actitud es que no tenemos la humildad suficiente para aceptar que incumplimos las normas de la Iglesia, y en vez de asumir ese error lo remediamos decidiendo unilateralmente que hay preceptos que no hace falta cumplir estrictamente. Así la confesión es una práctica que ha quedado para la tercera edad y cuatro “frikis”, ir a comulgar solo el año después de tomar la primera comunión para después abandonarlo hasta la boda en la que se hace prácticamente por obligación y así un largo etcétera.

Que quieren que les diga, creo que es mucho más respetable un ateo que busca honradamente la verdad que a uno de estos cristianos sucedáneos que siempre tienen puesta una vela a Dios y otra al diablo. Y lo digo con conocimiento de causa porque yo en muchas ocasiones he sido del grupo de los “no practicantes”. Y siempre me han dado un miedo terrible las palabras del Apocalipsis: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”

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