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Os transcribo desde www.elconfidencial.com la última entrada de nuestro amigo y maestro D. Leopoldo. Sigo admirándome de su sabiduría sencilla, creo que leerlo nos debe ayudar a ir por el buen camino. Recibid un afectuoso saludo de vuestro amigo en la red Juanjo.

Monte mediterráneo.

Hoy mi amigo de San Quirico tiene prisa y me hace desayunar a marchas forzadas, porque quiere llevarme a rezar. Me explica que hay una Virgen en medio del monte, y que él va a verle de vez en cuando y que hoy le tengo que acompañar. Y allá voy.

Lo que pasa es que por el camino, le da por filosofar y por preguntarme qué beneficios nos traerá la crisis. Bueno, la pregunta no es exactamente así, porque adorna la palabra crisis con un adjetivo impublicable.

Está alicaído. Dice que esto no lo arregla nadie, que lo económico se enderezará algún día, porque sí. Que nadie sabrá por qué y que todos se apuntarán el tanto. Que unos dirán que ya lo sabían y otros que también. Y todos dirán que ha salido gracias a ellos. Y que acabaremos haciéndoles varios homenajes. Organizados por ellos mismos, por supuesto, con gran asistencia de crítica y público.

Mi amigo dice que esto le recuerda otros tiempos, pero aquí le corto, porque no quiero que siga con las comparaciones. A éste, cuando le da nostálgica, no hay quien le aguante.

Dice que no aprenderemos nada de esta mala  época. Que en cuanto los bancos paguen esas deudas de unos cuantos euros que tienen y se animen a dar crédito, desempolvaremos las tarjetas y hala, a sacarles chispas otra vez. Y a comprar productos financieros extraños (me dice que ya los están fabricando) y a comprar toda clase de chismes que no sirven para nada, pero que nos hacen quedar muy bien delante de nuestros amigos. Y a hacer tonterías, como siempre. Y a irnos a las Seychelles a comprar camisetas, que, aunque están hechas en Mataró, allí quedan muy monas.

Seguimos andando por el monte y le digo que soy optimista. Que estoy seguro de que vamos a redescubrir valores de fondo, de esos que hacen que, cuando ves a alguien que los tiene, dices que te gustaría ser así cuando seas mayor.

Que estoy seguro de que, a partir de ahora, recuperaremos un valor, que es el de la no tontería. Que alguien le llama austeridad, pero yo prefiero llamarle de la otra manera, porque así lo entiendo mejor. A mi amigo le gusta. Dice que conoce gente que hizo tonterías cuando las cosas le fueron bien y ahora sudan y sudan y sudan para llegar al día 6 de cada mes. Le digo que se dice que no llegan a fin de mes. Y él me dice que cuando él dice el día 6, quiere decir el día 6. Que los otros 24 días, o 25, según los meses, no sabe cómo los pasan. Pero los deben pasar, porque él les sigue viendo por la calle, aunque le da la impresión de que ahora pasean más que antes, porque pasear es gratis.

Como veo que se está animando, le digo que vamos a redescubrir que lo del pelotazo está muy bien, sobre todo si eres el que lo das, pero que dedicar toda tu vida a esperar que llegue te debe poner nervioso, porque yo conozco mucha gente a la que todavía no le ha llegado y, peor todavía, que no tiene aspecto de que le llegue.

Que eso hará que nos demos cuenta de que hay que trabajar mucho. Que igual hay que abrir la tienda el sábado por la tarde, porque, como aparezcan dos clientes, nos pueden resolver la semana. No le cuento el horario que teníamos en Sastrería La Confianza, la tienda de Zaragoza en la que empecé trabajar, porque dirá que los que mandaban allí eran unos negreros. Y como yo era uno de ellos, prefiero no hablar.

En una tertulia en televisión, un profesor habla de la comunidad educativa y dice que está formada por los padres y por los profesores. Y me alegro mucho, porque éste puede ser otro de los frutos de la crisis: el que nos demos cuenta de que a nuestros hijos, o les educamos nosotros, o ya te puedes ir olvidando.

En otra tertulia, me dicen que con esto de la crisis, se llevan mucho los abuelos canguro. En mi caso, no puedo cumplir con esta obligación, porque si tuviera que hacer de canguro de mis 40 nietos, duraría dos días. Pero me parece que también hay que replantearse si los abuelos hacen de canguro porque es necesario o porque algunos hijos se han vuelto un poco egoístas y piensan que también tienen derecho a descansar de vez en cuando, derecho que, por supuesto, niegan a sus padres, que para algo se han jubilado.

Mi amigo escucha atentamente. No toma notas porque vamos por el monte, pero estoy seguro de que esta noche llegará a casa y le contará todo a su mujer, de pe a pa.

Me animo y le digo que esto es una economía de guerra. O mejor, una manera de vivir de guerra, en la que hay que echar muchas horas, puede ser que haya que cobrar menos, habrá que discurrir más, habrá que ahorrar más y todo ello, sin la garantía de salir adelante. Eso sí, si no se hace todo ello, la garantía de no salir es total.

Y que ya vale de esperar a que se arregle la situación internacional, porque el día que se arregle, el Banco Central Europeo subirá los intereses, esto se reflejará en el euríbor y nuestras hipotecas pegarán otra subida y otra vez a no dormir.

Seguimos andando, mientras él escucha mi rollo. Al cabo de poco, me dice: “ya hemos llegado”. Pues sí. Allá en el monte hay una Virgen muy guapa, con muchas flores. Mi amigo se conoce muy bien el lugar. Se nota que va con frecuencia. Llega allí y se calla y reza. Me admiran las flores. Parece que la Virgen tiene muchas visitas. Y aquel lugar no cae de paso. Hay que ir.

Estamos un rato. Mi amigo mira el reloj y dice que tiene que volver a su despacho.

Vuelve contento. Me dice: “o sea, ¿que tú crees que eso del redescubrimiento de los valores va en serio? ¿Que de ésta saldremos hechos mejores personas? ¿Que desaparecerán los sinvergüenzas?”.

Le aclaro que no, que los sinvergüenzas no desaparecerán. Que ya firmaría por que hubiera unos pocos menos. Pero que, en general, esto va a ser bueno. En general quiere decir para la gente normal, esa que se da cuenta de que lo de todo vale no es verdad y que el todo vale nos ha llevado a esta situación y que no puede ser que eduquemos a nuestros hijos en el todo vale, porque van a ser unos desgraciados. Quizá con mucho dinero, pero desgraciados. Porque con mucho dinero, se puede ser muy desgraciado. Yo conozco más de uno, que, muy triunfador muy triunfador, pero me da pena, porque, como dice un amigo mío, “es tan pobre que sólo tiene dinero”.

