Artículo extraído de www.elconfidencial.com :

 

Ángel Olaran, misionero que desarrolla su trabajo en el contiente africano, nació en Hernani (Guipúzcoa), “hace ya mucho tiempo”. Tras trabajar varios años en un banco, decidió dedicar su vida a tareas humanitarias, y en ello lleva desde hace cuatro décadas. Su presente destino es la Misión de St. Mary en Wukro (Etiopía).

P.- ¿Cómo surge su vocación de misionero?

R.- En el ambiente cristiano católico de los años 50 y 60 tuve la oportunidad de ser acogido por los adolescentes y jóvenes de mi pueblo, Hernani. Entre ellos tuve la posibilidad de descubrir y de desarrollar mi faceta social, así como el apego a la Naturaleza: amor a la montaña, plantas, animales. Esta dimensión me abrió hacia lo que no soy yo, hacia el que no es yo. Y esta dimensión sigue viva en mí.

Algunos de mis amigos prestaron servicios misioneros como laicos en Sudamérica. Y ahí surgió mi interés por un servicio de este estilo. Y sin mayor razonamiento, supe que tenía que ser en África.

Habiendo cumplido los 19 años, tuve una experiencia vital de Dios. Algo que apenas duró segundos. Y que no he necesitado que se repitiera.

Y ahí comenzó mi caminar hacia mi interior. Y ahí sigo, ahondando en el viaje hacia mí mismo.

P.- ¿Cree Vd. que Dios es patrimonio de alguna religión en exclusiva?

R.- Sobre Dios sólo podemos balbucear. Incluso los grupos que nos jactamos de haber recibido revelaciones especiales de Dios, lo que podemos “saber” de Él es como a tientas, apoyándonos en  lo que captamos en las relaciones humanas. Para los creyentes, nuestras vivencias humanas de justicia, amistad, amor, paternidad, maternidad, creatividad, belleza, armonía, etc., orientan nuestro caminar interior hacia ese Ser que es fuente de esas virtudes humanas, y en quien, a través de ese paso tan bien ideado, llamado muerte, estas virtudes nuestras se complementarán de manera infinita. La tendencia de las religiones que han recibido El Libro Sagrado a hablar de Dios con una infalibilidad que ni el mismo Jesús, en nuestro caso, la utilizó, es contrario a la misma revelación.

Jesús fue dogmático en cuanto a principios humanos: se te ha dado gratis, dalo gratis; se te ha dado 5, se te pedirán 5; bienaventurados los pobres, los que aman la justica, visitan a los presos, dan de comer a los que tienen hambre, acogen a los de fuera. . . Muchos de sus seguidores, más que implementar esos principios con nuestra manera de vivir, intentamos monopolizar la Naturaleza de Dios: Trinidad Santísima, personalidad de Jesús, Virginidad de Maria, poder eclesial. . . En lugar de dejarnos orientar por Dios, orientamos a Dios con el riesgo de convertirlo patrimonio exclusivo.

P.- ¿Podría nuestra ignorancia crear la figura de Dios para satisfacer nuestra necesidad de protección y ahuyentar el miedo respecto de nuestro destino?

R.- Intuyo que la experiencia de Dios puede ir de la mano con la experiencia de nuestra personalidad. Si identificáramos nuestra personalidad con la figura de un cono, el vértice seria ese “punto” nuestro personal, indivisible. Eterno. Ese vértice es la sede de todo lo que consideramos valores: Armonía, Belleza, Amor, Amistad, Unidad, Justicia, Paz, Luz. . . Sería Dios, hacia lo que tendemos y donde nunca llegaremos. Es la “creación” de Dios no por lo negativo  sino por lo positivo: donde, un día, nuestra ansia de infinitud hacia los mencionados valores encontrará su complemento total, en el “corazón” de Dios.

La fe no asegura la necesidad de protección ni ahuyenta los miedos. Diálogo de Carmelitas de Guardini, y la película La última en el cadalso relatan la angustia visceral que le producen el sufrimiento, el dolor y la duda a una religiosa de vida contemplativa hasta que descubre que su vocación es la de acompañar a Jesús en la angustia que vivió en el Huerto de Los Olivos.

Dios está siempre mucho más allá de lo que cualquier confesión religiosa pueda afirmar de él. En nuestro gozo de haber recibido una revelación divina, tenemos que ser constructores de hermandad aboliendo fronteras, descubriendo el misterio de la diversidad .

P.- ¿Cree Vd. que la ley del amor, en su más amplia acepción, podría ser el motor que genera entendimiento entre los humanos?

R.- San Agustín afirmaba algo así como que estamos creados para el amor y que sólo descansaremos en el amor; por su parte, Juan de la Cruz comentaba que en la noche de la vida seremos juzgados sobre el amor. San Juan afirma “Dios es Amor”. Jesús a sus seguidores les da una nueva ley “Amaros como yo os he amado”, asegurando que “no hay mayor amor que dar la vida por los que se ama”. Dentro del entorno cristiano no hay mejor ley que la del amor para generar ese entendimiento. Y en al amor creceremos todos unidos, a la vez que individualizados, por toda la eternidad.

El cristianismo no posee el monopolio de amor. Todas las culturas son criaturas y reflejo de ese único Amor y a Él nos conducen.

P.- ¿Por que Etiopía fue su elección?

R.- Elegí Tanzania y allí viví 20 años. Cuando uno acepta vivir y trabajar en el interior de un grupo de personas de la naturaleza del nuestro, de entrada ofrece su disponibilidad. El año 1992 los superiores me propusieron venir a Etiopía y lo acepté.

P.- ¿Qué balance hace de su actividad en Etiopia?

R.- De los 20 años pasados en Tanzania tengo la sensación de que fue un tiempo sólido. Aquí llevo casi el mismo tiempo que en Tanzania y tengo la sensación de que esos años se me han escapado de la mano. Los podría encerrar en unos pocos años. Y la pregunta visceral: ¿Qué he hecho todo este tiempo? ¿Qué puedo ofrecer? Y aquí no cuenta la lógica matemática: tantos pozos, ni tantos árboles plantados, ni alumnos. . . Lo que brota de mis raíces, y eso es lo que cuenta, es que la actividad podía haber sido más creativa; con una motivación más limpia. Podría haber llegado a relacionarme con mucha más gente, acompañarles mejor. Mucho más cercano en sus sufrimientos. 

P.- ¿Qué alternativas, de fácil aplicación, podrían erradicar la pobreza?

R.- Con la depresión de los años 30, del sistema capitalista duro – no había horarios de trabajo, ni los niños eran respetados, sueldos que no llegaban ni a propinas; seguridad bajo mínimos- . . . se pasó al de Bienestar Social. Costó pero se consiguió.

La economía del Bienestar Social ha llegado a la Globalización, basada en gran parte en la miseria económica que exige el sacrificio ofrecido al dios dinero, de los 20.000 niños (100.000 personas) que mueren diariamente a consecuencia de la mala alimentación.

Álvaro Van der Brule

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