VIII: CONFIANZA EN DIOS (1)

VOSOTROS DARÉIS VIDA

Me es muy agradable derramar mi rocío, el que Dios, en su gran bondad y por privilegio muy especial, me permite transmitiros directamente. Vuestra Fe me facilita esta unión y la amplía cada día.

Meditad en los mensajes anteriores, sobre todo en los que se trata de la muerte, esa palabra que aterroriza a los hombres, los vuelve literalmente locos, porque no comprenden que la muerte es la salida de prisión del alma hacia la luz. ¿Por qué hacerse un mundo de lo que solo es transformación? ¡Unas paletadas de tierra sobre un cuerpo sin valor, rápidamente reducido a una ceniza gris! Pensad sobre todo y únicamente en el alma que va hacia la luz, hacia todo lo que es hermoso, puro. ¡Ah! ¡No la compadezcamos por abandonar su prisión! Por confortable que sea, es siempre de una cárcel de la que el alma se evade, llevando consigo sus buenas y malas acciones; nada se pierde, todo cuenta.

Asimismo, rezad con fervor por las almas del Purgatorio todavía en las tinieblas. Ayudadlas a encontrar alivio con vuestras oraciones. Si supierais y comprendierais cuántas almas pesadas sufren y buscan la puerta de Dios, esperando en la oscuridad que vengan a iluminarlas, a conducirlas, tendríais piedad, y vosotros nos ayudaríais con vuestras oraciones a salvarlas. Hablo solo de regiones purgatoriales por las que el alma pasa, permanece un tiempo más o menos largo y arrastra el peso de sus faltas. Enviadles con frecuencia vuestro piadoso pensamiento; que vuestras oraciones suban hacia Dios para implorar su misericordia: ninguna llamada queda sin respuesta; todo movimiento de vuestras almas lleva sus frutos.

¡Oh! vosotros que sabéis, amigos queridos, vosotros, los privilegiados, rezad con un impulso de todo el ser, y daréis Vida. Abriréis almas, derramaréis también luz celestial que habéis recibido. Tenéis una tarea que cumplir, superaos a vosotros mismos, sed apóstoles, ayudadnos; podéis hacerlo ya con vuestras oraciones que llegan a nosotros en rayos purísimos, y son una fuerza… Vosotros secundáis nuestros esfuerzos, cooperáis en nuestro trabajo, y yo os prometo que no solo daréis alegría y vida, sino que seréis también inundados por ellas.

¡Es tan agradable trabajar en el servicio de Dios! comprended esta palabra, extraed de ella la belleza, la grandeza, y preparad vuestra futura morada rezando por vuestros hermanos desgraciados. No malgastéis vuestras horas, ellas os serán contadas. Sobre todo, no las volváis pesadas bajo la carga pesada que se agarra a todas las acciones en las que domina el egoísmo. El orgullo, el egoísmo son los mayores venenos humanos, los más dañinos, los más destructivos; engendran todas las calamidades que pesan sobre la humanidad. Sin ellos, el amor reinaría en los corazones regenerados. Por eso os repito, intentad con vuestros ejemplos de bondad, de caridad, de renuncia, más que con palabras aclaratorias, de disminuir, al menos en torno a vosotros, la intensidad de esta calamidad. Olvidaos, pensad, en vuestras oraciones también, más en los otros que en vosotros mismos: así solamente ellas darán frutos.

Pequeños, humildes, debéis ser y permanecer… El alma brilla en proporción a su humildad; cuando más os olvidéis de vosotros, mayor será la recompensa de Dios.

Creed en el amor de Paqui, que se ha deshojado para que vosotros Viváis y deis Vida.

Paqui.