Y, como siempre, a mi amigo le da el ataque político y pregunta si éstos nos dejarán. Y le contesto que a mí qué me importa lo que hagan éstos. Que yo ya sé lo que tengo que hacer y que hay mucha gente, pero mucha mucha, que también lo sabe y que algún día les dirán a éstos que ya vale de hacer el idiota y ya vale de pensar en sí mismos y ya vale de estropear la Patria y ya vale de estropear a los chavales y ya vale de hacer daño.

Porque sí, estoy convencido. Ya vale.

DECENCIA: Dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas.

Esta es una de las acepciones que tiene la palabra “decencia” según la R.A.E.

La lectura de el artículo que os transcribo a continuación de D. Leopoldo Abadía en EL CONFIDENCIAL  junto con otro de Garrigues Walker en ABC ( http://www.abc.es/20100312/opinion-tercera/europa-desde-america-20100312.html ), ha supuesto para mi un revulsivo esta mañana. La conclusión a la que he llegado es que estamos necesitados, tanto en España como en Europa, (como veréis América es otra cosa) de una revolución pacífica, liderada y promovida por personas íntegras y cultas, que nos lleve de vuelta a ser una sociedad de VALORES, en la que las grandes motivaciones del ser humano vuelvan a ser protagonistas, SACRIFICIO, ENTREGA, ESFUERZO, PATRIA, RESPETO, TRANSCENDENCIA, … etc. en contraposición al “pensamiento débil” y oportunista que nos está llevando a la descomposición espiritual, social y económica (todas unidas entre sí). La vía de conseguir todo esto no puede ser otra que la EDUCACIÓN, primero en las casas, después en la escuela y, por último en la calle…

LA EDUCACIÓN, LA HIJA DE LUIS Y LA HOMBRÍA DE BIEN.

Luis me presenta a su hija. Es una niña de unos 13 años, guapa, con muy buena pinta. Le da vergüenza saludarme. Su padre le dice: “¡mírale a los ojos!”.

Me parece todo un tratado de buena educación. Entiendo que “mirar a los ojos” quiere decir muchas cosas: no ocultarse, ser sincero, actuar con nobleza, sin doblez, aquello del “sea vuestro sí, sí. Sea vuestro no, no”, que se le ocurrió decir a un Apóstol al que, por cierto, le cortaron poco después la cabeza.

Y me acuerdo de la hija de Luis, porque estoy desayunando con mi vecino de San Quirico. Cuando hablo con él, nos miramos a la cara. Aunque no estemos de acuerdo. Aunque digamos eso de “al hilo de lo que estabas diciendo…” y luego, ni hilo ni nada: el que lo ha dicho no lo sigue y, a veces, si lo sigue, es para decir que no.

Esto de saber hablar, de saber escuchar, de dar la oportunidad de que hablen los otros, aun los más opuestos a nuestra manera de pensar, se ha dicho siempre que es propio de países adelantados. He oído con frecuencia que en los países latinos es de otra manera. Que aquí gritamos, discutimos, opinamos…, pero, fundamentalmente, no escuchamos. Queremos soltar nuestro rollo, si es posible sin mirar al vecino, porque lo hacemos delante de un micrófono, y así nos quedamos muy tranquilos y nuestros amiguetes nos aplauden, como si dijeran: “ole mi niño, le ha dejado planchado al otro”.

Mi amigo me dice que le parece muy bien eso de la crisis de decencia que me ha escuchado alguna vez, pero que no sabe si sirve para algo ni cómo se hace ni hasta dónde llega. Que si tiene que quedarse en San Quirico, o puede llegar al pueblo de al lado. Le digo que San Quirico ya está resuelto, porque allí todos somos muy decentes y que por eso, hay que globalizar la decencia y repetirlo muchas veces y, además, ser decentes, porque si no, la gente dice que mucho hablar, pero que, de decencia, nada.

Como se trata de concretar un poco, porque si no, diremos la lista de generalidades que leemos y oímos a diario, saldremos a la calle, él se irá a trabajar y yo a comprar los periódicos, agarramos dos manteles del bar y nos ponemos a hacer la lista de las cosas que nos parece que constituyen la decencia. O sea, lo que podríamos llamar el “test de decencia”. Si las tienes todas (TODAS), eres decente. Si no las tienes todas, no eres medio decente, porque aquí no hay término medio. En vez de decir que eres indecente, te diré que eres mejorable en cuanto a tu decencia.

Para que mi amigo no diga que no me mojo, empiezo yo y pongo eso de mirar a los ojos de la persona con la que estás hablando.

Le dejo desconcertado. Él mira siempre a los ojos y pensaba que eso era lo que todos hacían. Le digo que hay gente que cuando te habla, parece que está repasando la habitación y que tienes la sensación de que lo que dice va dirigido al cartel de toros que hay en la puerta de mi despacho o a la portada de La Vanguardia del día que nací que me regalaron mis hijos cuando cumplí 70 años.

Me pregunta que a qué edad hay que empezar con eso de la buena educación y de la decencia. Y le digo que hay que empezar cuando el chavalín empieza a hablar, porque a esa edad hay que enseñarle a dar gracias cuando le das un vaso de agua.

Y, en cuanto sea un poco mayorcillo, hay que explicarle el significado de cada taco que suelte, con el fin de que sepa que puede meterse con la madre de cualquiera, pero que si le rompen la cara no venga llorando a casa.

(Cuando mis hijos eran pequeños, tenían la lengua un poco larga y soltaban palabros con gran frecuencia. Se me ocurrió reunirles -eran cuatro críos de 5 a 9 años- y les pedí que escribieran una lista de todos los tacos que supieran. Salieron 42, algunos que harían enrojecer a un sargento de Caballería, de cuando existían los sargentos de Caballería. Les expliqué detalladamente el significado de cada taco y, milagrosamente, el número de palabras malsonantes bajó en picado.)

Tenemos que enseñar a nuestros hijos que hay que ser nobles y leales. Que tienen que ser personas de fiar. Que no es verdad que una cosa mala se convierta en buena porque la hagan muchos. Quizá lo he dicho ya alguna vez, pero es fundamental saber que una cosa anormal hecha por mucha gente no se convierte nunca en normal, sino en anormal frecuente.

Tienen que aprender que hay cosas que están bien y cosas que están mal. Que no es verdad que todo es opinable, porque hay algunas cosas –no muchas-, que no son opinables.

Mi amigo va tomando nota a toda velocidad en el mantel del bar. Hoy se ha dejado la libreta en casa, porque pensaba que el desayuno iba a ser de jiji jajá. Y ha descubierto que hay temas, como el de la educación, que de jiji nada, y de jajá, menos. Que nos estamos jugando el futuro de España y estamos yendo, una vez más, en la dirección contraria.

Que estamos fabricando niños blandengues, egoístas, mentirosetes, que no sirven para nada. Y así, no se va a ninguna parte. Mejor dicho, sí se va. Mejor dicho: nos llevan ellos. (Esos “ellos” deben ser esos a los que la gente llama “estos”).

