Hace pocos días visité el cementerio. Al ir mirando las lápidas caía en la cuenta de que conocía prácticamente a todas las personas de las fotografías. Un paisaje humano de un Socuéllamos que ya nunca volverá. Enfrentarme a esta realidad me ha hecho pensar que, vista la brevedad de nuestra vida, nos tendríamos que plantear con mayor seriedad qué es lo que estamos haciendo con ella.

Haciendo un pequeño esfuerzo de la imaginación pongámonos en la tesitura de que acabamos de morir y después de pasar el famoso túnel, nos encontramos con ese ‘ser de luz’ que describen las personas que han tenido una ECM (Experiencia Cercana a la Muerte). Ese ser nos preguntaría algo así como ¿qué me quieres enseñar de tu vida?…Y ¿cuál sería la respuesta correcta?

Atemoriza pensar que cada uno de los instantes vividos queda en la eternidad sin posibilidad de cambio, realmente nos apetecería borrar algunos y que no los viera nadie. Son los ‘minutos de la basura’ de nuestra trayectoria vital. Por el contrario habrá otros de los que nos podamos sentir orgullosos. La conclusión que saco de todo esto es que cada minuto que vivimos sin amar a los demás, sin pasión por lo que hacemos, sin aprender cosas nuevas, es un minuto perdido. Pero, cuando lleguemos al final, ¿habrá muchos de estos?

A todos nosotros se nos ha puesto a un ser humano bajo nuestra responsabilidad, y ese ser humano es uno mismo. La vida es un gran capital que no debemos malgastar. Así que el mayor pecado que podemos cometer es vivir con indolencia, malgastando el tiempo que nos ha sido dado en pequeñas mezquindades y chorradas.

Debemos vivir de manera que nuestra existencia, cuando llegue a su fin, haya merecido la pena. Y tenemos muchos ejemplos. Recuerdo que un amigo recientemente desaparecido, el gran Perona, me pidió que le escribiera algo en su cuaderno. Le puse que su mayor obra de arte no era ningún cuadro, era su vida.

Me gustaría acabar recordando una de mis películas preferidas, Salvar al soldado Ryande Spielberg. En la misión de buscar y evacuar al soldado Ryan varios soldados pierden la vida junto con el capitán Miller. Éste, antes de morir, le pide a James F. Ryan que se haga digno del sacrificio que se ha hecho por él.

En la escena final han pasado muchos años de aquella batalla, Ryan, ya anciano, visita la tumba del capitán Miller que dio su vida por él y arrodillado frente a ella dice:

-“Todos los días he recordado lo que me dijo en aquel puente. He intentado vivir mi vida con dignidad. Ojalá haya sido suficiente.

Anuncios