FIN DE AÑO

Llega Navidad. Aprovechad vuestras horas de descanso y de calma para meditar en la venida de Cristo, en su obra, en la voluntad que mostró durante su vida terrestre y en los resultados obtenidos. Sed los magos del pesebre y aportad al Niño Jesús el homenaje de vuestro respeto, de vuestra confianza, de vuestro amor. Hacedle el regalo más hermoso, el mayor que un ser humano puede hacer: la entrega de vosotros mismos, regalo supremo, —y no os volváis a tomar, todo está ahí.

Tened confianza; mirad y seguid a Jesús desde el pesebre a la cruz. ¿No fue siempre todo amor, en su pesebre sonriendo a su madre, en el taller de su padre adoptivo, después en su vida evangélica, más tarde aún durante su Pasión, y en el momento de su muerte sobre la cruz cuando confía a san Juan su Madre dolorosa? ¡Después de su Resurrección, también, cuando visita y consuela a sus discípulos queridos, y hace que descienda sobre ellos el Espíritu Consolador que abrirá su espíritu a las bellezas de las enseñanzas que ellos deberán difundir, y que les hará comprender aquello por lo que la muerte les parecerá dulce y la palma del martirio muy envidiable!

Ah, creed en el cariño del Padre, suceda lo que suceda, y rezad con fervor, para pedir que el mundo, al que Dios tanto ha amado, se haga mejor, que el egoísmo encuentre delante de él la barrera necesaria, y que los impulsos generosos, el desapego, el deseo de «uno por todos y de todos por todos» gane por la mano a ese egoísmo que tanto mal causa. Y decid muy alto: «¡Dios no castiga! Es el individuo el que pone en sus manos las esposas, en sus pies los grilletes, que lo desgarran.»

Todo se encadena, y el equilibrio es necesario para la armonía universal. No dudéis nunca de la misericordia divina, y no creáis sobre todo en la indiferencia del Creador hacia su criatura. Su bajada a la tierra fue la mayor prueba de amor que podía dar a sus hijos que no la comprendieron. Pensad en Jesús cuando el sufrimiento os abrume; el sufrimiento es necesario, el rescate no se paga con monedas de plata. El equilibrio se rompió, los diques del mal se abrieron y ese mal fluye y se difunde en abundancia: solo el sufrimiento, la aceptación, la oración, detendrán esa lava que hunde a los humanos en una oscuridad total. Pero el momento aún no ha llegado. Rezad, no tratéis de comprender las causas profundas que trastornan al mundo. Dad gracias a Dios, en este día de Navidad, por habernos dado a Jesús; unamos nuestras almas para adorarlo y darle gracias; el cielo y la tierra se confunden, y éste es el gran milagro de la Navidad. ¡Oh! vosotros todos que sois los hijos de Dios, reconoced que no podéis nada si no seguís el camino trazado por Cristo. Seguidlo paso a paso; caminad por su senda; no os rebeléis; tened confianza y rezad, para alejar el mal en todas sus formas. Rezad y pedid a la Madre de Dios que nos ayude a socorrer a los que están sufriendo. Ella sufrió con tanta resignación y tanta comprensión que es para nosotros un ejemplo a seguir en las pruebas y el dolor, un refugio también hacia el que arrastraréis a aquellos cuya vida es un largo martirio.

Nuestra mamá del cielo… ¡Mi mamá de la tierra!…

Cuando pronuncio esta palabra: Mamá, me envuelven maravillosas y luminosas vibraciones… Dios nunca hizo nada mejor que esta palabra de amor: Mamá. Es hermosa como una fuente de agua viva acariciada por los rayos tamizados del sol. Mamá, es un perfume cuya composición solo Dios conoce, es inimitable… ¡Mamá! es un canto tan dulce, tan fino, que ni siquiera los ángeles pueden imitar sus armonías. ¡Mamá! Es todo el esplendor de los mundos, y toda la felicidad de los pequeños ángeles con las alas de oro.

Paqui.