Y luego, nos quejamos de lo malos que son ellos. Y supongo que ellos, que no sé si son malos, pero que tontos no son, piensan: “seguiremos deformándoles, para que no tengan criterio sobre nada. Y así, nosotros seguiremos con lo nuestro, que mal, mal, no nos está yendo”.

Mi amigo dice que sí, que lo de la educación le preocupa. Pero añade que la educación empieza en casa. Y, para que quede claro, me dice que “si un padre y una madre son un par de cenutrios -palabra que le encanta repetir- ¿cómo van a ser sus hijos? ¡Cenutrios! ¡Aunque los manden a Harvard! ¡Serán cenutrios en inglés, que no sé cómo se dice!”

Mi amigo dice que hay que replantearse muchas cosas. Que se ha leído la teoría del safety car que he propuesto en mi último libro, y que todos necesitamos de vez en cuando un safety car, que nos ponga en orden internamente cuando patinamos de mala manera, o cuando hayamos decidido jugar al todo vale, sabiendo que si todo vale, vale todo, con la condición de que el día que nos pase algo no nos quejemos, porque jugábamos a eso. (Esta última frase es mía, pero mi amigo la dice con tanta soltura que estoy seguro que piensa que se le ha ocurrido a él.)

O sea, que hay que educar a los padres. Pues ¡menuda revolución civil vamos a montar! Pero, como dicen en mi tierra, “no hay otra”. Ya podemos hacer Planes de Educación, ya podemos poner máquinas de preservativos en los colegios, ya podemos regalar suscripciones de periódicos a los chicos, que si en casa no les educamos, los chavales saldrán de los Colegios con una deformación grave, pensando que su objetivo en la vida es ser animalitos sanos, que cuando les falle el preservativo ya abortarán (total, ya lo hacen muchas) y que papá Estado, mamá Autonomía y la abuelita Ayuntamiento ya les arreglarán las cosas cuando sean mayores. Y si no se las arreglan, se amenaza con una huelga general y ya está.

  

P.S.

1. Cuando digo lo de “mi último libro”, me refiero al segundo, porque, en confianza, en toda mi vida no he escrito más que dos.

2. Lo de que “mal, mal, no nos está yendo”, será desde el punto de vista económico. Porque desde el punto de vista de hombría de bien, les ha ido MUY MAL.

3. En la “hombría de bien” incluyo, por supuesto, a las mujeres, que también tienen el derecho -y el deber- de tener “hombría de bien”. Porque, o somos iguales, o no somos iguales.

4. Aprovecho el tema para presumir de pertenecer al Patronato de Honor  de la Fundación Nins (www.nins.org) con la que, en esencia, queremos hacer que los niños de hoy no sean los blandengues del mañana.

Relajáos que está tó controlao...

El amigo Abadía como siempre dando en la diana con sus diagnósticos. El clamor de indignación hacia el sistema imperante actual (gobierno, macroeconomía, inmoralidad, ladronicio…) empieza a ser atronador, pero todos seguimos como paralizados, hechizados viendo como se desmorona todo sin mover un dedo*, fascinados por el espectáculo apocalíptico que se nos viene encima, ya es hora de que reaccionemos, echándo a correr hacia las trincheras o simplemente echándo a correr hacia donde sea, para que cuando se termine de hundir el edificio no nos aplaste debajo.

Os sigo recomendando esta sana costumbre de leer las ocurrencias que Don Leopoldo nos expone tan llanamente.

* (Bueno, algunos hacemos un blog)

VIAJES, PATRIOTISMO Y MANIFESTACIONES. Desde San Quirico.

Como dicen en mi tierra, “si se les cae la casa, no les pilla debajo”. ¿Os habéis dado cuenta de que nunca están en el despacho? ¿Habéis visto que siempre que tienen que decir algo, se van de viaje? Este fin de semana, que es cuando podía quedarse en casa ordenando papeles, nuestro Presidente se ha ido a Málaga, que, después de Chipre, Etiopía y Estados Unidos, le debe parecer que está a la vuelta de la esquina. Ha hablado de crisis y patriotismo, términos que para D. José Luis son como hermanos, porque siempre van juntos. Hace poco, el que hablaba de la crisis era antipatriota. Ahora, es antipatriota el que no colabora con él, porque sí que hay crisis. Y la crisis debe ser gorda, porque le dice a D. Mariano Rajoy, que no es muy amigo suyo, que le eche una mano, que se lo pide y que quiere“asumir juntos esa tarea”. Unos días antes, D. José Luis se fue a Londres, a meterse con los mercados internacionales, justo después de que el pobre José Manuel Campa les explicase a esos mismos mercados lo guapos que somos y lo sanos que estamos. Y, como el señor Rodríguez entiende de todo, ha dicho -en algún sitio, no en su despacho de Madrid- que es “sencillamente inmoral” dudar de la solidez de España y la solvencia de sus cuentas públicas. Ahora sí que me ha puesto en un dilema. Porque fíjese, D. José Luis, YO DUDO. Dudo de que sepa usted el agujero en que nos está metiendo. Dudo de que sea usted capaz de sacarnos de él. Dudo de que el saneamiento de nuestras finanzas que demanda la Comisión Europea, que no sé por qué lo demanda con lo saneadas que están, se haga “bien, a tiempo y garantizando que el gasto social no se va a recortar”. Leí ayer que el PP iba a marcar severamente a la señora Salgado y a los señores Blanco y Sebastián.

Y me quedé perplejo, porque, en teoría, estos señores forman la comisión negociadora nombrada por el Gobierno y -sigo con la teoría- no se trata de marcarles, sino de negociar con ellos. Quizá es que, con sus viajes y sus distracciones, el señor Rodríguez ya no manda y los que mandan son estos tres y al señor Rodríguez lo utilizan para mítines como el de Málaga por aquello de que sabe ganar elecciones. ¡Qué lío, Señor! Y, para colmo, va D. Celestino Corbacho y dice que la crisis ha llegado al barrio y a las escaleras y que por eso, es la hora de las ONGs. Y luego, llegan las manifestaciones. Según leí, estaban convocadas por los sindicatos para protestar contra el Gobierno. Pero veo una foto en la que están los señores Corbacho, Alonso, Méndez y Fernández Toxo y las señoras Calvo y Aído. Me dicen que la foto, que La Vanguardia titula “En familia”, no tiene nada que ver con la manifestación, y que es una foto de una reunión para los Pactos de Toledo. Pero mi vecino de San Quirico, que, a veces, es un poco malpensado, me dice que parece como si estuvieran preparando la manifestación y diciendo eso de “tú pones cara de enfadado y yo de preocupado”, “tú dices que la manifestación ha sido un éxito y yo digo que según como se mire”. Y, como consecuencia, cuando en un programa de televisión me preguntan qué opino de estas manifestaciones, contesto que me parece que es hacer el paripé.

P. S. 1. Cuando en un párrafo he utilizado repetidas veces la palabra “dudo”, ha sido por educación. Quería decir “estoy seguro de que no”.

2. No sé qué pintaba la señora Aído en la reunión preparatoria de la manifestación. Quizá quería comprobar que la mitad de los que van son hombres y la otra mitad, mujeres. ¡Lo que hay que hacer para poder llevar el cocido a casa!

Si algunos cerraran la boca...

 

Me ha dado un ataque de sensatez. Y no sé si ha sido por contagio o por reacción violenta.

 Puede haber sido por contagio, porque veo y oigo a muchos sensatos por la calle. También puede haber sido por reacción violenta, porque veo y oigo a muchos insensatos por la calle. He leído cosas esta semana que me han hecho palidecer. Cosas como, por ejemplo:

 – Que es mejor pagar 59.000 euros diarios a Francia que poner un cementerio nuclear en San Quirico.

 – Que si no se rotula tu tienda en catalán te pueden poner hasta 10.000 euros de multa.

 – Que D. José Luis va a hablar en Davos sobre dos temas que domina bien:

 “Repensando la Eurozona” 

“El rediseño de la gobernanza mundial”

 (Por cierto, mi abuelo Leopoldo, que hablaba bastante claro, aunque a veces se le escapaban expresiones políticamente muy incorrectas, al oír esto del repensar y el rediseñar hubiera dicho algún palabro un poco grosero, sobre todo al darse cuenta de quién era el especialista español en los citados rediseños y repensamientos. Al llegar a lo de la gobernanza, alguien de la familia le hubiera dicho que se callase durante unos días sus opiniones.)

 Sigo:

 – Que D. Gerardo se queja de que D. Miguel ha ido contando por ahí que D. Gerardo lo está pasando un poco mal y que debe muchos euros a la Caja que hasta ahora presidía D. Miguel.

 – Que un personaje quiere despolitizar las Cajas, a los pocos días del espectáculo que han dado Dª Esperanza y otros.

 Y como consecuencia de estas tonterías y de muchísimas otras más, incluidas las cosas que dicen algunos gobernantes nuestros cuando el FMI advierte de que no vamos bien, o las cosas que dice la Sra. Pajín para explicar por qué unas entidades financieras (despolitizadas, por cierto), le perdonaron al PSOE unos cuantos euros de nada, el pobre José Manuel Campa, a quien no conozco, pero que como es profesor del IESE me cae muy bien, tiene que darse una vuelta por ahí, diciendo que no se preocupen, que todo va fenomenal, que no pasa nada, que la Sra. Salgado lo ha dejado claro, etc.

Dicen que eso se llama non deal road show. Sin el non deal, el road show es eso que se suele hacer para conseguir que la gente ponga dinero en tu empresa, o en tu nación. Añadiendo lo del non deal, parece que el tema se reduce a una gira de propaganda, explicando lo majos que somos y que todo el mundo esté tranquilo, porque ya nos hemos dado cuenta de que “crece la desconfianza y hay que empezar a hacer los deberes”.

Sí, sí, habéis leído bien. Vamos a empezar a hacer los deberes. A D. José Luis le ha pasado lo mismo que a D. Barack, que, “menos ambicioso, se centrará en 2010 en crear empleo” (a los dos les ha costado un poco bajar de lo planetario a lo menos planetario).

Lo que pasa en nuestro caso, que es el que me importa, es que, o hacemos los deberes pronto o no sé qué va a explicar D. José Lis el día que tenga que hablar sobre la gobernanza.

Lo peor de todo es que a todas esas cosas les llaman optimismo. Y,  peor todavía, es que los optimistas de verdad se callan y aguantan que les prostituyan el  nombre (con perdón por lo de la prostitución).

Ha de volver la censura. Ya sé que, dicho así, suena mal, pero ha de volver. Deberíamos crear una comisión de 6 personas sensatas. Ya he pensado  quiénes pueden ser: tres de San Quirico y tres del pueblo de al lado. A mi amigo de San Quirico le voy a  dejar descansar, porque lo necesito para otras cosas, más importantes todavía. Tengo a los 6 in pectore, o sea, no se lo he dicho todavía, por prudencia, pero se lo diré pronto.

Su labor será repasar a diario las noticias que van a poner los periódicos y eliminar las insensateces. Ya sé que esto hará que se reduzca drásticamente el número de páginas de la prensa escrita y que desaparezcan muchos programas de radio y de televisión, pero es que lo otro está siendo inaguantable para los mayores, y deformador para nuestros hijos y para nuestros nietos, que están creciendo en un ambiente en el que cualquier cantamañanas puede decir una cantamañanada, con tal de que ponga cara seria, mire a la lejanía y contemple cómo el viento se hace con la propiedad de la tierra.

O al revés. No me acuerdo bien.

P.S. He escrito este artículo el día 28. Al acabar, veo en Expansión que las intervenciones de D. José Luis en Davos han sido hoy. Lo siento. He llegado tarde. Lo de publicar los viernes tiene ese problema

Me llaman de una radio de Valencia. Los muy traidores me ponen un corte de una profecía que hice hace un año, en la que, por casualidad, acerté, y me dicen que profetice lo que va a suceder en 2010.

 Yo, hace muy poco, era un señor normal. Luego, me convertí en famosete, luego en gurú y después, en profeta. Pocos españoles tendrán un curriculum semejante.

 Y como los de la radio de Valencia me caen muy bien, me lanzo a profetizar, con una imprudencia digna de mejor causa.

Empiezo hablando de la crisis. Me parece que ya os he contado alguna vez que, en una conferencia, me preguntaron si ésta era una crisis en V. Yo no sabía lo que era una crisis en V. Menos mal que el que me hacía la pregunta me dijo que la V significaba hundimiento y recuperación.

Sigo hablando de que la crisis no es en V, sino en L (hundimiento, tramo largo largo horizontal, recuperación en plano inclinado.) Esta forma de crisis la inventé yo, en un programa de televisión, sin saber que ya estaba inventada hace muchos años. Cosas de la ignorancia.

Hablo del tramo largo en el que nos encontramos y en el que creo que nos encontraremos durante un período muy largo. Me piden fechas. Los profetas no daban fechas. Decían que pasarían unas cosas en el futuro, y ahí se quedaban. Para ellos, cien años más, cien años menos, no tenían ninguna importancia.

Digo que antes decía que me llamasen el 1 de enero de 2010. Ahora digo que me llamen el 30 de junio, pero estoy a punto de cambiar al 31 de Diciembre de 2010, porque creo que esto no arrancará antes.

Me preguntan si hemos tocado fondo. Digo que creo que no, porque el número de parados sigue siendo muy serio. Quiero esperar al 24 de Enero y al 24 de Abril, para ver qué cifras me da el Instituto Nacional de Estadística, en la Encuesta de Población Activa, que es la que a mí me gusta.

Me preguntan si las entidades financieras se portarán mejor. Y contesto que Dios lo quiera, pero que no lo sé.

Me hablan de Estados Unidos, que dicen que ha salido de la recesión. Contesto que mientras no salgan del paro, no me lo creo.