LÍBRANOS DEL MAL

Escribo la palabra «confianza» en el corazón de mis amigos, en letras hechas con los materiales del Cielo: solo ellos son de una calidad que no puede decepcionar. Tened confianza en el gran futuro. Quienquiera que seáis, cualesquiera que sean las penas que sufráis, tened confianza, no os desesperéis. El futuro es vuestro, y esto solo debe mantener vuestro espíritu. Recordad siempre que sois vosotros los que forjáis ese futuro, que todas las penas que podáis sentir se transformarán en alegrías, y que lamentaréis no haber sufrido lo suficiente, tan hermosa será vuestra recompensa.

Abandonaos en las manos divinas de Jesús; haced vuestras tareas con un ánimo sin límites; volved a comenzar lo que no dé el resultado esperado. Y cuando, muy cansados, podáis decir con toda sinceridad: «he obrado lo mejor posible, Dios me juzgará», entonces, os suplico que depositéis vuestras alforjas y que durmáis en paz. Sed activos, no agitados. Ya os lo he dicho: no pidáis a la vida más de lo que pueda daros; pero vosotros, daos generosamente, sin llevar la cuenta. Amad a los desheredados, a los pequeños, a los débiles; repartid y dad alegría. Por triste que esté un corazón, si da alegría, se hará alegre, porque esa alegría que haya hecho aparecer iluminará y transformará su tristeza.

Terminemos el año, queridos míos, con esta llamada hacia Dios, digámosle: Líbranos del mal, Señor, alejad, todo lo que podáis sin perjudicar nuestro avance espiritual, esa plaga que cubre de lodo a la humanidad. Dad al mundo ojos que solo vean la luz, oídos que solo escuchen las campanas de la verdad; hacednos sordos a los discursos de los malos, alejad de nuestros corazones toda mancha, hacednos mejores; dad a cada uno paciencia, para que viva en paz junto a su hermano y su enemigo; llenadnos con el deseo de obrar mejor; enseñadnos a callar y a escuchar las divinas armonías espirituales que solo pueden resonar en nuestros oídos si los cerramos a las fanfarrias humanas. Hacednos más dóciles a las enseñanzas de Cristo. ¡Estamos tan lejos de El, de su doctrina, de la gran luz con que ha inundado al mundo! Que su inmenso amor no sea anulado por el egoísmo que reina como señor, que se hace rey del universo. Dad a nuestros corazones suficiente amor puro para que  seamos la fuente de juventud donde los sedientos vengan a apagar su sed. Que nuestros corazones se conviertan en refugio de los desheredados; que tengamos la posibilidad, nosotros también, de decir con Cristo: oh, vosotros que sufrís, venid a nosotros y seréis consolados. Dadnos esta fuerza, Dios mío; dad a vuestros hijos este deseo de seguiros, de vivir solamente para derramarse en caridad.

Olvidémonos; olvidaos; pensad en vosotros solo para daros más ampliamente aún y siempre. Elevad vuestras almas y, en esta ofrenda, que Dios no os vea solos, sino que vea en vuestro gesto a las almas que tratáis de elevar hacia él y que vosotros le ofrecéis.

Amigos queridos, el ángel del Señor os dirige los efluvios divinos de su Paraíso, a fin de que, en la tierra, estéis seguros de que estamos con vosotros, y de que el Cielo y la tierra se unen a veces para dar luz. Aquí, las almas son como flores bañadas por el rocío de la mañana. Se forman gotitas, se metamorfosean: pensamientos de amor. ¡Qué misterio y qué hermoso es! Qué consuelo también saberse pequeña gota de rocío que forma parte del Gran Amor.

Ved el comienzo de este año con serenidad. Poneos por encima de los conflictos mezquinos. Por encima, está Dios, la Vida, la única necesaria, la que permanece. Y mientras realizáis vuestra tarea de cada día, muy importante porque ella cuenta, vosotros lo sabéis, pensad que solo sois en la tierra una barca frágil cuyo Gran Timonel está en lo Alto.

Paqui.

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