Y, al cabo de dos días, dice Obama que lo que le preocupa es el paro. ¡Esto de ser profeta es sencillísimo!

Obama propone una serie de medidas y oigo en algún medio de comunicación que también le va a poner el adjetivo “sostenible” a lo que él propone. Tenemos un Presidente de Gobierno que no nos lo merecemos. ¡Hasta Obama le copia! Este hombre de la Moncloa es un crack.

Me dicen que a ver si Francia y Alemania empiezan a funcionar, que así nos arrastrarán, hacia delante, claro. Pues que nos arrastren. Lo que pasa es que Trichet, Presidente del Banco Central Europeo, dice que, entonces, subirán los intereses, y con lo que debemos y con lo entusiasmados que estamos con lo que debemos, igual seguiremos endeudándonos. Anteayer decía Expansión que las Comunidades Autónomas, en el año 2010 van a emitir deuda, o sea, a pedir dinero por ahí, por una cantidad ridícula, 32.000 millones de euros (los mayores, no intentéis traducirlo a pesetas, porque os puede dar algo). Supongo que alguna vez habrá que devolver esta cantidad -y otras- y que -sigo suponiendo- hasta nos cobrarán intereses por ella. Y como esos intereses suban, igual a estos chicos les da por seguir subiendo los impuestos, por aquello de intentar igualar lo que sale con lo que entra.

Me dicen que qué opino del cambio climático. Yo, ahora, tengo frío (estamos en Diciembre). El otro día, en Buenos Aires, notaba que iba llegando el verano (allí es el equivalente a Junio). Van a estar hablando en Copenhague durante 15 días de este tema. Supongo que allí irá nuestro Presidente y alguien más, como la Vicepresidenta de la Vega, que cada vez me cae mejor por la cantidad de cosas que hace. Me dijeron que había adelgazado últimamente. No me extraña. Pobre señora. Por eso se viste un poco llamativa; para disimular los malos ratos que le hacen pasar unos y otros.

Digo que me preocupa que lo del cambio climático le vuelva a distraer a nuestro Presidente. Es como cuando pienso en uno de mis nietos que es muy listo – como lo son todos mis nietos -(¡qué voy a decir yo!), pero que tiene un problema de fijación. Es eso que nos pasa a muchos. Que vas a hacer una cosa y, por el camino, recoges un papel y lo tiras a la papelera del despacho. Allí encuentras la agenda, que no sabías dónde estaba. La miras y te das cuenta de que hoy es el santo de un amigo. Le llamas y os reís un rato. Sales y te tropiezas con el periódico que acaba de llegar. Le echas una ojeada rápida. Y en ese momento, dices: “Yo, ¿qué tenía que hacer?”

 

Me da miedo que esto es lo que le pasa a nuestro Presidente. Que debe ser listo, que debe ser simpático, que, en público, no habla bien -si digo lo contrario, mentiría-, que para decir obviedades pone una cara muy seria…

Cosas normales. Pero tiene tendencia a la distracción. Se emboba con la primera mariposa que pasa por los jardines de su casa.

Imaginaos qué pasaría si mañana, o pasado, o el lunes, pidiera ir a televisión y soltase un discurso con el siguiente contenido: “Españoles, me voy a dedicar durante este año 2010 a resolver el problema del paro. Y si no lo resuelvo, me echáis. Como dice mi amigo Obama, ´la creación de empleo, a fin de cuentas, depende de los que de verdad crean empleo: las empresas de toda América´. Pues yo digo lo mismo, pero donde él dice América, yo digo España”.

 

Y podemos seguir imaginando. “Y, como consecuencia, ni Presidencia europea ni cambio climático ni aborto ni gaitas. Me quedo en casa y me pongo a hablar con todos los empresarios que quieran venir a verme y les digo que les voy a bajar los impuestos (total, por un poco más de desequilibrio en el Presupuesto  no pasa nada) y que vamos a hacer la reforma laboral -la que sea, pero pronto, por favor- y que vamos a prestigiar a los empresarios y que vamos a repasar y a corregir lo que digan sobre el empresario los libros que estudian los niños porque no es verdad y que vamos a animar a los chavales a que monten negocios y que voy a pegar bronca a algún Presidente autonómico porque he leído que en su Comunidad muchos chavales quieren ser funcionarios.

Y que, además, voy a hablar con los Sindicatos para que se enteren y ayuden  y dejen de hacer tontadas”.

 

Al llegar aquí, se me acaba la inspiración profética, porque me canso. Y comprendo a un profesor del IESE que, hace muchos años, vino a mi despacho, se apoyó en la puerta y me dijo: “¡Qué duro es investigar!” Y pienso que más duro es profetizar.

 

Y ya no sé dónde se acaba el espíritu de profecía y donde empieza el que se me vaya la olla.

Por si faltaba algo, se me ocurre coger la Biblia y, por casualidad, abro por el profeta Amós, que, cuando notó que empezaba  a profetizar, se resistió y dijo: “yo no soy profeta ni hijo de profeta; soy boyero y hábil en preparar los higos de sicómoro”.

 

Al pobre Amós le pasaba lo mismo que a mí. El sabía más que yo en cuanto a manejar bueyes o preparar higos, pero yo lo tengo más fácil, porque profetizar ahora, con todos estos señores que nos rodean -no he dicho que nos gobiernan- dando vueltas por el mundo, está tirao.

matrimonio feliz

BUENAS NOTICIAS

 

Nosotros también empezamos el curso socio-político-económico. Mi amigo de San Quirico y yo, con aires nuevos, después de la frescura psicológica que da el verano, nos reunimos en el primer desayuno de esta temporada. No hacemos más que copiar a los políticos. Todos se van a algún sitio a inaugurar el curso. Unos hablan en algún mitin, otros jugaban al dominó, y así. Pues nosotros, también. Vamos a donde siempre y hacemos lo de siempre: desayunar.

 

Mi amigo viene contento. Dice que ve brotes verdes. Le miro extrañado, porque yo no los veo y él suele ser más cenizo que yo.

 

Dice que, ya que lo nuestro es lo socio-político-etc., él se alegra cuando ve un brote verde en alguno de esos campos. Y que hoy le toca a lo social.

 

Me cuenta que tres matrimonios amigos suyos se han separado en los últimos años. Las historias, las de siempre: un tercero o una tercera que se han metido por en medio, la famosa “incompatibilidad de  caracteres”, que según dice mi amigo, es un cuento que nos hemos inventado, el cansancio de una vida (en los tres casos corta) en la que los dos ya se han dicho todo y están un poco aburridos uno de otro. Me  dice: “¿para qué voy a seguir, si ya te lo sabes todo?”

 

Como todos los brotes verdes que ve este hombre sean así, acabo el desayuno rápido y me voy a pasear con mi perro Helmut. Pero  no deben ser así, porque él sigue animado y hasta veo en sus ojos una pizca de entusiasmo.

 

Y me dice: “¡los tres matrimonios se han arreglado!” Me cuenta que los tres matrimonios han dado vueltas a su situación, los tres han tenido amigos muy buenos que le  han ayudado, los tres se han tragado un poquico el orgullo, los tres han perdonado y los tres  dicen que, además, van a olvidar. Y los tres están viviendo juntos otra vez.

 

(Aclaración: Cuando hablo de los tres, me refiero a cada uno de los matrimonios por separado, como ya habréis adivinado. Lo pongo aquí porque siempre puede haber algún mal pensado que luego diga que recomiendo la vida en comuna.)

 

Me alegro mucho de la noticia. Y lo que más me ilusiona es que, en los tres casos, ha habido amigos que les han ayudado a salir  del atasco. Podían haberles dicho que llamasen al teléfono de los malos tratos psicológicos o que les hubieran presentado a un mozo  o a una moza “para que rehicieran su vida, porque todos tenemos derecho a rehacerla”.

 

Podían haberles hablado mal del otro o de la otra, diciendo que se  equivocaron en la elección porque eran jóvenes o que ellos se merecían mucho  más. Y todas  esas monsergas  que hoy se oyen y que hacen que los “no modernos” se  callen,  pensando que son “antiguos” y que los “modernos” son los otros, que puede que sean modernos, pero dicen unas cosas que les relegan a la más profunda antigüedad.

 

Pero los amigos, en estos tres casos, se portaron bien. Porque los amigos de estos matrimonios eran eso, amigos. Y los amigos se distinguen porque siempre te dicen lo que les parece que te conviene y nunca te dicen lo que les parece que te gustaría que te dijeran, aunque no te convenga.

 

Pienso,  pero no se lo digo a mi amigo, porque cogerá el rollo: ¿No será que las cosas son más simples de lo que parece? ¿No será que cuando un matrimonio riñe, que es lo más normal del mundo, en vez  de plantearse cómo se rompe aquello es más fácil ver  cómo se arregla?

 

 

Ya  sé que esto también deberían hacerlo los políticos,  pero como el que hoy lleva la voz cantante es mi amigo de San Quirico, no digo nada, para no estropearle el argumento.

 

P.S.

 

1.  A idea, he usado repetidamente la palabra “matrimonio”. Me molesta mucho lo de vivir “en pareja”.  Antes me sonaba a Copito de Nieve con su moza correspondiente. Ahora, como Copito pasó a mejor vida (cosa difícil,  porque vivía muy bien), digo que  me suena a gorila macho que se aparea con gorila hembra.

 

2.  Lo de “matrimonio” es mucho más serio. Porque lo de “pareja” me da la impresión de que tiene fecha de caducidad. Y el  matrimonio, no. Bueno, sí.  El día que uno de los dos se muera.

 

3.  Porque a eso se comprometieron.

 

4.  Y había público delante.

Nuevo capítulo de Leopoldo Abadía, que como sabéis representa una de las líneas de intereses de este blog. Este señor tiene la facultad de despertar esperanza desde el realismo más crudo. Es bueno que leamos y aprendamos de lo que nos dice. Abrazos.

MAPA ANTIGUO DE ESPAÑA

El último fin de semana ha estado lleno de celebraciones: mi mujer y yo estuvimos en Zaragoza para celebrar el  60 aniversario de mi salida del Colegio, luego fuimos a Sabadell para una fiesta sorpresa de felicitación a un amigo nuestro que cumplía 80 años y por la noche, acabamos cenando en Barcelona con un hijo que cumplía 40 años y con su mujer.

 

¡Qué barbaridad! No paramos de fiestas. ¡Y qué bien lo pasamos! ¡Y cuántas risas echamos!

 

Bueno, risas y algún lagrimica que otra. Encontrar a los niños del Colegio del Salvador, de los Padres Jesuitas, en Zaragoza, reconocer a todos y darme cuenta de lo majos que son y ver lo poco que nos costó pegar la hebra y empezar a contarnos nuestras vidas, es una maravilla.

 

Estuve hablando bastante rato con Pepe, un chico de mi edad. Mientras me iba contando cosas, yo le iba viendo cuando era pequeño, con problemas físicos  – llevaba bastón-, hijo de un militar que había muerto en la guerra española y de UNA SEÑORA – con mayúsculas – que se mató de trabajar para sacar adelante a sus hijos.

 

No eran tiempos fáciles. Lo de ahora es Jauja comparado con aquello. Pero Pepe hizo o que veía hacer a su madre: matarse de trabajar. Supongo que con beca. Luego fue a Madrid al ICAI. Supongo que también con beca.

 

Pero lo que puedo asegurar es que SIN BECA, llegó a Director General de una empresa española muy importante, de las que cotizan en Bolsa.

 

Han pasado 60 años desde que acabamos el Colegio, y 70 desde que Pepe, con su bastón, jugaba al fútbol con nosotros y se caía con frecuencia.

 

Está mayor (yo también). En vez  de un bastón, lleva dos muletas. Está delicado de salud. Pero cuando te presenta a su mujer y cuando te habla de sus cinco hijos, piensas que si Pepe y su madre se  hubieran quedado en casa acurrucados esperando a  que el maná cayese del cielo, se hubieran muerto de hambre.

 

Y no. Pepe es lo que los cursis llaman un winner, un ganador. Tiene las ideas tan claras como entonces. Es un hombre fiel a sus principios, como entonces. Se me hizo corto el rato que estuvimos juntos. ¡Cuánto aprendí! ¡Qué agradecido me quedé, a él, a  su madre, a los que le pegaron un empujón cuando lo necesitó!

 

Me quedé agradecido porque Pepe y otros Pepes como él – hubo muchos – son los que han hecho España, callados, callados y venga a trabajar, sin tiempo de quejarse.

 

Estoy seguro de que hay muchos Pepes por ahí. Lo que pasa es que no brillan nada. Y pasa, además, que, como no dicen tonterías como algunos otros, no salen en la prensa.

 

Hablando de tonterías:

 

1.El portavoz del PSOE en El Congreso, que fue Ministro antes, se ha descolgado diciendo que la única moral posible es la de la Constitución.

 

2.La Ministra de Sanidad, llena de fervor patriótico, ha dicho que fracasaría  como madre si su hija no le dijera que va a abortar.

 

Pero, ¿qué les pasa a estos chicos? Les ha debido dar el sol y deben estar en pleno golpe de calor, porque si no, no se explica que dos personas, que, vistas  desde fuera, tienen pinta normal, digan semejantes cosas.

 

Ah, por cierto, cuando José Blanco dice que lo del aborto ya estaba en vigor con el PP, yo digo: Y a mí, ¡¿qué me importa?! Si he repetido centenares de veces que estamos gobernados por una serie de impresentables y que los que se oponen a los impresentables son tan impresentables como ellos, no me importa nada que los que se carguen a los niños sean de derechas o de izquierdas.

 

Y si Blanco dice que antes los obispos se callaban, aparte de que no es verdad, vuelvo a repetir: Y a mí, ¡¿qué me importa?!

 

Yo ya soy mayorcito y, como a Pepe, procuraron educarme bien: primero en mi casa, luego en el Colegio. Y por eso, Pepe y yo distinguimos el bien del mal.

 

Y me parece que hay muchos, pero que muchos, y muchas, pero que muchas, a los que les ha patinado el embrague y llaman bueno a lo malo, malo a lo bueno y regular a lo fenomenal.

 

Pues peor para ellos, peor para sus familias y peor para nuestra España, que, así va. Lo que pasa es que, al fin, los Pepes ganarán.

 

P.S.

 

1.Uff, ¡qué día más malo tengo! Debe ser que estoy cansado. Lo que pasa es que esto lo escribí ayer noche y lo he vuelto a leer hoy, después de dormir 10 horas y he decidido que no he escrito lo anterior porque estoy cansado, sino porque estoy muy convencido. O sea, debo ser un convencido cansado. Ya se me irá el cansancio. Dios quiera que no se me vaya el convencimiento.

 

2.Aunque creo que es innecesario, quiero dejar claro que mi amigo Pepe se llama José. Y que no tiene nada que ver con el otro PP, el de Rajoy, a pesar de que se pronuncien igual.

 

3.Y, como consecuencia, que no he pretendido hacer una publicidad subliminal del partido político, sino una publicidad absolutamente no subliminal de Pepe y los otros Pepes, gracias a los cuales aguanta este país.

 

4.Cuando califico de impresentables a los que nos gobiernan y a los otros, no pretendo insultar a nadie. Quiero decir, simplemente, que no los presentaría en ninguna empresa en la que hubiera que trabajar en serio.

Don Leopoldo explica la deflación de una forma gráfica (los presentadores un poco pesaos).

ANTICONCEPCION

¡Dios mío! Qué manera de definir una situación de una manera tan simple y tan certera. Cuánto envidio tener una cabeza tan bien amueblada como la de Don Leopoldo. Leed veréis como no os decepciona…

 

Esta semana he viajado bastante. Me llevaron en coche de Sevilla a Mérida el primer día del debate sobre el Estado de  la Nación. Pedí que me pusieran la radio y oí una parte. El resto, lo he leído a trozos en los periódicos de los sitios donde he estado. O sea, no lo vi ni lo escuché de un tirón, con lo que es posible que alguna parte se me haya escapado.

 

Pero pienso que ya debería tener una idea bastante clara de lo que ocurrió, aunque me parece que no la tengo.

 

En primer lugar, me molesta que se diga quién ganó o quién perdió. He leído que ganó Zapatero (por lo menos, cuando le escuché por la radio, le interrumpían -supongo que los de su bando- con muchos aplausos en trozos del discurso cuya profundidad me había pasado desapercibida, pero que debían ser fundamentales, a juzgar por el entusiasmo que despertaban.

 

También he leído que ganó Rajoy y aunque no seguí su parte de modo tan completo, también supongo que los suyos le aplaudirían, convenientemente adoctrinados.

 

Lo que pasa es que me gustaría saber cuál es el estado de mi nación, porque, como ya he dicho alguna vez, a mí lo que me preocupa es mi nación y a estos chicos parece que lo que les preocupa son las elecciones europeas. Ya sé que luego les preocuparán las generales, las autonómicas y las de San Quirico, pero ahora estamos en las europeas.

 

Parece eso, cuando leo que “Zapatero sale vivo del debate de los cuatro millones de parados”. Y pienso que si ese era su objetivo, a los cuatro millones de parados les debe hacer mucha gracia el éxito personal de nuestro Presidente.

 

Leo que el citado Presidente dice que “el Gobierno hizo previsiones erróneas el año pasado”. Y ya está. Cualquiera se puede equivocar. Eso es verdad. Pero no sé si este mozo se da cuenta de que una equivocación suya equivale a mil mías. En otras palabras: que si él se equivoca -y por lo que parece, SE EQUIVOCA-  afecta a unos cuantos millones de españoles (unos 46) y si yo me equivoco –que ME EQUIVOCO- les afecta a los de mi familia y poco más.

 

Y, como los de mi familia y poco más, me conocen de sobra, ya no me hacen caso cuando hago previsiones. Lo cual sería un consejo muy bueno para todo español (los 46 millones): No hagáis ningún caso a lo que dice nuestro Presidente, porque, a efectos de no acertar, es del mismo nivel que Leopoldo Abadía.

 

Escuché al Presidente decir con voz profunda que, a pesar de lo que se ha avanzado en la educación de los chicos (o sea, de sus hijos y de mis nietos, porque a mis hijos, gracias a Dios, ya no les coge), “no acabamos de estar satisfechos” (me parece que la frase es textual y si no lo es, se aproxima mucho).

 

Y entonces viene la solución, lo que en términos científicos podríamos llamar el pack educativo, compuesto por tres elementos:

 

1. Un ordenador para cada chaval/chavala.

 

2. Una o varias pizarras digitales para cada escuela.

 

3. Una píldora del día después para toda niña a la que le apetezca acostarse con un mozo “sin consecuencias”, como parece que se dice ahora.

 

(Entre paréntesis, no sabéis lo que presumo cuando veo las doce consecuencias de mi matrimonio y las 38 consecuencias de los matrimonios de mis hijos.)

 

O sea, que ahora José Luis -permíteme que te tutee, Presidente, porque por la edad, podría ser tu padre- decide que nuestros hijos, con ordenador (ellos y ellas), una pizarra (ellos y ellas) y un par de píldoras en el bolsillo (ellas), darán un salto adelante en su educación.

 

¡Dios mío, este hombre empieza a ser peligroso! Este hombre va a  fabricar animalitos. Con ordenador y pizarra, pero animalitos, que serán incapaces de ver a una mujer como mujer o a un hombre como hombre. En la mujer verán a una moza como chisme para  pasárselo bien y en el hombre, a un mozo buscador de mozas para llevárselas a la cama.

 

Ya sé que soy muy simplón, pero esto del debate sobre el estado de la nación me ha dejado un poco preocupado.

 

No quiero que se repita aquello de “¡váyase, señor González!”. Pero, por favor, señor Zapatero, no nos estropee a los chavales. Que de aquí a unos años usted se irá a su casa, luego se hará mayor y le invitarán a dar conferencias. Y ya está. Y mientras tanto, muchos chicos y muchas chicas a las que usted habrá estropeado definitivamente, irán por ahí tirados por la calle, y nadie les pedirá que den una conferencia.

 

Quédese, señor Zapatero, o váyase. Haga lo que quiera. Pero no haga daño. Porque hasta ahora, las cosas que usted decía me las tomaba a broma, porque ya sé que no da usted ni una.

 

Pero lo de ahora, es más serio. Fíjese si es serio que hasta para presentar lo de la pildorita necesitó usted dos ministras. No un simple subsecretario (no sé si existen todavía). No. Dos ministras. La víspera del debate sobre el estado de mi nación. Debió ser para que no se llevase usted todos los aplausos y les quedase alguno a ellas, sobre todo a la de Igualdad, que no le aplaude nadie.

 

P.S.

 

Juan Fernando López Aguilar, ex Ministro, es un canario muy divertido, que habla inglés muy bien, que fue Ministro de Justicia, que luego se lo quitaron de encima mandándolo a Canarias a perder las elecciones, y ahora se va a Europa, a ver si las gana, es un hombre que tiene mucha gracia dibujando.

 

Mientras los españoles pensábamos que estos señores trabajaban, él hizo un dibujo en el que, mientras Zapatero saca conejos de dos chisteras, Rajoy pone cara de frustración y dice: “¡Lo ha vuelto a hacer! ¿Qué puedo hacer contra este tío?”

 

Pues a eso juegan estos chicos. A ganar, a sacar conejos de la chistera, a decir que darán 2.000 euros por coche, incluyendo en esa cifra el descuento de 1.000 que harán los fabricantes de coches, etc.

 

Y del estado de mi nación, ¿qué?

 

A ver si hay suerte y aparece la contestación en algún otro conejo de alguna otra chistera.

LA COLA DEL PARO

Hoy desayuno en Barcelona, con Juan. Es un hombre al que conocí hace muchos años en San Quirico. Listo, competente, buena persona, un gran profesional. Con sentido común (¡casi nada!). Que se da cuenta del lío en el que estamos y de los discursos pintorescos que unos y otros hacen.

 

Me dice: “¿Tú también crees que no saben por dónde andan?”

 

Lo último que le ha desconcertado es eso de que ya que no pudimos votar a Obama en Julio le podremos votar ahora, en las elecciones europeas. Juan me dice: “¿Pero es que este señor se presenta?” Y dice que, puestos a votar (se lo está pensando), él prefiere votar a uno de San Quirico, o de Castellterçol, el pueblo de  al lado y, si le apuras un poco, de Moià, que está a 10 kilómetros. “¡Pero votar a un señor de Illinois! ¿Y qué se me ha perdido a mí en Illinois?”

 

Le intento explicar que eso que le preocupa no es más que un truco publicitario, que no hay que tomárselo en serio, como cuando te dicen que no sé qué producto es el mejor del mundo. Que es una manera de hablar que, en términos propagandísticos, se considera una exageración admitida y que, en términos reales, sería una mentira, no admitida.

 

Juan está nervioso con lo de los brotes verdes de que ha hablado una Ministra. Que ya sabe que esa señora es gallega y que quiere dejar claro que a él, los gallegos le caen bien.

 

Lo que pasa es que dice que la Ministra ha copiado lo que dijo hace poco Bernanke, el Presidente de la Reserva Federal americana, que fue a quien se le ocurrió lo de los brotes verdes, como se le podía haber ocurrido cualquier otra cosa.

 

Le digo que lo de los brotes verdes es lo de la luz de una velica al final del túnel y que me gusta más porque es más poético y, además, se evita que haya malintencionados que pregunten eso de que si la luz es de una velica o de un tren que viene en dirección contraria.

 

Desayunamos. Los desayunos en Barcelona son distintos de los de San Quirico. El vino es menos peleón, lo que va bien para trabajar después, el jamón del bocadillo no es ibérico y las servilletas son de tela. Pero el ambiente es muy agradable, saludas a mucha gente y te encuentras muy cómodo. A Juan le coge cerca de casa y así puede ir andando. Yo voy en coche y como resulta que el señor del parking es profesor mercantil, nos enrollamos y lo pasamos bien.

 

Juan dice que no puede ser que cada día tengamos que mirar un nuevo brote verde y, además, de un campo que no es el nuestro. Dice, por ejemplo:

 

1. Que se alegra mucho de que los Bancos americanos hayan pasado el test y que resulte que no necesitan tanto dinero como se temía.

 

2. Luego dice que alguna trampa han debido hacer. Pero es que Juan siempre ha sido un hombre tan listo y tan íntegro que, de vez en cuando, piensa que alguien hace lo que no debe.

 

3. Dice que se alegra de que se vendan coches en Alemania, porque así nos comprarán los que fabricamos.

 

4. Dice que se alegra de que suba la Bolsa, aunque no sabe por qué teme que va a bajar otra vez.

 

5. Que también se alegra de que el BCE baje los tipos de interés, aunque luego haya inflación.

 

6. Y que le gusta que Obama y Castro no se insulten y que, quizá, en un pequeño descuido, hasta se lancen algún piropo sin importancia.

 

Que todo eso le gusta, porque son buenas noticias.

 

Pero que hay una cosa que no le gusta en absoluto: el número de parados que hay en España, que hace una semana eran 4 millones y ahora son 300.000 menos, pero porque los cuentan de otro modo.

 

Juan, que es muy obediente a lo que le digo yo (¡será buena persona!), lee todos los días, según mi recomendación, un periódico generalista (siempre el mismo) y otro económico (siempre el mismo). (Aunque soy muy amigo del Director del periódico económico que leo, hoy no le hago publicidad, porque me parece que éste no es el sitio adecuado.)

 

Y Juan dice que sí, que me seguirá obedeciendo, pero a su aire. Que ha decidido que el único brote verde que va a admitir es el número de parados. Y para eso:

 

1. Quiere que le digan el número exacto de parados cada mes.

 

2. Que le da lo mismo el método que utilicen, con tal de que no lo cambien mientras se juega el partido. (A Juan le gustan mucho las metáforas y dice que un partido de fútbol se juega con los pies y que no puede ser que en el segundo tiempo se convierta en un partido de balonmano).

 

3. Que quiere que le den la cifra absoluta, o sea, que no le digan “unos cuatro millones”, sino tres millones setecientas doce mil quinientas diecinueve personas, por ejemplo.

 

4. Que no quiere que le comparen esa cifra con lo que ocurrió hace dos años, o hace seis meses un jueves por la tarde, para demostrar cosas que son indemostrables.

 

5. Que la prueba de que son indemostrables y, además inútiles, son las frases con las que algún Ministro presenta las cifras. Eso de que se detecta una contracción en la destrucción de empleo  le suena a un trabalenguas que decía un tíos suyo y que era más o menos así: “Por medio del mecanismo que cierra el aparato, Barrabás sale al escenario y se mete con la madre del que le ha tirado un tomate”.

 

Juan ha inventado EL INDICADOR. Dice que no quiere otro. Que el mes en que hayamos pasado de tres millones…quinientos diecinueve a tres millones…quinientos dieciocho, dirá: “¡¡Ya hay un brote verde!!”

 

Porque eso querrá decir:

 

1. Que un empresario ha contratado a una persona.

 

2. Que lo ha hecho porque tiene trabajo para esa persona.

 

3. Que una entidad financiera, le ha dado un crédito pequeño, pero suficiente para poder seguir trabajando.

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